La sombra gigantesca de Pau Casals continúa siendo alargada y muy eficaz

El Palacio de la Música inaugura nueva temporada con la Orquesta Sinfónica del Vallés y el Orfeón Catalán

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El Orfeón Catalán y la Orquesta Sinfónica del Vallés durante el concierto de homenaje a Pau Casals en el Palacio de la Música.
28/09/2026 - 23:50 h
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  • Orfeó Català, Orquesta Sinfónica del Vallès (Xavier Puig, director), Pablo Ferrández, Quartet Casals, Mercè Sanchis, la Escolanía de Montserrat (Pau Jorquera, director), Marta Mathéu, Gemma Coma-Alabert, Roger Padullés y Ferran Albrich.

Lo hemos dicho en diversas ocasiones y ahora debemos volver a ello: hay conciertos que sobrepasan las convenciones y las fronteras de los mismos. Porque acaban convertidos en acontecimientos de primera categoría en materia cultural. Y la velada con la que el Palau de la Música inauguraba oficialmente su temporada fue uno de estos. Primero de todo hay que decir que esto fue así independientemente de la valoración artística que podamos hacer (y que haremos). Porque la centralidad de la figura de Pau Casals, en plena conmemoración del 150.º aniversario de su nacimiento (que tendrá lugar el 29 de diciembre), hace que la sombra del vendrellense universal siga siendo alargada y de gran eficacia para reunir a músicos y espectadores con ganas de disfrutar de música buena y bien hecha.La reciente polémica derivada del homenaje a Casals en el Congreso de los Diputados, con boicot incluido de Junts, no nos debe hacer olvidar la universalidad del autor de El pesebre, a pesar de aquella emotiva y sincera declaración de catalanidad, en 1971, en la sede de las Naciones Unidas. Porque Pau Casals va mucho más allá, como músico y como hombre, como artista y como ser humano comprometido con causas justas que traspasan lenguas y fronteras.Dicho esto, el oportuno concierto de la noche del lunes en el Palau de la Música estaba llamado a ser un acto de cultura y de civismo, con la música como protagonista.Las dos piezas de Casals de carácter religioso (Nigra sum y O vos omnes) tuvieron uno de los momentos más emotivos de la velada, por la calidad de las piezas y por la profunda espiritualidad que respiran. Por no hablar de la revisitación que Bernat Vivancos ha hecho de El cant dels ocells con un lenguaje que pivota entre el ayer y el hoy, con noble oficio por parte del músico catalán y con la voz violonchelista de Pablo Ferrández y la Escolanía de Montserrat.Uno de los máximos alicientes era escuchar el tramo final de la Novena sinfonía de Beethoven con la traducción al castellano de Joan Maragall. Tenía todo el sentido del mundo recordar aquel 18 de julio de 1936, en el que Casals se despedía para siempre del Palacio de la Música, de sus cantores y del país con aquel Canto de Alegría que daría paso a un periodo amargo de nuestra historia. Buen papel el del Orfeón Catalán con la Sinfónica del Vallés, aunque el texto sonó con algunas imprecisiones y con una comprensión parcial de las palabras traducidas por el poeta de Sant Gervasi. A las órdenes de Xavier Puig, la pieza tuvo momentos expresivamente intensos, aunque uno querría una lectura más profunda del emblemático movimiento. Bien conjuntado el equipo solista, formado por la soprano Marta Mathéu, la mezzosoprano Gemma Coma-Alabert, el tenor Roger Padullés y el barítono Ferran Albrich.Las sinuosidades de la primera Suite para violonchelo de J.S. Bach (redescubierta, con las otras cinco, por un Casals adolescente) tuvieron en manos de Pablo Ferrández la seguridad del trabajo bien hecho, cosa que también exhibieron los miembros del Cuarteto Casals al servicio del Quinteto para cuerdas en Do mayor, D. 956, op. post. 163 de Franz Schubert.Emotivo concierto, pues, más que por la calidad de las interpretaciones, por lo que representaba en relación con uno de nuestros grandes hombres más universales.

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