Lamine Yamal y la tabarra del Balón de Oro
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BarcelonaEsta vez, la lección moral de “las campañas las hacen ellos, no nosotros” no se puede pronunciar. La tabarra que está dando el Barça para que Lamine Yamal gane el Balón de Oro no se puede maquillar, sobre todo porque el genio catalán es el primero en encargarse de que todo el mundo suba al barco. No ha podido escapar ni el escurridizo Hansi Flick. El entrenador alemán, enemigo de los egos y los elementos que distorsionan los objetivos colectivos, fue llamado a filas para cambiar su discurso a petición de la estrella y la cúpula del club. Un poco forzado por las circunstancias, Flick también acabó declarándolo merecedor del premio. A nadie se le escapa que tener al futbolista coronado con el máximo galardón individual significaría aumentar ingresos y mejorar la imagen de marca. Hansi, nosotros también tenemos muchas ganas de que se acabe esta algarabía insoportable.
Discutir que Lamine Yamal es el mejor futbolista del planeta, es absurdo. Igual que también lo es dotar de esta trascendencia a un trofeo tan arbitrario que puede acabar en manos de Fabio Cannavaro (Lamine, no habías nacido pero Ronaldinho te puede contar de qué va). Aunque a menudo tiene una credibilidad relativa, es un tipo de prestigio que figura en el contrato de los cracks en forma de variable lucrativa. Y no nos engañemos: disfrutar del privilegio del Olimpo también es un sueño para el 10. Es comprensible que le irrite ver cómo, después de haber ganado el Mundial con España, haya aparatos mediáticos autóctonos remando a favor de Mbappé. El fenómeno incluye también al único periodista español con derecho a voto, autor de una entrevista insólita con el delantero francés. Pedirle a Lamine que esté por encima de todo esto y que espere a que los hechos se impongan, quizás es demasiado atrevido. No es Leo Messi.
¿Cuántas veces habéis oído al astro argentino hacer declaraciones como las de Lamine Yamal en Universo Valdano? En medio de una lucha inventada –porque no tenía rival– con Cristiano Ronaldo, los Balones de Oro le llovieron hablando en el campo cada tres días. No le hacía falta verbalizar nada, solo salir a jugar. Leo es Leo y Lamine es Lamine, lo tenemos claro. Al segundo le encanta la exuberancia pública y ser el rey de los focos. Lo que más tranquiliza es oírle hablar del hambre que tiene por hacerse un hueco en la historia del fútbol. Que con 19 años transmita que no quiere ser una estrella fugaz es lo mejor que le puede pasar al Barça. En este punto sí que agradecemos que se aferre al ejemplo de Messi. Esto es más importante que todos los Balones de Oro imaginables.