"¿Os imagináis un mural de Miquel Barceló anunciando Ametller Origen?"

Carlota Gurt ofrece una ruta de seis microconferencias sobre arte y comercio en el Barrio Gótico de Barcelona

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Carlota Gurt hace una ruta por el Gótico dentro del ciclo Escaparates Artísticos.
22/10/2026 - 07:04 h

BarcelonaLa escritora Carlota Gurt vestida de pequeño demonio boxeador plantada sobre un taburete. Toca una campanilla para detener a los guiris y viandantes y nos explica que hará 6 conferencias de 6 minutos en 6 puntos del barrio Gótico. "¿Es casualidad que sea el número del demonio?". Evidentemente, no. Gurt pone su talento literario al servicio de los trabajos alimenticios que tiene que hacer, pero también su capacidad crítica; va todo en el mismo paquete. La ruta que nos ofrecerá este miércoles forma parte del ciclo Aparadors Artístics, un proyecto impulsado por la revista Hänsel* y Gretel* para esparcir el arte por los comercios (los comercios decentes que quedan) de esta zona ultraturistificada.

Lo ha titulado La falòrnia, que hace referencia a una idea errónea, porque lo que hará ella es explicarnos por qué "los comerciantes no son los primos de satanás como nos han querido hacer creer, de Balzac a Thomas Mann, de la Biblia a Disney", sino que han sido, históricamente, descubridores, mecenas y aliados de algunos de los mejores artistas de la historia. Como decía Santiago Rusiñol en L’auca del senyor Esteve, "ni los artistas son santos ni los comerciantes son personas obtusas insensibles cegadas por la avaricia". Que ahora haya quien despache tangas e imanes de penes en la calle Ferran es solo un resbalón que la historia no consignará (pero la prensa sí).

La primera parada es en la Sala Parés, en la calle Petritxol, donde se forma un pequeño tapón que no es para comprar chocolate a la taza. Gurt nos explica, por ejemplo, que la primera galería de España promovió exposiciones de cartelerismo modernista, una disciplina que permitió ganarse la vida a personalidades como Alexandre de Riquer (un mercenario profesional, como viudo con nueve hijos) y que llevó el arte a pie de calle. Sin ir más lejos, el concurso para diseñar la publicidad de Anís del Mono lo ganó Ramon Casas y todavía se puede ver en la fachada del Colmado Múrria. "¿Os imagináis un mural de Miquel Barceló anunciando Ametller Origen o Banksy en la persiana de la última mercería de Barcelona?".

La ruta sale de la Sala Parés.
Carlota Gurt en la plaza del Pi.

Una pareja de municipales sigue el periplo de la autora, y es digno de una comedia de situación, porque dudo de si la protegen o la controlan. Se ve que es por si hay problemas de tráfico. En el séquito viene el escritor Melcior Comes, también los instigadores del acto, Llucià Homs y Fèlix Riera, y viandantes. En la plaza de San Felipe Neri hay niños de la escuela y en la plaza de la Cucurulla están los perennes comensales de helado. Aquí el demonio aprovecha para destacar la fealdad especial de este cruce entregado "a los gustos del turismo al cual nos sometemos de manera abyecta", dice antes de señalar la rotulación infecta de cada comercio con el altavoz activado, cosa que me hace sufrir. Se nota que Gurt tiene un monólogo en gira porque tiene dotes interpretativas y memoria, y lo hace ameno y entretenido. Le veo mercado, si lo programan una vez al mes.

Datos que no sabía. La cuchillería de la plaza del Pi está en los bajos del antiguo gremio de los revendedores, o sea, de los comerciantes, que pagaron los esgrafiados barrocos de la fachada, considerados los más antiguos de la ciudad, del XVIII. La Flandes del siglo XV fue clave para crear un mercado del arte y emancipar a los artistas de los encargos y sus financiadores. Y lo mejor: en 1878 Gaudí diseñó una vitrina para la guantería Comella que se llegó a mostrar en la Expo de París. Allí ganó un premio y, sobre todo, atrajo la atención de un asombrado Eusebi Güell, y suponemos que así nació el gran genio... que hoy vuelca hordas de turistas en el paseo de Gracia. Los efectos del arte también son imprevisibles. Por eso el recorrido termina en la Librería Sant Jordi, una obra de arte arquitectónica convertida en un espacio cultural irreductible en un entorno lobotomizado, y lo hace con una conclusión de Carlota Gurt que explica la simbiosis inseparable entre arte y comercio: "Si los comerciantes son el demonio, los artistas son satanás".

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