Aquello que podría haber sido...
La Budapest Festival Orchestra se queda a medias en el concierto dedicado a Schumann y Wagner en el Palau de la Música
Orquesta Festival de Budapest
- Palau de la Música. 27 de mayo de 2026.
Robert Schumann y Richard Wagner tenían muchas cosas en común y muchos puntos convergentes entre ellos. Pero también muchos divergentes. Unirlos con el río Rin como nexo común es una buena idea, porque el cuchillo fluvial que corta buena parte de Alemania fue el motivo primigenio de la tercera (cronológicamente cuarta y última) sinfonía de Schumann, mientras que Wagner inicia el ciclo El anillo del nibelungo con un prólogo (Das Rheingold), la primera escena del cual transcurre precisamente al fondo del citado río. En el caso del concierto en el Palau de la Música, sin embargo, fue la escena final de la primera jornada (Die Walküre) la que ocupó la segunda parte.Sin embargo, y lamentablemente, lo que podría haber sido una fiesta esplendorosa de final de temporada de Palau 100 se quedó a medias. Esperábamos mucho de una orquesta que ha dejado el listón muy alto en otros conciertos y grabaciones, con o sin la batuta de quien el miércoles ocupó el podio en el auditorio modernista: un Iván Fischer un poco desaliñado, sin demasiadas ideas y que condujo una Renana de inicio incierto y de final sin pena ni gloria. Y la peculiar disposición de la cuerda (violines primeros y violonchelos a la izquierda, violas y segundos violines a la derecha y contrabajos al fondo) no tuvo la envergadura imaginativa que muchos esperábamos al servicio de la magnífica sinfonía de Schumann.Y la segunda parte decepcionó por la voz leñosa de Hanno Müller-Brachmann, un cantante de volumen y proyección más que suficientes pero de colores cambiantes, de expresividad escasa y de autoridad nula en la piel de un Wotan que exige más rotundidad y presencia vocal. Suerte que la Brünnhilde de la soprano Ingela Brimberg tuvo el metal suficiente que la walkiria pide, en un final de acto que es un cóctel de sentimientos entre padre e hija antes de que ella acabe dormida en una roca rodeada de fuego.Tampoco aquí la orquesta pareció demasiado implicada en cuanto a la narratividad y la teatralidad, a pesar del buen nivel de las diferentes secciones (especialmente la cuerda aterciopelada y el metal contundente), pero sin que la dirección de Fischer aportara demasiado.Por cierto, se agradecería que una escena como esta, larga y densa, contase con el correspondiente sobretitulado, para que el texto de Wagner llegase a ser comprensible para todos. También para los wagnerianos que, en Barcelona, son legión.