Tocar el cielo en el Palacio
Raphaël Pichon y el Ensemble Pygmalion ofrecen uno de los mejores conciertos de la temporada
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- Palau de la Música. 4 de noviembre de 2026
Con el conjunto orquestral y coral Pygmalion, a Raphaël Pichon le gusta presentar programas heterogéneos buscando la unidad y sin pausas. Podía sorprender, pues, que el conjunto francés presentara en el Palau una velada con un primer bloque dedicado a la música sacra romántica germánica (Mendelssohn, Schubert, Bruckner) y un segundo con la Misa en do menor de Mozart, con el añadido (entre el Sanctus-Benedictus) del motete Ave verum del compositor de Salzburgo.
La paradoja estética quedó de lado porque coro, orquesta y solistas consiguieron algo muy difícil cuando se interpreta música sacra fuera de los templos: que la trascendencia se adueñara del Palau y permitiera a los espectadores –especialmente a quienes no tosían– tocar el cielo con las dos manos.
Aún quedan muchos conciertos para disfrutar hasta el final de la primavera, pero sin duda este será uno de los mejores de la temporada. Por el fondo y por la forma. Y es que Pichon tiene la capacidad de dirigir prodigiosamente a un conjunto de músicos integrales, hasta el logro de no pocos milagros artísticos: contrastes entre forte e piani sin merma en la afinación, perfectos acabados en los finales de las frases, ductilidad instrumental y creación de atmósferas entre místicas y sensuales, a lo largo de cien minutos de música ininterrumpida.
Fue una grata sorpresa descubrir la faceta sacra más intimista de Bruckner, de Mendelssohn y de Schubert al servicio de cánones, motetes y graduales, antes de dar paso a la catedral musical que es la misa de Mozart. Las expansiones contrapuntísticas del Cum Sancto Spiritu con que termina el Gloria, el enérgico inicio del Credo o el misterio sinuoso del inicio del Kyrie marcarán un antes y un después en quienes veneramos esta excelsa página sinfónico-coral del autor de Don Giovanni.
Pichon, además, entiende a la perfección el equilibrio entre la sacralidad y la teatralidad –de trasfondo operístico– de las arias que Mozart reserva a las dos voces femeninas, y aquí tuvimos otro plato fuerte, especialmente con la voz de una Sabine Devieilhe sencillamente maravillosa en el Christe inicial o en la cadencia conclusiva del Et incarnatus est. Excelente la mezzo Blandine de Sansal y buenas –aunque breves– las intervenciones del tenor Kieran Carrel y del barítono Christian Immler.