El Barça no tiene suficiente con mirar de tú a tú a los ojos del PSG

Los azulgranas plantan cara en el Parque de los Príncipes pero caen (4-2) con goles en los últimos minutos

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Raphinha y Lamine Yamal se lamentan durante el partido de Liga de Campeones contra el PSG.
20/10/2026 - 23:35 h

Es precioso que un partido de fútbol desafíe todos los pronósticos. Los dos conjuntos más en forma de Europa, dirigidos desde los banquillos por dos entrenadores que honran el fútbol tejiendo equipos ofensivos y divertidísimos, ofrecieron un espectáculo en el Parque de los Príncipes en el que pusieron el corazón y el talento durante 90 minutos a un ritmo muy alto. En la era de los streamings, de las plataformas digitales, del contenido a la carta, un duelo entre el PSG y el Barça nos recuerda que el deporte en directo es un generador inagotable de emociones a flor de piel. Los azulgranas plantaron cara en casa del bicampeón de Europa, a pesar de que Hansi Flick reservó futbolistas como Rodri pensando en el clásico del domingo. No pudo ser (4-2), pero la Champions no se decide ahora, se decide en mayo. La primera derrota del curso llegó donde más cuesta ganar, en el feudo del vigente campeón.

Era un duelo tan atractivo como imprevisible. Tanto, que el primero en fallar fue un jugador tan clarividente y pulido como Pedri. Dos pérdidas del canario en los primeros compases se tradujeron en dos aproximaciones traviesas de los parisinos. El Barça superó el bache inicial y las fuerzas se igualaron, con los azulgranas consiguiendo apretar a los locales a partir de una presión alta y pudieron empezar a rondar el área.

El primero en probarlo fue Olmo, con un remate desde la frontal lleno de intención que salió desviado por poco después de una gran pared entre un intenso Raphinha y Gordon. El brasileño, con un remate escorado ante el cuerpo de Safonov, rozaría también el gol justo después de que Luis Enrique tuviera que mover el banquillo por obligación: Ousmane Dembélé dejaría de ser el coloso ganador del Balón de Oro en el que se ha convertido en París para convertirse de nuevo en el futbolista de cristal que demasiadas veces se vio en Barcelona.

Con Ferran Torres en danza en el lugar de Dembélé, Joan Garcia empezó a hacer méritos para convertirse en el mejor azulgrana del partido. El portero puso el corazón, el escudo y la cara para detener un remate mejorable del valenciano. Joan volvería a lucirse acto seguido, con una doble parada: primero de nuevo ante Ferran y, en la misma jugada, a chut de Fabián. Olmo seguiría los pasos de Dembélé y también tendría que enfilar, lesionado, el túnel de vestuarios.

El partido continuaba intenso, con un PSG más animado en ataque y que conseguía provocar y castigar los errores del Barça. Si Joan brillaba, Lamine cuajaba una mala primera parte. La estrella dejó alguna filigrana, pero una pérdida suya en salida se pagó muy cara. Recuperación del PSG y golazo de Doué. En el noveno lanzamiento a portería, los franceses encontraron el premio en las botas de su delantero más acertado, ya que Xavi Espart estaba haciendo un gran trabajo ante Kvaratskhelia. Fermín, relevo del malogrado Olmo, tuvo la réplica después de un pase delicioso de Pedri, pero Safonov le leyó la mente al andaluz a la perfección y la vaselina no intimidó al portero.

Lamine Yamal cambia la cara

En la reanudación, Xavi Espart, el último tesoro de La Masía, hizo saltar por los aires el cambio de plan de Luis Enrique. El PSG había decidido ceder el balón al Barça y morderlo al contraataque para sentenciarlo. Pero un desajuste defensivo lo leyó Fermín para habilitar la carrera llena de fe de Espart, que encontró el hueco con la ayuda de Safonov.

Las lesiones se cebaron con los parisinos: Kvaratskhelia también tuvo que ser cambiado por lesión antes de la hora de partido. A su vez, Flick protegía a Raphinha y Pedri, reventados en un feudo tan exigente como el Parque de los Príncipes, y también cambiaba a Bernal para que entraran Adeyemi, Gavi y Rodri. La igualdad en el marcador impulsó al Barça, que pasaría a dominar y se le empezaría a dibujar una sonrisa en la cara a Lamine. El segundo tiempo era azulgrana, pero las ocasiones, salvo un intento de Gavi, no llegaban.

Lucas Hernández, que no hacía mucho había hecho muecas después de tragarse un caño del extremo de Rocafonda, hizo revivir a los suyos tras una acción que enseña los vacíos legales del VAR. El defensor marcó, ganando el salto a Gordon, gracias a un córner que no se debería haber producido porque la acción previa debería haber sido anulada por fuera de juego de Hakimi. No se pitó nada, el remate de Ferran fue al palo y Gerard la desvió a córner.

El Barça se reharía del golpe con una genialidad de Lamine, que desafió las leyes de la gravedad para hacer entrar el balón al fondo de la portería de Safonov casi sin ángulo en una jugada que se fabricó él solo. El pecho de los azulgranas se volvía a hinchar orgulloso, pero Vitinha, aprovechándose de un rechace de Gerard desde la frontal y Fabián, ante un blando Cancelo, castigarían de nuevo al Barça, haciéndolo tocar de pies en el suelo.

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