Abrazos en el palco y tensión en la grada

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El presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, saluda a Mateu Alemany durante el partido de Liga contra el Atlético de Madrid en el Camp Nou.
06/11/2026 - 09:05 h

Por extraño que pueda parecer –de hecho, lo parece–, está previsto que las directivas del Atlético de Madrid y del Barça coman juntas antes del partido del domingo. Las relaciones nunca han llegado a romperse y, por tanto, se mantienen los rituales protocolarios. Y es extraño, digo, porque a finales de agosto de este mismo año, y no de hace cinco, el consejero delegado colchonero, Miguel Ángel Gil Marín, soltó lo siguiente a raíz del caso Julián Álvarez: "Nos repugna la falsedad, la falta de ética, de transparencia y de profesionalidad, y no podemos hacer nada más que insistir en que no negociaremos con el Barça bajo ningún concepto". Por mucho asco que les dieran hace dos meses, ahora se sentarán con ellos y les reservarán un lugar privilegiado en el palco. Mira qué bien, qué civilizados que somos todos. ¡Enhorabuena! En la grada, eso sí, no se espera un recibimiento tan amistoso.

El Metropolitano es un estadio hostil para el Barça y no parece probable que, después del intento de fichaje frustrado de Julián —que ofendió tanto a los colchoneros que han estado silbando al jugador hasta hace apenas dos días—, ahora se muestren muy amistosos. El ambiente estará caliente en un club que se muestra permisivo con los radicales y que tiene ultras en la grada ocupada por el Frente Atlético que hacen el saludo nazi con total impunidad. Los de Flick, por lo tanto, deberán aislarse de esta atmósfera agresiva y centrarse en el juego. Al fin y al cabo, van a Madrid a jugar un partido, no a hacer amigos. Y para conseguirlo cuentan con un refuerzo que el curso pasado faltó en los enfrentamientos contra los colchoneros, y que los azulgranas echaron mucho de menos: Raphinha.

La eliminación de la Copa y de la Champions contra los de Simeone se produjo sin el brasileño sobre el terreno de juego. Recién renovado hasta 2030 y ya recuperado de su última lesión –después de volver a viajar con su selección– Raphinha es un jugador determinante, no solo por los goles y las asistencias, sino también por su competitividad, motivación y personalidad. Los abrazos en el palco y la tensión en la grada no ganan ni pierden partidos. Un futbolista como Raphinha —sobre todo teniendo en cuenta la inoportuna lesión de Rodri, después de una gestión incomprensible de Flick, de la cual ya hablaremos en otro momento—, sí que lo hace.

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