Música

Eric Clapton cocina el blues a fuego lento y con energía en el Palau Sant Jordi

El guitarrista británico ofrece un concierto a la altura de la leyenda con las entradas agotadas

Eric Clapton

  • Palacio Sant Jordi. 10 de mayo de 2026

[La fotografía que acompaña esta crónica la ha facilitado la promotora Live Nation sin especificar a qué concierto de la gira corresponde. Eric Clapton no acredita fotoperiodistas de prensa en esta gira]

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La ovación de bienvenida fue bastante elocuente: había ganas de Eric Clapton, que hacía 22 años que no actuaba en Barcelona. Y el domingo, en un Palau Sant Jordi con las entradas agotadas, el guitarrista británico, de 81 años, hizo lo mejor que se espera de una leyenda: respetar el legado con solvencia y elegancia cocinando el blues a fuego lento pero con energía. Lo dejó claro enseguida con un par de solos eléctricos, uno en Badge, la repesca de los días del trío Cream con que abre los conciertos de esta gira, y otro en Key to the highway, la versión del bluesman Charles Segar. Justo después dialogó con el guitarrista zurdo Doyle Bramhall II en I’m your hoochie coochie man, el clásico de Willie Dixon que Clapton remató con la memoria de los dedos trabajando en el mástil de la guitarra. La versión de I shot the sheriff, de Bob Marley, que tan bien le sienta a la mano lenta de Clapton, cerró un primer bloque eléctrico, siempre con la notable aportación de una banda de siete músicos, incluidas dos coristas, Katie Kissoon y Sharon White, que asumieron bastante protagonismo a lo largo del concierto.

La gira prioriza la leyenda y la música, con una sonoridad notable, sobre todo cuando hablan las guitarras, y el público lo agradeció con silencio cuando tocaba y ovaciones cuando acababan las canciones, o cantando algunos estribillos, como el de Layla. La puesta en escena de la gira es austera, en el sentido de que no hay ningún elemento extramusical, a excepción de las pantallas. La austeridad, por cierto, no empapa el precio de las entradas: de 119 y 181,50 euros en pista.

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El solo final de I shot the sheriff, de mano lenta, sí, pero todavía bastante feroz y amplificado por el despliegue del batería Sonny Emory, dio paso a una parte acústica. Clapton, sentado, hizo una emocionante versión de Robert Johnson, Kind hearted woman blues, y otra de Jimmy Cox, Nodoby knows you when you’re down and out, blues centenarios que el Sant Jordi acompañó aplaudiendo. Era Clapton recordando a los maestros que lo hicieron ser como es y enlazando esa herencia con temas propios como Golden ring y una Layla que interpretó con pausa siguiendo el ritmo del contrabajo de Nathan East. El lamento de Tears in heaven, la balada que compuso a raíz de la muerte del hijo de cuatro años en 1991, la cantó sin aspavientos dramáticos, quizás con demasiada distancia incluso, pero el público lo recompensó con un aplauso bien largo.

El veneno de Robert Johnson

Otra versión de Robert Johnson, la fundacional Cross road blues, pero esta vez con la guitarra eléctrica, fue uno de los mejores momentos del tramo final. Era Clapton disparando los versos con convicción mientras la banda crecía compás a compás y añadiendo solos en una rueda que podría durar horas y que enlazó invocando más veneno de Robert Johnson: Little queen of spades, bien jugada en el diálogo con el piano de Chris Stainton y con el órgano de Tim Carmon.

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No se trataba de romper expectativas, sino de cumplirlas haciendo lo que se esperaba. Por ejemplo, tocar Cocaine, el tema de JJ Cale que Clapton convirtió en un blues-swing de éxito y que tan pronto fue una apología del consumo de cocaína como todo lo contrario (cuando Clapton añadió "dirty cocaine" en medio del estribillo). Ahora, tocada antes del bis, básicamente provoca un goce musical, como si la letra importara poco o nada, sobre todo porque lo que cuenta es el lucimiento de toda la banda, junta y por separado.

Clapton, que en ningún momento se dirigió al público, cerró casi una hora y media de concierto con otra versión, Before you accuse me, de Bo Diddley. Las luces abiertas del Palau Sant Jordi mostraban la satisfacción del público, que aplaudía quién sabe si el último concierto de Eric Clapton en Barcelona. En cualquier caso, un buen recuerdo que deja una leyenda.