No se puede pedalear a estas horas
Llego a plaza España a las dos, con los Ferrocarrils de la línea de Manresa, y la guiri, que vuelve de Montserrat, se precipita a las escaleras mecánicas. Salimos a la calle. Bofetada de aire caliente. El calor solar es tan intenso que respiras y te parece que te entra el sofoco en los pulmones. La imagen de la plaza es del todo diferente, porque las calles están cortadas por el Tour de Francia, que pasará por allí, camino de Montjuïc. Dos hombres y una mujer, vestidos de amarillo-voluntario, se esperan bajo la sombra, debilísima y única, de una marquesina. Me regalan un mapa que dice: “Gran Départ Barcelona 2026”, con el subtítulo, “Todo lo que tienes que saber para disfrutar de la 113 edición del Tour de Francia 2026”. Me explican que hacia las cinco está previsto que pasen los ciclistas del Tour, y que antes habrá una comitiva publicitaria. Como he llegado temprano, que la cronista sigue siempre los consejos de Kapucinsky, entro al centro comercial con la idea de comprar una libreta y un bolígrafo y sobre todo la de obtener las frigorías necesarias. Oh, aire acondicionado, te dedicaría una oda.
El lugar donde hay libretas y bolis, allí dentro, es el ALE-HOP. Me gustan mucho las libretas, siempre me compro, pero es imposible elegir ninguna en esta tienda sin parecer un cursi, porque todas llevan frase. Hay una, de flores, que dice: “Confía en el proceso”. En otra, de rayitas de color café con leche, pone, en letra ligada: “Today will be grrrrrrrrrreat”. La de más allá, de florecitas, han escrito: “Vibra bonita”. Ni una lisa, ni una en la lengua de Cubarsí. Al final me quedo una, de aguas lilas donde hay un cartelito dorado, pero al menos pequeño, donde se lee “Blooming day by day”. Los bolígrafos, lo mismo. Ni uno sin purpurina. Y todos a precio de secuestro.
En la calle todavía no hay ni un alma. Bajo a la planta de abajo, donde está la Fnac y los sitios donde comer. Taco Bell, Farggi o Boka, que se anuncia como halal, y de hecho cuenta con algunas mujeres –con marido, claro– tapadas de arriba abajo. Allí el frío no entra, las freidoras reinan. Subo hacia arriba, salgo a la calle. Hace aire. Parece que hayan conectado el “modo brisa” del ventilador. Me pregunto: “¿Tengo tiempo para ejercitarme?” Sí que tengo. Entonces, ejercitaré de catalanoparlante. Me dirijo a un bar de tapas (fórmula) con terraza. Pido “una ensalada César”. Ah, esa pronunciación, con e abierta y s sorda mata a mi interlocutora, que antes me ha preguntado si también querré un “cafecito”. Tengo tiempo para ejercitarme. Entonces describo lo que significa “ensalada”. Las palabras complicadas son “lechuga” y “pollo”. Describo lo que significa “pollo”. Las palabras complicadas son “pico” y “plumas”. Al final (el tiempo de la cronista tampoco es ilimitado) con el dedo, señalo la foto, tan optimista a nivel de volumen, del plato.
Pago la ensalada que contiene el animal con plumas y pico que hace quiquiriquic (en castellano quiquiriquí) y me acerco a las vallas, que ya están llenas de algunos aficionados. Me llama Christian García, el histórico y querido periodista deportivo de TV3, que el sábado estuvo en la zona vip con su hermano. “Soy tu enviado especial, listo para explicarte el catering”, me dice, riendo. Sabe que estas cosas me gustan mucho. Christian, que fue un gran aficionado a la bicicleta, padece la enfermedad de Stargardt, que hace que, ahora, se vea muy poco. “Yo no veo cada día peor, veo cada día diferente”, dice siempre. Y es esta la frase que yo pondría en una libreta. “Con mi visión, ver las bicis por la tele, que son en cierto modo estáticas, me va bien”, dice. Siempre le digo que tiene que conseguir ir en tándem. “¡Eh, pues, nada más llegar –me explica–, como estaba invitado por el equipo Movistar, entramos en un village espectacular”. Y atención que el village tiene un nombre: La senyera.
Abro los ojos como dos ruedas de bicicleta. ¿Los franceses le han puesto “La senyera” a la zona vip? Estoy por quitarme el sombrero –que llevo– en señal de respeto. “El champán que nos han dado es de la marca Montaudon, el jamón, de Guijuelo, de la marca Juan Manuel, y atención, que nos han traído anchoas. He preguntado de dónde eran. ¡De L’Escala!”.
Las dos y media. En la calle los valientes se esperan bajo el sol. Los ciclistas no tendrán más remedio que pedalear, pero no son horas. Hay gente que se espera, delante de las vallas, con una bicicleta al lado. Gorras, botellas de agua... En este mapa que nos han dado, con el saludo del alcalde, nos dicen: “Hidrataos”. Yo me miro al público y pienso: “Deshidrataos”. Cuando faltan diez minutos para las cinco empiezan a pasar coches con bicicletas encima. La gente aplaude y grita. “Ueeeeeeeé”. Es como una cabalgata de Reyes, queda claro que las bicis, relucientes, son solo para dar envidia. “¡Viva los Mossos d’Esquadra!”, se desgañita un chaval, cuando ve pasar los coches (de la Guardia Urbana). “¡Va! ¡Animad también a los Mossos, que estamos muy aburridos!”, grita. Yo diría que ahora, cuando escribo estas líneas, lo están atendiendo por un golpe de calor agudo. Llegan los ciclistas, pasan y se encaminan hacia la montaña. Uno aplaude, sin ánimos ni para grabar, y corre a refugiarse en el centro comercial. Entonces, pasan más coches con bicicletas encima y un ciclista, el último, entre ellos. Pobre chico, ¿quién será? Es el último, el que acaba de pasar cuando ya llegan los operarios a quitar las vallas y a restablecer el tráfico. Por la acera, otro ciclista. Este es de Glovo.