Prehistoria

Los primeros cazadores de ballenas no eran del norte, sino de Brasil

Un estudio de la UAB encuentra el rastro de los primeros balleneros en los montículos de restos marítimos que construyeron comunidades prehistóricas

BarcelonaSe ha tendido a pensar que los primeros cazadores de ballenas provenían del hemisferio norte y arrojaban los arpones en mares gélidos. Se arriesgaban porque no tenían muchos recursos naturales y, si no querían pasar hambre, no les quedaban muchas alternativas. Una nueva investigación plantea un relato distinto. Según el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB) y el departamento de prehistoria de la UAB, las comunidades indígenas del sur de Brasil cazaban grandes cetáceos hace 5.000 años, unos mil años antes de las primeras evidencias documentadas en las sociedades del Ártico y del Pací.

En concreto, los intrépidos cazadores de ballenas provenían de la bahía de Babitonga, en el sur de Brasil. "Seguramente eran hombres jóvenes que buscaban el reconocimiento social y aumentar el prestigio. No debían adentrarse mucho en el mar, porque las ballenas francas del sur, por ejemplo, se acercan mucho a la playa", asegura André Carlo Colonese, que firma con Krista McGrath el artículo que se publica este viernes en la revista Nature Communications. "La hipótesis más probable es que salieran a cazar con embarcaciones hechas con un solo tronco, a veces de una longitud de más de cinco y siete metros, que podían ocupar unas treinta personas y debían de salir en grupo", detalla Colonese. Lanzaban los arpones y esperaban que la ballena, exhausta, se ahogara. "Para evitar que se hundiera, lo más probable es que utilizaran flotadores hechos con intestinos de animales grandes", añade.

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Para documentar y demostrar que en las costas de Brasil ya se cazaban ballenas hace más de 5.000 años, los investigadores han seguido el rastro de los sambaquis, los montículos monumentales de caparazones que estas sociedades del holoceno construían a lo largo de la costa. Han analizado cientos de restos óseos de cetáceos procedentes de estas pequeñas montañas con más de 6.000 años de historia que podían llegar a medir 30 metros de altura. "Muchos montículos han desaparecido, porque desde la colonización y hasta la década de los 60 del siglo XX, cuando se promulgaron las primeras leyes de protección del patrimonio, se expoliaban sobre todo para hacer cal", explica Colonese. Afortunadamente, algunos arqueólogos pioneros, como el alemán Guilherme Tiburtius, salvaron parte de ese patrimonio ancestral, que actualmente se conserva en el Museo Arqueológico de Sambaquis de Joinville, en Brasil. En los sambaquis había restos de ballenas francas meridionales, rorcuales jorobados, rorcuales azules, ballenas del norte, cachalotes y delfines, muchas con claras marcas de corte asociadas al descuartizamiento. También se han localizado grandes arpones hechos con hueso de ballena, algunos de los más grandes encontrados en América del Sur.

Montículos de crustáceos de 30 metros

"Los sambaquis se fueron construyendo a lo largo de los siglos y, muchas veces, debajo había entierros humanos. Diferentes generaciones acudían al mismo lugar y contribuían a agrandar el sambaqui. Algunos de los arpones que hemos encontrado formaban parte de los ajuares de estas inhumaciones. Seguramente, tenían un carácter ritual y no acostumbraban. Además de reescribir los orígenes de la caza de ballenas, el estudio también aporta nueva información sobre las comunidades que vivían en la costa atlántica sudamericana. "Representa un cambio de paradigma: ahora podemos ver a estos grupos no sólo como recolectores de marisco y pescadores, sino también como balleneros", afirma Colonese. "Cuando llegaron los europeos, muchas de estas comunidades ya habían abandonado la caza de ballenas. Quizá por eso existía la creencia de que esta práctica era bastante excepcional en el hemisferio sur", añade.

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"Los datos demuestran claramente que estas comunidades desarrollaron el conocimiento, las herramientas y las estrategias especializadas necesarias para cazar grandes ballenas miles de años antes de lo que suponíamos", afirma Krista McGrath. Además de reescribir los orígenes de la caza temprana de ballenas, el estudio ofrece nuevas claves sobre las economías, tecnologías y formas de vida de las sociedades postglaciales a lo largo de la costa atlántica sudamericana. Demuestra que desarrollaron una sofisticada cultura marítima caracterizada por tecnologías especializadas, cooperación colectiva y prácticas rituales asociadas a la captura de grandes animales marinos.

Hay evidencia del posible uso de restos de ballenas desde hace unos 115.000 años en Suráfrica a través de percibas que viajaban adheridos a los cetáceos. En junio de 2025 una investigación del ICTA-UAB demostró, a través de 83 herramientas óseas excavadas en yacimientos así como 90 huesos de la cueva de Santa Caterina (Vizcaya), que las sociedades prehistóricas utilizaban la carne, la grasa, los huesos, las barbas, los dientes, la dientes, 19.000 y 20.000 años. Sin embargo, estas sociedades paleolíticas no cazaban sino que aprovechaban los recursos cuando una ballena acababa accidentalmente varada en la playa.

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