El fantástico y conmovedor patetismo de La Zaranda

'Todos los ángeles alzaron el vuelo', de Eusebio Calonge, impacta en el Teatre Romea

2 min
Una imagen del espectáculo 'Todos los ángeles alzaron el vuelo'.
18/10/2026 - 17:00 h
  • Autoría: Eusebio Calonge. Dirección: Paco de la Zaranda.
  • Intérpretes: Ingrid Magrinyà, Natalia Martínez, Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos.
  • Teatro Romea. Hasta el 25 de octubre de 2026

La Zaranda, Teatro Inestable de Ninguna Parte, celebra sus cuarenta años con la cita anual en el Romea por voluntad de su hasta ahora director Josep Maria Pou y en atención al grupo de fans que les siguen desde hace tantos años. Y es que el teatro de La Zaranda es tan peculiar y diferente de todo lo que se puede ver sobre los escenarios... Un teatro despojado de artificios que hace de la sencillez virtud y que bebe de los clásicos sin representarlos. Un teatro en el que manda la creación de un mundo singular atravesado por una poética casi existencialista y habitado por perdedores. Unos personajes desubicados como los clowns de Beckett que no saben qué hacer ni cómo hacerlo pero que siguen con unas rutinas heredadas. Personajes de un gran patetismo como estos ángeles que ha imaginado Eusebio Calonge y que tanto podrían habitar un rincón de la picaresca española del Siglo de Oro como el barrio londinense de Mackie el Navaja, de La ópera de tres centavos, o los suburbios de una ciudad moderna. Por el espacio negro de Todos los ángeles alzaron el vuelo –ocupado solo por cuatro grandes libros viejos, que finalmente serán la lápida de los mártires, un somier, una caja de cervezas Imperial y bastantes mantas– transitan un atracador y camello llamado Virgilio (Gaspar Campuzano), la prostituta rumana Micaela (Ingrid Magrinyà), la también prostituta y yonqui Alacrana (Natalia Martínez), el proxeneta Paco Cadena (Enrique Frutos) y Ramonet (Francisco Sánchez), un pobre “tonto” que habla poco pero que cita a Shakespeare y Dostoievski.

La Zaranda acostumbra a trabajar más sobre temas y situaciones que sobre argumentos, pero en esta magnífica propuesta sí que hay un nudo argumental de serie negra bañada en el nihilismo de El idiota, de Dostoievski. Hay dos escenas especialmente conmovedoras: cuando Ramonet y Virgilio recorren las calles (y estamos en el Raval) pidiendo dinero para comer y el asesinato de Alacrana a golpe de somier. También hay diversas frases coreográficas de Ingrid Magrinyà muy bien incorporadas. Se percibe la sorpresa de los espectadores menos habituales cuando cae el oscuro final sobre una sinfonía y los ángeles no salen a saludar. No lo han hecho nunca. Vale la pena volver a La Zaranda o descubrirla.

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