Richard Ford: "Con la edad vas ganando sabiduría, pero hay un momento que la empiezas a perder"
El escritor norteamericano vuelve a Barcelona para presentar el libro 'En palabras sencillas' en el CCCB
BarcelonaLa realidad insiste en hacer cambiar de planes al novelista Richard Ford (Jackson, 1944). Si hace un par de años, coincidiendo con la publicación del quinto y último libro protagonizado por Frank Bascombe, Be mine (2023; Sé mía en la traducción al castellano publicada por Anagrama), insinuaba que dejaba de escribir, está en Barcelona presentando novedad, How I got on (2026; En palabras sencillas en castellano a Feltrinelli), un ensayo de un centenar de páginas que parte de una pregunta estimulante: ¿cómo podemos vivir decentemente en un mundo en que la política tiende a ser deshonesta?
También entonces, con la boca pequeña y cruzando los dedos, Ford deseaba que Donald Trump no volviera a la Casa Blanca, y acabó ganando las últimas elecciones a la presidencia de los Estados Unidos. "A Trump le da miedo la vida intelectual –ha dicho este martes en el CCCB, horas antes de pronunciar una conferencia–. Hace unos meses leía una biografía de Stalin donde explicaba cómo hizo matar a un montón de poetas y profesores. Por suerte no creo que esto pueda llegar a pasar en los Estados Unidos. Hay que plantar cara a Trump con tanta determinación como podamos". La manera como lo hace Ford es a través de la escritura. "El punto de partida de este nuevo libro arrancó, en realidad, hace 25 años, cuando un amigo me preguntó si lo que yo escribía era realismo socialista –hace memoria–. Mi primera respuesta fue un no contundente, pero después, gracias a comentarios que me fueron haciendo los lectores, le fui dando vueltas y llegué a la conclusión de que sí, que mis novelas tenían una dimensión política, y que en lugar de negarla debía fortalecerla".
Una segunda oportunidad
Como para Ford "la política flota en la vida cotidiana", los personajes de novelas como The lay of the land (2006; Acción de gracias en catalán en Empúries) y Canadà (2012; en catalán en Empúries), están a menudo marcados por el contexto en el que viven. "Desde que soy consciente de esta dimensión, los libros que he escrito son mejores y más interesantes", comenta. Aunque probó suerte como novelista con A piece of my heart (1976) y The ultimate good luck (1981), Richard Ford dejó temporalmente la literatura para dedicarse al periodismo deportivo. Dos hechos inesperados lo invitaron a escribir una tercera y última novela: "Primero, cerró la revista donde escribía. Después, mi mujer, con la que llevamos juntos desde los 19 años, me recomendó que volviera a escribir –recuerda–. Le hice caso. No creo que tuviera alternativa: lo que habría sido normal es que me dijera que me buscara un trabajo mejor, no que hiciera otra novela". Gracias a El cronista de deportes (1986; Columna) la trayectoria de Ford se elevó y, desde entonces ha publicado una docena de libros más. "Es mejor depender del azar que del destino –afirma–. Crecí como presbiteriano y me enseñaron que todo estaba predeterminado, pero la vida me ha demostrado que no es así".
"Si no eres John Keats, que sabes mostrar un gran talento muy pronto y mueres a los 25 años, libro a libro vas mejorando –asegura Ford–. Con la edad vas ganando sabiduría, pero hay un momento que la empiezas a perder". Hay que darse cuenta del inicio de la decadencia, dice, y es por eso que Ford se reserva "el derecho de pararse" cuando le apetezca. "Tarde o temprano todos tenemos que colgar –continúa–. Después de publicar Sé mía creía que había llegado este momento. Pensé que dejaba la ficción y que a partir de entonces me dedicaría a escribir algún artículo más en la prensa hablando de política americana, un tema que nunca deja de estar de actualidad".
Además del encargo de Feltrinelli de preparar la conferencia que ha ido creciendo hasta convertirse en el volumen En palabras sencillas, Ford ha encontrado una nueva historia en la que ya trabaja. “Todo comenzó cuando un buen amigo optó por el suicidio asistido –dice–. Reunió a la familia antes de morir para despedirse de ella. Pensé que si yo eligiera esta forma de morir me gustaría invitar a la familia, pero también a los amigos, como si fuera una fiesta. Me pareció que tenía el inicio de una novela cómica”. Ford anotó la idea en una libreta que siempre le acompaña, por si le apetecía ir construyendo el personaje y su periplo vital. A estas alturas ya sabe que el protagonista de Never better será profesor universitario –“Una de las épocas más divertidas de mi vida fue cuando daba clases en Columbia”, admite– y que la novela no superará las 200 páginas. “Cuando veo que otros colegas también están publicando novelas breves pienso que voy por buen camino –dice–. No necesitamos ningún Moby Dick más”.