John Berger: escribir con los ojos, mirar con la prosa
Los textos heterogéneos de 'Confabulacions' constatan el bagaje y el dominio literario del autor
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ENG
- Traducción: Martí Sales
- Arcàdia
- 97 páginas. 22 euros
John Berger (Londres, 1926-Antony, Francia, 2017) es uno de aquellos intelectuales del siglo XX que hoy parecen imposibles. Combativo y erudito, marxista férreo con un gusto artístico refinadísimo, políticamente militante e intelectualmente sofisticado, selecto y popular, Berger consiguió, igual que un colega coetáneo suyo también crítico de arte, Robert Hughes, una proeza actualmente inconcebible: rodearse de una aureola de fama sin vender el rigor ni dilapidar el prestigio ni dejarse adulterar las ideas y alterar las prioridades. Tanto Berger como Hughes alcanzaron la fama gracias a dos hitos culturales de la televisión, Ways of Seeing (1972) y The Shock of the New (1980), respectivamente, que hicieron llegar las artes plásticas al gran público de una manera didáctica pero, a la vez, seria y experta. Lo que importa, en todo caso, es que, más allá de la gloria televisiva, ni Berger ni Hughes dejaron nunca de hacer sobre todo lo que para ellos eran las tareas principales: mirar, pensar, escribir. Es en parte por eso que todo lo que escribieron todavía ahora nos resulta como mínimo interesante.
La relación del autor con el lenguaje
La mayoría de los textos de Berger reunidos en Confabulaciones, publicados ahora en traducción castellana de Martí Sales en la imprescindible editorial Arcàdia, son breves, de tono menor y se despliegan mediante una estructura errática o imprevisible, que va dando saltos de aquí para allá y que no sigue el curso de un razonamiento con el fin de exponer una tesis sino que se deja guiar por asociaciones, correspondencias, intuiciones, pulsiones verbales. A momentos desconcierta, pero es parte del encanto del libro, que tiene como núcleo temático y expresivo la relación del autor con el lenguaje: “Para mí escribir ha sido una actividad vital: me ayuda a encontrar el sentido de las cosas y continuar”. Además, Berger tiene un bagaje tan colosal (sabe de política, de arte, de literatura, y arrastra mucha vida vivida) y tiene un dominio literario tan versátil y consistente (escribió narrativa, poesía, teatro, guiones, ensayo, periodismo) que en el momento más inesperado es capaz de sacarse de la manga unos ases formidables, como cuando compara una fotografía de Charlie Chaplin de viejo con el último autorretrato de Rembrandt.
Escritos en el tramo final de su vida, los textos de Confabulaciones se caracterizan sobre todo por su heterogeneidad: hay una carta un poco cursi dirigida a Rosa Luxemburgo, hay una reivindicación breve y de aires camusianos del antigregarismo y del no sometimiento a las jerarquías, hay comentarios sobre la actualidad sociopolítica (las inevitables llamaradas furiosas de Berger contra “el orden global totalitario del capitalismo especulativo financiero”), hay visitas a los talleres de amigos artistas, hay descripciones de obras de arte, hay una reflexión entre lírica y filosófica sobre la naturaleza de las canciones, hay referencias a nombres tan dispares como Johnny Cash, Nicolas Poussin, García Lorca y Antonello da Messina... Y hay un texto excelente, Et in arcadia ego, en el que Berger evoca su relación con un pintor amigo escandinavo demostrando su talento como escritor plástico, figurativamente preciso y cromáticamente enérgico. El libro se complementa con una serie de dibujitos delicados del propio Berger que no enriquecen mucho el texto pero embellecen la edición.