Somos muy previsibles
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La secuencia PSG-clásico ha hecho que un prado verde se haya convertido en un campo embarrado. Somos muy previsibles: hace cuatro días todo eran flores y violas y, de repente, nos han invadido las dudas. No descubriremos el dramatismo culé ni el síndrome tribunero del “defendiendo así no ganaremos la Champions.” Si incluso a Pep Guardiola se le cuestionaban detalles estilísticos, qué no le va a pasar a Hansi Flick. Es curioso, sin embargo, cómo se le compra todo el discurso ofensivo exuberante y, en cambio, se le critica la toma de riesgos atrás, cuando ambas son caras de la misma moneda. Que en el minuto 87 el Real Madrid te mate en una contra porque estás buscando el gol de la victoria es mejor que estar contemporizando para conservar el 1 a 1. Eso debería ser indiscutible si no es que eres aficionado del Atlético de Madrid. Por cierto: ¿cuántas Champions ha ganado el Cholo Simeone? De acuerdo.
Mientras hay quien parece que añore el raquítico Barça de Ernesto Valverde (no hace falta recordar Roma ni Anfield), no estamos poniendo el foco en lo que realmente debe estar ocupando las mentes de Flick, Marcus Sorg y Toni Tapalovic: saber aprovechar mejor a Rodri como bisagra entre el atrevimiento irrenunciable y el control para ahogar al rival. En el clásico no dio sus frutos y, especialmente en la primera parte, el Barça desdibujó su identidad: no atacó bien ni tampoco encontró la estabilidad necesaria con el balón. A Rodri se le fichó para gobernar los partidos grandes y darle más madurez a la evolución del ideario de Flick. En París, inexplicablemente, no estuvo de inicio porque tenía que estar “fresco” para el clásico, pero contra el Madrid no estuvo a la altura de las expectativas. Sus pérdidas, sumadas a las de Pedri, fueron determinantes para condenar a Flick y premiar a José Mourinho.
La buena noticia es que estamos en el mes de octubre y hay tiempo para perfeccionar el encaje de Rodri en el rock'n'roll flickiano para que la canción suene infinitamente mejor. Algunos (los de siempre) seguirán hablando de la necesidad de fichar centrales, de los goles en contra en Europa y de la falta de contundencia defensiva: pero la batalla que se está librando en la pizarra futbolística de la Ciudad Deportiva es más cerebral y filosófica. El balón, siempre el balón. El único factor que puede pasar factura es la urgencia con la que se ha transmitido el objetivo de ganar la Champions esta temporada. Estaría bien que no se transformase en ansiedad por querer convertir a Flick en algo que no es. ¿O nos dejaremos traicionar por el resultadismo?