Noticias del lado oscuro de la fuerza

En 'La Ilustración oscura', Arnaud Miranda pone el foco en la constelación de autores que desde diversos rincones de internet, entre el onanismo y la intertextualidad, han ido creando el caldo de cultivo del creciente pensamiento neoreaccionario

2 min
Elon Musk y Donald Trump, en el despacho oval de la Casa Blanca, en una imagen de archivo
29/09/2026 - 00:00 h
Traducción CAST automática
  • CAT
  • ENG
  • Arnaud Miranda
  • Edicions 62 / Taurus
  • Traducción de Mireia Alegre
  • 188 páginas / 19,90 euros

Ya fuera en las películas de espías como en las del agente 007, en las de aventuras al estilo de Indiana Jones o en las de superhéroes de la factoría Marvel, el mejor sensor de la calidad del entretenimiento venía dado por la figura del antagonista. Ya fuera un megalómano multimillonario creador de un arma total, un nazi coleccionador de parafilias y tesoros o un mutante de cerebro trastornado y poderes increíbles, si el personaje que debía dar la réplica no estaba a la altura del héroe, la diversión y la tensión se diluían. Evidentment, todos entendíamos que aquellos enemigos eran exageraciones imposibles y, sobre todo, nos lo mirábamos desde la tranquilidad de saber que al final serían derrotados.Leyendo al politólogo francés Arnaud Miranda (Clermont-Ferrand, 1997), uno no sabe qué le asusta más: si descubrir que aquellas némesis desvencijadas quizás no son tan irreales, o si tener la sensación de que esta vez no necesariamente serán vencidos o, al menos, no de forma completa. Porque La Ilustración oscura pone el foco en la constelación de autores que desde diversos rincones de internet, entre el onanismo y la intertextualidad, han ido creando el caldo de cultivo del creciente pensamiento neoreaccionario.La cartografía planteada por Miranda nos revela la diversidad de un movimiento que se situaría entre los polos marcados por los dos nombres más reconocibles: Curtis Yarvin (Brooklyn, 1973) y Nick Land (Sutton Coldfield, 1962). Sus propuestas convergen en diversas filias y, sobre todo, numerosas fobias. Así, comparten la voluntad de destruir la democracia y el sistema liberal identificados como castradores de la singularidad, de la tecnofilia y de la hipermasculinidad (no es casual ni la ausencia de mujeres, ni el deje misógino de sus escritos). Este desmontaje pasa por un ataque implacable contra el Estado, contra la prensa y contra el conocimiento, de la mano del despido de funcionarios, de la subversión de los hechos y del desprestigio de las universidades.Contra todo pronóstico, estas elucubraciones marginales pasaron repentinamente a nutrir la primera línea política fruto de una triple carambola. La crisis del sistema liberal se sincronizó con el apoyo del músculo financiero de magnates como Peter Thiel y Marc Andreessen –más que simples compañeros de viaje— y el fenómeno del segundo mandato de Donald Trump. Abducido el Partido Republicano, ahora se busca la transformación global: de la Argentina de Milei a una Europa que se querría abandonada a las ambiciones rusas y así abocada a los ideales neoreaccionarios.Aunque Miranda se cura en salud respecto del futuro, quizá haya dos elementos para la esperanza. El primero ya lo recoge el mismo libro, cuando señala la precariedad del equilibrio de fuerzas entre el tradicionalismo encarado por el vicepresidente J.D. Vance, el tecnofuturismo de Elon Musk y el nacionalpopulismo de Steve Bannon. De hecho, la estabilidad ya ha saltado por los aires durante el mandato de Trump y parece difícil que nadie más pueda recrearla. Con respecto a la segunda, la consistencia de la naciente contestación tendrá su prueba de fuego en las elecciones midterm estadounidenses de noviembre. Será una nueva ocasión para entender que la democracia ni viene dada, ni está garantizada, ni puede defenderse sola.

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