Música

Son "cuatro matados" que se dedican a hacer rock'n'roll

El grupo barcelonés Ypnosi publica el álbum 'Me sabe mal reír'

Barcelona"Cuando terminó el concierto, la policía nos dijo que teníamos que marcharnos inmediatamente, y empezamos a correr hacia el coche perseguidos por una horda gigante de gente. Arrancamos el coche y entonces nos dimos cuenta de que nos faltaba uno..." Podría ser una escena de una película de terror, pero es una de las Ypnosi, "cuatro matados que se dedican a hacer rock'n'roll", tal y como se describen Mateu Alonso (guitarra), Albert Aymar (voz), Pol Ortega (bajo) y Leo Suarez-Spanswick (batería), los cuatro nacidos en el 2002. "Somos los salvadores de de mucha gente", añade Aymar. Matados o no, pueden presumir de canciones como El atracador del pueblo, Siempre piensa en él y La historia.

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Cabe decir que, a la vista de otros, Ypnosi es un excitante cuarteto de rock, y teatral en el sentido de la contracultura underground, responsable de un par de álbumes: Amigos para siempre (2024) y Me sabe mal reír (¡Nieve!, 2025). Y contrariamente a lo que ocurrió en aquel concierto del que tuvieron que huir piernas ayúdame, suficiente gente disfruta con entusiasmo de sus directos. Ypnosi se sentirían cómodos compartiendo cartel con bandas y artistas como Minibús Intergaláctico, Paupiripau, Mujeres, Ruinosa y las Strippers de Rahola y Remei de Ca la Fresca, con los Surfing Sirles entre el público. Remueven referentes "más antiguos que modernos", como The Kinks, The Beatles, The Rolling Stones, The Beach Boys, The Stooges y Red Hot Chili Peppers ("Blood sugar sex magik es un buen disco de coche", recomiendan). Pero lo hacen con las maneras desgarradas propias del espíritu juvenil. "Nuestra generación quizás está disociada de la música de nuestros abuelos y de nuestros padres, y hay gente que cuando va a nuestros conciertos los percibe como una propuesta nueva, aunque realmente no estamos inventando nada nuevo. Pero como no han visto conciertos de rock hecho por gente de su generación, los reciben como algo que no sabían que existía", explican.

La clave, pues, es la edad del sujeto: "Ver cuatro abuelos con Harley Davidson tocando rock de los ochenta está muy visto. El cliché que queremos hacer desaparecer es que el rock es de viejos y de Harley Davidson", añaden, porque "el rock debe ser joven". "Justamente creo que nos gusta tanto ese rock de los años sesenta y setenta porque en ese momento era un rock joven hecho por jóvenes. Era la liberación máxima de los jóvenes. Esto nos hace conectar con ese espíritu", concluyen.

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Como en este caso, a menudo uno de los músicos comienza una frase, el otro la completa y otro estira el hilo para añadir referentes a la escudilla de Ypnosi, como The Smiths y The Cure (que son invocados en ¡Qué daño me hace) o Pau Riba, Sisa, Adrià Puntí, Quimi Portet y Albert Pla, un cinco ideal que dibuja una posible cartografía musical del disco Me sabe mal reír, lo primero que han hecho en catalán, porque "inevitablemente son los que han marcado los pasos" que intentan seguir, a su modo. Sin embargo, la convivencia de influencias es cordial, y "en este álbum también salen referentes de otros idiomas", porque "todo condiciona ya la vez nada condiciona a la hora de escribir".

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Una de las canciones más exitosas del disco es El atracador del pueblo, que arranca con un riff de guitarra stoniana y un recitado dylaniano y que va cogiendo ferocidad a medida que la letra explica los preparativos de un atraco: la cola para coger el tren que llevará al protagonista al banco de la ciudad, las palomas que hace volar pensando en las ganancias... y el retroceso ante uno. "Nos sentimos muy identificados con este giro de guión, porque tenemos muchas ideas alocadas, pero al final vemos que no son factibles. Quizás un 10% se acaban llevando a cabo", asegura Mateu Alonso. Sus compañeros están de acuerdo: "Somos atrevidos, pero de ese atrevimiento lo que se filtra es ese 10%. Hemos llegado a tener ideas gigantes que son demasiado rebuscadas, demasiado delirantes o demasiado provocativas para hacerlas en directo". Aun así, deunidó la alocada alegría que ponen en juego en los conciertos, aunque a veces no reciban la simpatía del público, como ocurrió en aquella actuación en la que tuvieron que ser escoltados por la...