El Negro de Bañolas y la deuda que los museos no pueden pagar
El Bòlit de Girona abre un debate sobre las memorias olvidadas y los legados incómodos con tres exposiciones dedicadas al Museo Darder, el pasado musulmán de la ciudad y las ruinas de Ampurias
-
CAT -
ENG
GeronaLa historia del mundo occidental está llena de agravios con el patrimonio de los territorios colonizados: expolios de grandes riquezas, profanaciones de tumbas milenarias, destrucciones de templos sagrados y opresiones a civilizaciones enteras. Son hechos consumados, inexorables y, desde el presente, no existe manera física de cambiarlos. Es una deuda con el pasado que, por definición, no se puede pagar. Solo queda la opción de la reparación y la memoria. Estas ideas de gran alcance son el punto de partida del nuevo programa de exposiciones del Bòlit, Centro de Arte Contemporáneo de Gerona, titulado Legados en potencia, que reflexiona sobre el papel de los museos en la transmisión de la memoria de los pueblos olvidados y menospreciados.
El proyecto arranca en la ciudad con tres muestras de nueva creación, encargadas a tres artistas diferentes, que exploran temas especialmente espinosos de las comarcas gerundenses como el del Negro de Bañolas, el pasado musulmán de Gerona y la musealización de las ruinas de Ampurias. La tríada de propuestas, repartidas por los tres espacios del museo, se puede visitar hasta el 7 de febrero de 2027 y se acompaña de un programa amplio de charlas, visitas guiadas y talleres que enriquecen el debate.
La primera muestra, en el espacio Pou Rodó, es Dicen que soy. Anatomía de una fabulación, del artista y cineasta Miguel Ángel Rosales. Desgrana la controversia generada en los años noventa en Bañolas por la exhibición en el Museo Darder del cuerpo disecado de un hombre africano, adquirido por Francesc Darder en 1888, y su posterior repatriación, impulsada por el médico de origen haitiano Alphonse Arcelin en una petición pionera en Europa que sacudió a la ciudadanía bañolense. En colaboración con David García López de la Osa y con la participación de la bailarina y coreógrafa Yinka Esi Graves, la muestra combina materiales de archivo, incluidos documentos cedidos por la familia de Arcelin, con una dimensión onírica en la que una reproducción del cabezudo que da vida al Negro de Bañolas se convierte en una figura que sueña con las diferentes "pieles" que la historia le ha ido poniendo encima.
Oriol Fontdevila, director del Bòlit y comisario del programa, hace valer la pertinencia de abordar heridas como esta. "La reparación va mucho más allá de la circunstancia histórica de la repatriación, y también tiene que ver con cómo las instituciones y los museos entran en contacto, por ejemplo, con la comunidad afrodescendiente de nuestros pueblos y ciudades", explica. Y continúa: "Ha sido muy interesante porque la exposición ha servido para que las dos partes, la del Museo Darder y la familia Arcelin, nos cedieran material y volvieran a ponerse en contacto después de tantos años".
Gerona y Al-Ándalus
El recorrido continúa en la iglesia de Sant Nicolau con la obra de Sara Ouhaddou, artista francesa de origen amazigh nacida en Draguignan en 1986, que lleva por título el larguísimo No todo lo que se dice encuentra a quien lo quiera escuchar; no todo lo que encuentra a quien lo quiera escuchar se dice en el momento oportuno. En un contexto actual marcado por la islamofobia creciente y coincidiendo con la celebración del bimilenario de Girona, la artista revisita el legado de Al-Ándalus en la ciudad para cuestionar los mecanismos de olvido que han relegado la presencia musulmana a los márgenes del relato histórico. Ante la falta de estudios y de registros escritos sobre la comunidad establecida en la ciudad durante el siglo VIII, Ouhaddou cuestiona el relato que limita oficialmente aquella presencia a solo setenta años: "Nadie viene a un lugar y simplemente se va al cabo de poco tiempo".
La exposición, presentada justamente a pocos metros de la necrópolis islámica descubierta en 2016 en Sant Pere de Galligants, combina un alfabeto imaginario con reproducciones de objetos islámicos conservados en las comarcas gerundenses, que reivindican la riqueza de los intercambios culturales y la belleza de la herencia musulmana. Ouhaddou también denuncia los prejuicios actuales hacia las comunidades musulmanas y lamenta el lenguaje peyorativo que todavía predomina en los museos europeos a la hora de explicar el paso del mundo árabe a la Península. "Hablan de la invasión de los bárbaros, como se repite ahora por algunos políticos en noticias como las de Ceuta, y de guerras, pero pasaron muchas más cosas; hubo historias normales, de amor, familias que se formaron, inventos. Pero todo esto no se explica nunca", asegura.
Empúries y nuevas propuestas
La tríada se cierra en la Rambla con En fin, cosas, de la artista de Bañolas Irene Visa, con una propuesta original que adopta un tono más irónico para reflexionar sobre los objetos y el paso del tiempo. A partir de su experiencia durante una residencia en el yacimiento de Ampurias, la artista empezó a observar sus propias pertenencias como posibles vestigios de una vida, en paralelo a la tarea de los arqueólogos. De esta manera, la creadora hace dialogar sus objetos personales con los restos romanos y griegos, elaborando un discurso inusual, fuera de los cánones, incluso con referencias a la ciencia ficción y a la figura del vampiro.
En los próximos meses, el programa Legados en potencia continuará en el Bòlit con nuevas producciones hasta diciembre de 2027, siempre con los mismos temas como denominador común. "Las instituciones que gestionamos patrimonio y presupuestos públicos debemos interrogarnos sobre las desigualdades en la transmisión de patrimonio. Hay quien ha sido desposeído de su patrimonio, también hay legados incómodos, cosas que no recibimos y otras que no sabemos que teníamos", concluye Oriol Fontdevila.