El Teatre Lliure te invita a entrar dentro de una escenografía

El Palacio Robert acoge una exposición de cinco escenógrafos para celebrar los 50 años de la sala

3 min
Sílvia Delagneau muestra una sala con 40 figurines de espectáculos del Teatre Lliure, en el Palau Robert.
22/09/2026 - 10:44 h
Traducción CAST automática
  • CAT
  • ENG

BarcelonaHace cincuenta años que abrieron las puertas del Teatre Lliure aquellos "francotiradores locos que confunden el teatro con una aventura personal", como los definía Fabià Puigserver, alma del proyecto. El Palau Robert acoge hasta el 17 de enero una exposición conmemorativa singular. En lugar de una retrospectiva canónica hecha de objetos, fotografías y vestidos, han invitado al espectador a "mirar el escenario desde un lugar diferente", dice el director Julio Manrique, defendiendo el lema de la casa, Un teatro Libre. Se trata de una invitación a entrar en las entrañas del escenario a través de cinco instalaciones escénicas creadas por cinco escenógrafos habituales del Lliure que son de generaciones diferentes.

"No pensábamos que hoy estaríamos aquí", admite Frederic Amat, uno de los escenógrafos vinculado a los inicios del Lliure. Él ha querido recordar "el instante maravilloso" en el que colaboró con Puigserver en la escenografía de El público de Lorca, que por primera vez llegaba a los escenarios de la mano de Lluís Pasqual en 1986. En la sala ha instalado unos autómatas sobre un suelo de ceniza, para representar que "el teatro dura una noche y, a la vez, toda la vida", dice.

Montse Amenós ha creado un espacio muy poderoso y que explota la nostalgia. Como el Lliure de Gràcia a menudo tenía público a tres bandas, el suelo siempre era un elemento central de la escenografía, más que las paredes. Por eso ha levantado los suelos de algunas obras icónicas del Teatre Lliure como si fueran cuadros enormes en una reserva. Están las alfombras de Titus Andronicus, el césped de Leonce y Lena, el telón de flores pintado de Atardecer en el jardín e incluso la pared de ladrillos negros del Lliure.

La instalación de Lluc Castells en el Palau Robert por los 50 años del Lliure.
La instalación de Montse Amenós en el Palau Robert.

Entre cada instalación, Tània Balló ha elaborado unos entreactos que aportan la memoria documental del teatro. Hay, por ejemplo, las fotografías maravillosas de Ros Ribas que recuerdan a los artistas que han pasado por allí y a los directores que han trabajado en él. También hay los carteles de diversas obras, que siempre han mantenido el logotipo de Cesc Espluga. En otro entreacto se explica la apertura de la primera sede y el estreno de Montjuïc en 2001. Y también hay una filmación del primer día del estreno, el 2 de diciembre de 1976, conCamí de nit, 1854 dirigida por Lluís Pasqual. Dicen las crónicas de la época que el aplauso fue unánime ya antes de empezar el espectáculo.

La de Max Glaenzel es la escenografía más intrigante. Juega con la paradoja de que dentro de la oscuridad de la sala el teatro nos abre los ojos y dialoga con la realidad. El visitante entra en una sala oscura y observa el paso del tiempo en la pared, gracias a un juego de luces, y cuando se acaba la función, se abren las cortinas que dan a unas vistas privilegiadas de la plaza del Cinc d'Oros.

La cuarta sala, de Lluc Castells, es una maqueta y a la vez es un bodegón. Está atestada de objetos reales que salen de las mesas de todos los departamentos del Lliure: cables, ordenadores, post-its, cafés, focos, papeles y cintas, en "un homenaje a los trabajadores, a los oficios y personas del teatro que son invisibles", dice el escenógrafo.

Y finalmente, cierra la muestra una sala luminosa y atestada, llena de figurines con vestuarios memorables del Lliure con los cuales Sílvia Delagneau –diseñadora habitual de la Veronal– quiere "reivindicar la figura de la diseñadora de vestuario". El vestido más antiguo es el que llevaba Anna Lizaran en la Operació Ubú que dirigió Albert Boadella, con diseños de Fabià Puigserver en 1980-81. Los más nuevos, los vestuarios retro de los niños irlandeses de El barquer, estrenada este 2026 con vestuario de Maria Armengol. Está el orangután de El Mestre i Margarita y hay una túnica de L'adéu de Lucrècia Borja estrenada por Carles Santos en 2001 con diseños de Mariaelena Roqué. Una última sala perfecta para ejercitar la nostalgia y la memoria: a ver quién encuentra el frac de Quimet Pla para Travy y el vestido de torero de Cesc Gelabert en Belmonte.

stats