La cara menos amable del deporte profesional: "Estoy en el punto de decidir si lo dejo o no"

El ejemplo palmario del fútbol sala femenino: sueldos de menos de 500 euros en la máxima categoría

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Laia Rojo durante un partido.
Atenea García
20/10/2026 - 14:00 h

BarcelonaComo sucede en muchas disciplinas, jugar en Primera no siempre permite vivir exclusivamente del deporte. En fútbol sala, esto ocurre especialmente en la categoría femenina. Para muchas jugadoras, competir al máximo nivel implica compaginar los entrenamientos y los partidos con otro trabajo o con los estudios. Laia Rojo, jugadora del AE Les Corts-UBAE, el único equipo catalán que milita actualmente en la máxima categoría estatal, es un ejemplo de ello: tiene que estudiar biomedicina para pensar en su futuro. “No podemos no hacer nada”, afirma. En su equipo, ninguna compañera puede dedicarse exclusivamente al fútbol sala. Esta realidad también queda reflejada en un estudio reciente elaborado por la Asociación de Jugadoras de Fútbol Sala Femenino (AJFSF) y publicado el pasado mes de septiembre, que afirma que el 31,8% de las jugadoras españolas de Primera cobran menos de 500 euros mensuales.

Un grupo de jugadoras profesionales de fútbol sala.

“Hablamos de la élite y de jugadoras que han llegado a participar en los campeonatos de Europa con trayectorias impecables”, afirma María José López, abogada especializada en derecho deportivo. Aun así, las condiciones no son iguales para todas las jugadoras, ni siquiera dentro de un mismo equipo. “Te puedes encontrar algunas que cobran un salario y otras que no. Del mismo modo que hay quienes cotizan y otras que no lo hacen”, añade. Esto puede dificultar el acceso a derechos laborales como la baja médica, cobrar el paro o cotizar para una futura pensión.

El impacto en la práctica del deporte

Las condiciones laborales de las jugadoras también afectan a su preparación deportiva. “Tenemos sueldos muy reducidos y, muchas veces, debemos destinar una buena parte de los ingresos a servicios externos que nos permitan competir al nivel que requiere la liga”, explica Rojo, tales como nutricionistas, preparadores físicos o servicios de gimnasio. Sin embargo, la jugadora destaca que, en el ámbito médico, la situación con su club en este último año ha mejorado gracias a un acuerdo con una clínica de rehabilitación.

“Muchas veces se malinterpretan nuestras demandas como exigencias, cuando en realidad son propuestas que tienen el objetivo de mejorar el fútbol sala para hacerlo más competitivo”, señala la deportista. “Queremos que se mejoren las condiciones para poder dar más de nosotras mismas, pero sentimos que cuesta mucho que nos escuchen si no hay una gran lucha detrás. Estos esfuerzos también nos desgastan”. Precisamente, el estudio expone que un 70% de las jugadoras se ha planteado en algún momento abandonar el fútbol sala. Entre las causas que pueden llevarlas a dejarlo, la principal es el desgaste físico y mental, con un 70,3% de los casos, muy por encima de los factores económicos, que representan un 11,7%.

Laia Rojo durante un partido de fútbol sala.

La salud mental, una asignatura pendiente

El acceso a la atención psicológica es otra cuestión que las futbolistas ponen sobre la mesa a través del informe. “Diría que, en general, acudimos menos de lo que nos gustaría”, se lamenta Rojo. “No se nos da ni el servicio ni los recursos y, si quieres acceder a ello, tienes que pagarlo tú”. De hecho, la jugadora afirma haber ido a una psicóloga que la ayudó, pero también advierte que el coste económico es difícil de asumir con los salarios que cobran. Este contexto dificulta que las deportistas puedan recibir el apoyo que necesitan para afrontar la exigencia de la competición.

Por su parte, López recuerda que la salud mental está incluida dentro de la previsión de riesgos laborales de las empresas y que, por tanto, es una obligación que tienen los clubes y las federaciones con sus trabajadoras. No obstante, la abogada considera que tratan a los equipos “como a amateurs y como a grupos de amigos” y que gran parte del malestar que sienten las jugadoras es causado por la situación de estrés a la que están expuestas. “Hay una falta de seguridad jurídica, las retribuciones son mínimas y muchas veces no saben ni cuándo jugarán”, apunta.

En este sentido, Rojo es un ejemplo de cómo esta realidad puede acabar condicionando el futuro de las futbolistas. “Estoy en el punto de decidir si lo dejo o no”, relata. Aunque le apasiona el fútbol sala y quiere seguir practicándolo siempre que pueda, también tiene claras otras cosas: “Me he dado cuenta de que mi prioridad ahora mismo es el ámbito laboral y la carrera que he elegido, porque del fútbol sala no se vive”. En consecuencia, ha decidido que este año solo jugará media temporada con el Les Corts-UBAE y que se marchará a hacer las prácticas de biomedicina al extranjero. “Seguramente, esta decisión no la habría tomado hace unos años, pero viendo que no puedo jugar como profesional, me marcharé fuera”. Por este motivo, la AJFSF reclama un convenio colectivo o un acuerdo de condiciones mínimas que garantice unas condiciones laborales más dignas a las jugadoras de Primera División.

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