México, a la viuda de Companys: "Su nombre será un símbolo en la historia de la democracia"

Una carta inédita revela el pésame oficial de la diplomacia mexicana a Carme Ballester tres semanas después del fusilamiento del presidente en Montjuïc

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Compañeros el día que fue detenido
15/10/2026 - 09:50 h

BarcelonaEl 15 de octubre de 1940, a las seis y media de la mañana, en el foso de Santa Eulalia un piquete de fusilamiento mató al presidente Lluís Companys. El 8 de noviembre de 1940, tres semanas después del asesinato de Companys por orden del general Franco, el gobierno de la República de México hizo llegar a su viuda, Carme Ballester, su sentido pésame. Lo demuestra una carta hasta ahora inédita, que este jueves publica la Associació Memòria i Història de Manresa. En la misiva, el secretario de la legación mexicana en París, Bernardo Reyes, le expresaba un mensaje de solidaridad y de reconocimiento:

"Por instrucciones del ministro de México y en nombre propio, cumplo con el deber de expresar a usted y a su distinguida familia mi más sentido pésame por la irreparable pérdida que acaba de sufrir con la muerte de su ilustre esposo. El nombre de Companys será un símbolo en la historia de la democracia, y tenemos la absoluta seguridad de que su sacrificio no habrá sido inútil. Aprovecho esta oportunidad para presentarle toda mi consideración y mi más profundo respeto", se puede leer en la carta.

Este gesto diplomático no era un hecho aislado. Bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas, México dio siempre apoyo a la causa republicana. Tras la derrota ante los golpistas, el país americano acogió a miles de refugiados que habían sido encerrados en los campos de concentración franceses a partir de 1939. México no solo ofreció asilo, sino que financió pasajes transatlánticos que permitieron salvar la vida a buena parte de la intelectualidad y de la clase política catalana.

Lluís Companys no pudo beneficiarse de aquella protección. Seis agentes detuvieron al presidente en La Baule (en la zona ocupada por los alemanes de la Bretaña), donde vivía exiliado, el 13 de agosto de 1940. Fue testigo su mujer, Carme Ballester. Dos de los hombres iban vestidos de civiles y cuatro con uniforme de soldado alemán. Según relató Ballester, entraron con las metralletas en la mano y lo revolvieron todo buscando dinero. Dentro de un cajón localizaron 70.000 francos. “Entonces ya empezaron a estar contentos con el hallazgo, acto seguido se lo pusieron en el bolsillo, también se llevaron todos los documentos que encontraron”, explicaba Ballester en una carta que el historiador Joaquim Aloy localizó en el Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam. El personaje clave en la detención de Companys fue el policía franquista Pedro Urraca, que vigilaba a Companys desde su llegada a París y tenía la complicidad de los colaboracionistas franceses.

Lo trasladaron a la prisión parisina de la Santé y lo entregaron posteriormente a las autoridades franquistas, que lo sometieron a un consejo de guerra sumarísimo antes de fusilarlo. Francesc Ballester, sobrino de Carme Ballester, también fue detenido. La República Mexicana comunicó a Carme Ballester en una segunda carta que le concedía un subsidio de 5.000 francos mensuales, con efectos retroactivos desde el 15 de octubre, fecha del fusilamiento de su marido. "Agradecida por su carta y por el afecto a mi marido mártir. Ya pueden comprender cuán grande es mi dolor y mi desesperación", contestó la viuda del presidente.

La soledad de la viuda

Ballester pedía la intervención diplomática mexicana para conseguir la liberación de su sobrino Francesc Ballester, encarcelado en la Santé, y facilitar su traslado a México, cosa que consiguió. El subsidio mensual mexicano a Carme Ballester se mantuvo, parece ser, hasta la ruptura de relaciones diplomáticas entre México y el régimen de Vichy en noviembre de 1942. Después, con el tiempo, se quedó sola y durante años malvivió, enferma y sin recursos, en París. Sobrevivió haciendo trabajos para una modista –la utilizaba para atraer clientela presentándola como la viuda de Companys– y limpiando casas. Aun así, cuidó al hijo de Companys, enfermo de esquizofrenia. Se movilizó e hizo todo lo que pudo para conseguir recursos para que Lluïset recibiera las atenciones necesarias en el sanatorio. Le quería y había prometido a Companys que no le dejaría solo, como recoge el historiador Oriol Dueñas en la biografía de Ballester.

La carta que el gobierno mexicano escribió a la viuda de Companys, Carme Ballester.
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