El músico más comediante de la Ludwig Band estrena disco en solitario
Lluki Valverde debuta con el álbum 'A la catalana', diez temas de raíz rumbera sobre los sentimientos y las historias de la Barcelona cotidiana
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GeronaLa Ludwig Band es un pozo de creatividad. Todos sus integrantes son realmente talentosos, tienen un montón de inquietudes artísticas y siempre tienen algún proyecto entre manos. Sea del grupo, donde cada uno aporta lo suyo, o también en solitario. Es el caso de Lluc (o Lluki, según el nombre artístico) Valverde, saxofonista y teclista de la banda, nacido en Espolla (Alto Ampurdán), que hace tiempo que ha empezado a publicar algunos temas por su cuenta y ahora acaba de estrenar su primer álbum, titulado A la catalana (Primavera Labels). Son diez canciones, la mayoría de rumba catalana, rellenas de anécdotas, deseos y peripecias cotidianas en Barcelona, a medio camino entre la ironía, la amargura y el cachondeo. El álbum, concebido sobre todo para ser interpretado en directo, con una puesta en escena muy extravagante, se preestrenó en el Mercat de Música Viva de Vic y el 12 de noviembre llegará a la Sala Upload Barcelona.
"Ya estoy muy acostumbrado a sacar discos con la Ludwig, pero ahora me siento como un novato: me tengo que encargar de muchas cosas y he estado todo el verano nervioso por el preestreno en Vic. Quería dar mucho de mí", explica Lluki Valverde, que ha vivido el paso de encabezar un proyecto en solitario de manera muy progresiva y natural. No para replicar lo mismo que ya hace con la banda de Quim Carandell, sino para llevar su apuesta hasta sus últimas consecuencias y tomar más partido. "Desde antes de entrar a la Ludwig que escribía mis canciones, y ahora tenía ganas de enseñarlas, de hablar de cosas que a mí me importan y focalizar la energía en un proyecto pensado genuinamente tal como soy yo", continúa el músico.
Y el resultado es estimulante. Canciones que fluyen con una cadencia amable, partiendo siempre de la rumba catalana, pero también con referencias a la música de baile popular, la canción melódica, el cabaret o el teatro musical. Del espíritu festivo de Gato Pérez a la psicodelia de Pau Riba o Jaume Sisa, pasando por la inocencia ácida de Albert Pla.
"Me veo bastante como un cantautor de letras largas. He descubierto muchos estilos de música y muchos métodos de por aquí cerca, ibéricos, de música laietana, de Barcelona. Y tengo el pequeño orgullo de intentar hacer música a partir de esto, un poco aislada de las fórmulas yanquis del rock y el blues", comenta Valverde, que de adolescente se formó en el conservatorio, pero que con el tiempo ha sabido traspasar las normas de la música clásica para moverse con facilidad por los lenguajes modernos. Sobre el estilo rumbero, el músico añade: "No soy gitano, pero me apetece reivindicar el patrimonio nacional de la rumba catalana y, hacerlo más bien desde la cuerda de la Nova Cançó, que solo se utiliza cuando políticamente interesa, en eventos como los Juegos Olímpicos y nada más".
"Soy un cronista de allá donde voy, con gusto por la anécdota"
La rumba, además, es un punto de partida idóneo para explicar historias y Valverde, que también se ha formado en París en teatro y literatura, es un gran narrador. En el disco, habla de la noche barcelonesa y traza todo un mapa de las caminatas nocturnas por el Carmel, el Heliogàbal, las fiestas mayores de barrio, sindicatos, afters, reuniones contestatarias... "Por un lado, es música bastante sentimental, un poco cursi, y eso me gusta muchísimo: tratar el vasto abismo de los sentimientos. Y, por otro lado, hay mucha cosa que veo a mi alrededor. Una recopilación de historias durante mi vida. Y eso hace que, la verdad, ame mucho las historias. Como un cronista de allá donde voy, con gusto por la anécdota bien explicada", relata el compositor.
En son una buena muestra el tema El 248 del carrer Navas, balada fúnebre sobre el suicidio de dos vecinas desahuciadas. También la arenga rumbera de L’ambaixada dels sentiments o el himno de aires musicales kitsch que cierra el disco, titulado No vull tornar sol a casa.
Y todo ello toma dimensión en el directo, donde el músico se presenta maquillado, con ropa ceñida y unas alas de angelito, y da cuerda a su faceta de comediante. Valverde, de hecho, es el alma del Col·lectiu Pedant a Missa i Repicant, la compañía de la Ludwig Band que ya ha participado en seis obras de teatro musical y este año es residente de la Sala Beckett. Y en su proyecto da vía libre a esta vertiente escénica, con videoclips pasados de vueltas y una estética muy potente y original. A los conciertos y el estudio, le acompañan Gabriel Bosch (de la Ludwig Band), Joel Sánchez, Martí Escobedo y Lídia Facerías.