Un violín 'revive' gracias a una buscadora de instrumentos saqueados por los nazis

La investigadora Pascale Bernheim recupera en París un violín de 1905 de la casa Caressa & Français

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La violinista Sara Dayan en París con el violín que habían robado los nazis.
ARA
07/10/2026 - 19:03 h

BarcelonaCasi nueve décadas después de ser confiscado durante la ocupación alemana de Francia, un violín fabricado en 1905 por la casa Caressa & Français volverá a sonar este miércoles en París en una ceremonia de restitución a los descendientes de su propietario, gracias a la investigadora Pascale Bernheim y su larga búsqueda de instrumentos saqueados por los nazis.

"Y así, este miércoles, resucitará", explica a la agencia Efe Bernheim, la experta que durante años le ha seguido el rastro. Para ella, la restitución no significa únicamente recuperar un objeto expoliado, sino devolverle también su pasado.

El violín, identificado con el número de serie 152, lo habrían entregado con el premio del Conservatorio al joven violinista Eugène Choubry, que murió en el frente en 1917, con 21 años.

Posteriormente, lo conservó su hermana, casada con Eugène Gabriel Girondelot, notario en Vitry-le-François y coleccionista de instrumentos, que lo escondió para protegerlo de los nazis. Pero cuando las tropas alemanas ocuparon la localidad en el año 1940 se apoderaron del violín. "Se lo llevaban todo", subraya la investigadora.

El instrumento reapareció décadas después, cuando un anticuario lo llevó a una casa de subastas y el subastador comprobó que figuraba en un registro de bienes expoliados y detuvo la operación. "Me dijo: «¿Qué hago con este instrumento que está sobre mi escritorio? No quiero conservarlo toda la vida»", recuerda Bernheim.

Entonces, la asociación Musique et Spoliations (Música y Expolios), que Bernheim fundó en 2017, comenzó a reconstruir la historia del violín. Durante dos años, Bernheim se zambulló en los archivos de Caressa & Français conservados en el Museo de la Música de París y, además, recurrió a genealogistas.

Número de serie decisivo

"Todos los violines se parecen –explica Bernheim– muchas veces un violín solo existe como tal porque un experto lo ha autenticado". En este caso, recuerda, "el número de serie fue muy valioso para nosotros".

La investigación permitió identificar a seis descendientes, algunos de los cuales ni siquiera se conocían entre sí, por lo que "el descubrimiento de este instrumento y de este antepasado común conectó a personas", explica Bernheim.

El violín fue restaurado gracias a la colaboración de la casa del famoso lutier parisino Vatelot. La violinista Sarah Dayan lo tuvo entre las manos por primera vez pocos días antes de la restitución y Bernheim estuvo presente cuando empezó a tocarlo.

"Es exactamente como cuando descorchas una botella de un vino muy bueno y te dicen que hay que abrirla con antelación para que el vino se desarrolle", explica. "Con el sonido de un instrumento –dice también la experta– pasa exactamente lo mismo: hay que hacerlo sonar, hacerlo vibrar, y entonces se abre".

Hija de un anticuario y una escultora, Bernheim empezó a investigar estos instrumentos después de trabajar en el ámbito del arte y descubrir, al estudiar colecciones de obras expoliadas, que junto a los cuadros a menudo había instrumentos musicales. "No sabía nada de esto, es extraordinario, y cuando pregunté quién buscaba los instrumentos, me respondieron que, en realidad, no interesaban a nadie", dice Bernheim.

Desde entonces, Musique et Spoliations ha investigado pianos, violines, violonchelos, clarinetes y partituras. La asociación trabaja con archivos de fabricantes, museos, casas de subastas y genealogistas. La resolución del caso del Caressa & Français fue especialmente rápida gracias al número de serie y a los archivos que permitieron identificarlo con total seguridad. Por eso, Bernheim lo considera "casi un caso de manual".

Los seis herederos han decidido poner el violín a la venta en una subasta prevista para el 3 de diciembre. El importe se repartirá entre ellos y el anticuario que llevó el instrumento a la casa de subastas, el cual, según la investigación, desconocía su procedencia.

Un luthier del taller Vatelot de París restaurando el violín.

Para Bernheim, el objetivo va más allá de encontrar instrumentos desaparecidos. Cada vez que el trabajo de la asociación aparece en los medios, recibe nuevas pistas. Una le acaba de llegar esta semana y se refiere a un violín que un judío entregó a otra persona antes de ser detenido, y le pidió que lo conservara y se lo devolviera si regresaba. Nunca regresó.

Décadas después, la nieta del hombre que conservó el instrumento ha contactado con Bernheim: "Quisiera que este instrumento fuera tocado y que su historia no fuera olvidada", le dijo.

"Que el instrumento, si ha de revivir, reviva con su historia", concluye Bernheim, al mismo tiempo que deja en el aire una línea de investigación "enorme": instrumentos que pudieron viajar del resto de Europa a España, Portugal y América Latina a través de las rutas de huida durante y después de la Segunda Guerra Mundial, tanto de judíos como de nazis. Algún violín pudo servir, dice, para "pagar un pasaje".

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