"No hay ni un solo mito griego que pueda ser narrado sin hacer referencia a un paisaje"
Pedro Olalla recorrió miles de kilómetros para mostrar más de 700 escenarios mitológicos
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BarcelonaA veces, para entender hacia dónde va el mundo, hay que volver a Arcadia. Pedro Olalla (Madrid, 1966) lleva más de cuarenta años estudiando la Antigua Grecia y más de treinta viviendo en ella, en la Grecia moderna. Su relación con el país helénico no es la de un turista ni la de un académico de despacho, sino la de alguien que ha pisado el terreno. Hace un cuarto de siglo, Olalla publicó Atlas mitológico de Grecia, una obra que ahora ha reeditado Eclecta. Aunque los relatos antiguos siguen siendo los mismos, la manera de aproximarse a ellos ha cambiado radicalmente: la digitalización de textos antiguos y las herramientas satelitales han transformado la investigación y también esta nueva edición. "Hace tan solo 25 años del primer atlas, pero pertenece ya a otra época", remarca el autor.
Con todo, Olalla alerta contra la tentación de creer que se puede entender la mitología desde la pantalla de un ordenador o navegando por Google Earth. Para él, recorrer a pie el país para seguir el rastro de los mitos es el único punto de partida posible: "Es fundamental, porque intento precisamente concienciar al lector de la relación inherente que hay entre los lugares y los mitos". Todos los mitos nacen de un entorno físico: cimas, ríos, cuevas, bosques... Para construir esta obra, Olalla recorrió miles de kilómetros por la geografía griega con mapas del ejército griego –cuando no había GPS– y las fuentes clásicas, buscando las coordenadas exactas de más de 700 escenarios mitológicos y más de 900 personajes. Con el atlas, se puede seguir paso a paso el viaje de Odiseo; subir al promontorio desde donde Cronos lanzó los testículos de su padre e, incluso, adentrarse en el reino de Hades, el rey del inframundo. "No hay ni un solo mito griego que pueda ser narrado sin hacer referencia a un paisaje", dice Olalla.
"Hoy podríamos tener la información cartográfica con mucha facilidad a través de internet, pero si lo hiciéramos así seguiría faltando la vivencia. Faltaría la sensación, haber podido compartir la emoción de estar en la cueva sagrada de Rea y en la colina donde la diosa engañó a Cronos dándole una piedra en lugar del pequeño Zeus, el antro Coricio en el Parnaso, Micenas o la antigua Alífera", detalla Olalla. Para el helenista, los mitos no son creaciones abstractas ni simples obras literarias como Las metamorfosis, de Ovidio, o las tragedias clásicas, sino estructuras colectivas ancladas en el paisaje desde el neolítico y, en algunos casos, desde el paleolítico.
Los mitos en un futuro
"Los mitos consiguen una operación muy delicada: desdibujar las fronteras entre la naturaleza, el ser humano y la divinidad –explica–. Todas las religiones tienen una base que hace referencia a la naturaleza. Las divinidades están referenciadas al ciclo de la vida, a los árboles sagrados, a los pantanos de Ártemis o a las cumbres de Zeus. El mito es la crónica más antigua de la humanidad, una memoria que registra cambios geográficos reales, como el nacimiento de islas, la subida del nivel del mar o grandes diluvios", dice Olalla. Los mitos nos unen a personas que vivieron hace siglos. "Habrá algún momento en que los mitos serán interpretados con nuevas herramientas y nuevas evidencias y nos explicarán cosas que hoy todavía ignoramos", añade el autor.
Recorrer estos lugares hoy en día permite recuperar una relación con el entorno que la sociedad contemporánea ha destruido. Ante la voracidad inmobiliaria y la turistificación masiva, la mayoría de los parajes que recoge el atlas se encuentran fuera de los circuitos habituales, en lugares remotos donde todavía es posible sentir la misma soledad que experimentaron los antiguos. "La relación original con el espacio era de sacralidad, no de depredación como la de ahora, donde solo lo vemos todo como recursos comercializables", reflexiona el autor. Para Olalla, el territorio no es solo un espacio físico; es el escenario donde se ha desarrollado la historia humana.
"Ahora, si se habla de mito, se puede pensar desde Marilyn Monroe hasta la caverna de Platón o el Estado de Israel. Pero si retrocedemos al carácter original de la palabra, el mito para los antiguos contenía dos ideas: mýo, que quiere decir cerrar, ocultar, encriptar un mensaje, y zéo, que significa correr, recorrer, poner en marcha", detalla el autor. Así, el mythos era un mensaje en clave o cifrado que emprendía un recorrido hacia el futuro. Aunque nosotros hemos recibido los mitos a través de fuentes literarias escritas y no de la oralidad, desde el neolítico muchos mitos recorrieron milenios sustentados únicamente por la palabra dicha. "Eran historias colectivas con muchas capas y elementos que se ponían en clave y se lanzaban a rodar para que llegaran a las generaciones futuras", recuerda Olalla.
¿Los mitos clásicos nos pueden ayudar a entender fenómenos contemporáneos? Aunque el atlas no pretende ser un análisis más político, como otras de las obras de Olalla, sí que ofrece herramientas para el pensamiento crítico. "Hoy en día la batalla sigue siendo por el relato –dice–. La misión individual es saber afrontar estos relatos, desglosarlos y no tomarlos como si fueran realidades primitivas e inmutables, sino ser conscientes de su condición de ficción colectiva diseñada para influir en la realidad en función de intereses determinados. En el momento en que perdemos la conciencia de que un relato es una construcción mental, perdemos el espíritu crítico".
Para quien quiera empezar a pisar la Grecia real y huir de los tópicos turísticos, Olalla lo tiene claro: Creta y Arcadia son los mejores puntos de inicio. Dos espacios donde la naturaleza, las ruinas arqueológicas y la memoria todavía se mantienen bastante intactas.