Emoción hasta las lágrimas con lo que hacen Judit Nedderman y el Trío Fortuny
El proyecto ‘Vora’ lleva el cancionero tradicional a la música de cámara y Arnau Tordera versionea la habanera en la Fira Mediterrània de Manresa
Barcelona"Si estas canciones han llegado hasta hoy es porque son temazos", sentenciaba Marc Heredia, compositor y pianista del Trio Fortuny. De acuerdo, son temazos. Pero lo que ha hecho el trío de cámara con la voz de Judit Nedderman es la octava maravilla: han recuperado las canciones que más nos emocionan del mundo, las canciones tradicionales que nos cantaba de pequeños la madre o la abuela —las historias de L’Hereu Riera y de La filadora, las Muntanyes regalades y El mariner, composiciones que han rebuscado en el archivo del Càntut— y las han vuelto a reinterpretar desde la música de cámara, con nuevos arreglos y recomposiciones. El resultado es Vora, una joya que el año que viene tomará forma de disco, pero que ya es un espectáculo precioso y emocionante, delicado y a la vez poderoso, estrenado el sábado por la noche en el Kursaal, en uno de los clímax de la Fira Mediterrània de Manresa, que les ha apoyado como coproductores desde su Obrador d’Arrel.
El gesto que hacen con Vora es como el de coger un tapiz —un tejido sencillo, práctico, hecho a mano y de un tramado particular en cada lugar donde es tradición—, es decir, coger aquello que es del pueblo y colgarlo como una pieza de museo, ensalzar la calidad que tienen estas composiciones que han atravesado el tiempo y las generaciones. El excepcional Trio Fortuny (Joel Bardolet, Pau Codina, Marc Heredia) juegan con las cuerdas cuando la madrina va a la fuente a buscar un cántaro de agua y se encuentra al hijo del molinero, cabalgan salvajemente por una canción de pandereta de la Palma d’Ebre, nos arropan con ternura en La mare y convierten la balada de El mariner en una epopeya épica que podría bailar (La)Horde. Como decía Nedderman en el concierto, refiriéndose al Canigó que le señalaba su abuela desde Molló, sin duda "cantar nos hace querer más las cosas".
Uno de los temas que cantaron es La barca xica, una habanera que una hora antes habíamos oído en el Teatre del Conservatori con otro registro y voz, la de Arnau Tordera. Su nuevo espectáculo, Sirènia, hace un ejercicio similar: el músico de Osona ha puesto un nuevo traje a un repertorio de habaneras, ha escrito nuevos arreglos —con armonías marca de la casa—, subrayando la potencia romántica de las letras y el refinamiento de las melodías. "Todos estos elementos me generaban una atracción irrefrenable", nos decía el músico antes del estreno.
Ataviado con camiseta de rayas, barretina y abarcas, Tordera canta y toca la guitarra, acompañado de las voces de Clara Renom y Glòria Figuerola. La selección de temas pasa por clásicos de Ortega Monasterio, la pareja Pérez Cruz y hasta el Mariner de terra endins de Josep Bastons. Y también incluye temas propios: el más antiguo es Com la salal marde Obeses, una composición de hace catorce años, y la chispa que originó este espectáculo, que se titula Una barqueta blanca. Tordera, con su pose teatral y una escenografía marina, ofrece al público una aproximación inesperada y militante a la habanera —ni clásicos de Fiesta Mayor, ni apuesta modernizadora: el hilo conductor es "la belleza, no existe el universo testosterónico", resumía— que acaba con la apoteósica Gavina de Frederic Sirés.
No reivindicar: disfrutar
Tanto los músicos de Vora como Arnau Tordera aseguran que la intención de sus nuevos proyectos no nace de la voluntad de reivindicar el patrimonio catalán sino de la pura fascinación por esta música, a menudo alejada de sus géneros habituales. "Más que el hecho de que no se pierda, es que me inspira cantar este repertorio y, de rebote, hacemos que la tradición continúe viva", explicaba Nedderman. Y también de rebote hará que las madres las volvamos a cantar a los hijos. Para ellos el proyecto combinaba el reto musical y la conexión emocional. "Al fin y al cabo, la música tradicional está ligada con todas las demás músicas: la música de cámara es música de proximidad. Y dentro de la música clásica existe tradición de rearranjar estas canciones, el mismo Frederic Mompou lo hizo", decían Codina y Heredia. "Tenemos un patrimonio que es valioso artísticamente. Y que este legado suene en directo, se relea desde la contemporaneidad y siga emocionando a la gente, implícitamente es un gesto político", afirmaba Arnau Tordera.