La masculinidad de los triunfadores
Un magnífico Sergi Torrecilla protagoniza 'Una pequeña distorsión', de Enric Nolla, en el Teatro Dau al Sec
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- Autoría dirección: Enric Nolla
- Intérprete: Sergi Torrecilla
- Teatre Dau al Sec. Hasta el 19 de octubre
Es lógico que una buena parte del público que va al teatro busque un entretenimiento con risas que no le haga pensar. Ya no es tan lógico que la cartelera se llene de este tipo de teatro obviando propuestas que invitan a hacerse preguntas y a hablar de lo que se ha visto. Como pueden imaginar con este preámbulo, Una pequeña distorsión es una propuesta de las segundas, como casi todo el teatro de Enric Nolla. Un teatro que rehúye la lógica convencional y se acerca a los rincones oscuros del ser humano, como queda patente en su debut dramatúrgico, Hurracan (2000), pasando por Tractat de blanques (2001) y acabando con esta Una pequeña distorsión, en la que reflexiona sobre la creación de la masculinidad en nuestra sociedad, dejando bien claro con el título que es el mismo autor quien se plantea la cuestión. Y lo hace de la mano de un personaje de esos que cogen el puente aéreo en primera clase, que tienen un armario lleno de corbatas. Un triunfador pagado de sí mismo que desprecia a los débiles y que odia el fracaso en una clara crítica de un modelo de aires trumpistas. Y es que el teatro de Nolla no es inocuo ni amable, rehúye la obviedad y responde a la inquietud de quien se confronta con un mundo inaprensible a menudo abocado a la destrucción. Encontramos al protagonista en un lujoso ático con impresionantes vistas a la ciudad, mientras prepara el discurso que debe pronunciar en la fiesta de la empresa que acaba de premiarle con la dirección de una delegación internacional.
En un espacio vacío donde todo es sugerido, Nolla pone a jugar al protagonista con su autoafirmación, con sus inseguridades y con recuerdos de infancia de cuando era lo suficientemente sensible para disfrutar de un abrazo. El tiempo y el espacio, pues, se mezclan en un juego de imágenes conducidas por un magnífico Sergi Torrecilla que ha hecho suyo un texto lleno de recovecos y sin mucho donde aferrarse. Un trabajo actoral que denota un trabajo íntimo entre el actor y el autor, que es también director del espectáculo. Una dirección bastante más madura que la que vimos en julio en Terrats en Cultura con La culpa no es de la estaca si el sapo salta y se ensarta.