Inglaterra quiere cerrar una herida que hace 60 años que está abierta y ya está en las semifinales

Dos goles de Bellingham acaban con la resistencia de una selección noruega que ha desaprovechado sus ocasiones

12/07/2026 - 16:26 h.

BarcelonaUna herida que lleva sesenta años abierta. Una herida que Inglaterra quiere cerrar en Nueva York ganando el Mundial. De momento, el equipo que luce con orgullo tres leones en el escudo ya está en semifinales; es la cuarta vez que lo consigue. Dos goles de Jude Bellingham han permitido a los ingleses derrotar a una magnífica Noruega en la prórroga de los cuartos de final en Miami, en un partido en el que en algunos momentos los ingleses han jugado con fuego (2-1). Pero el equipo entrenado por Thomas Tuchel sabe competir y sufrir. Cosas de la vida, un entrenador alemán ilusiona a los ingleses, que ahora se verán las caras con Argentina, en un duelo espectacular. Será un nuevo episodio de una rivalidad que nos ha dejado partidos épicos como el de 1966 en Wembley, el de 1986 en México o el de octavos de final de 1998, entre otros.

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David Beckham, acompañado de su mujer, parecía presidir el partido en el Hard Rock Stadium. Beckham vive en Miami y el partido se jugaba en la ciudad. Así pues, el que fue capitán de los ingleses lo miraba nervioso, preguntándose si esta generación sería capaz de hacer lo que él no pudo vivir: ser finalista de un Mundial. En 2018, Inglaterra ya llegó a las semifinales, las primeras desde el año 1990, pero se llevaron un batacazo cayendo de forma sorprendente contra la pequeña Croacia en la prórroga. Hoy la prórroga les ha sonreído, cuando Bellingham ha aprovechado un grave error del portero Nyland. El jugador del Madrid se está convirtiendo en el gran líder sobre el césped de una selección en la que Kane, por un día, no ha marcado. Pero se ha hartado de trabajar.

Inglaterra, como siempre, parecía que jugara en casa. Los aficionados ingleses llegan hasta el fin del planeta, si es necesario, persiguiendo una utopía: ver a su equipo ganar el Mundial. Cada vez menos personas recuerdan en persona aquella copa de 1966, cuando ganaron por primera y única vez el trofeo en Wembley, en casa, con un poco de polémica. Desde entonces, décadas de decepciones. Cada cuatro años cantan aquello de ""It's coming home", confiando en que los inventores del fútbol se coronarán. Cada cuatro años les rompen el corazón, pero de momento en este Mundial hacen fiesta gorda. La hace la gente que ha pedido dinero para pagar el viaje y la hace Mick Jagger, presente en la grada.

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Si para Inglaterra conquistar el Mundial es una especie de obligación, ya que ellos codificaron este juego y siempre han tenido ciertas tendencias imperialistas, para Noruega, estar en los cuartos de final ya era un éxito. Haaland, de hecho, sonreía antes de entrar al terreno de juego. Estos días ha ido explicando que para su tierra, haber eliminado a Brasil y estar en los cuartos de final ya era un éxito. Pero una cosa es celebrar lo que has hecho y otra es renunciar a ganar más. Los primeros minutos los ingleses han sido mejores, con un Anthony Gordon muy activo abriendo el campo por la banda izquierda. Kane quedaba bastante aislado por una defensa escandinava que, de salida, parecía limitarse a empatar.

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Pero después de la pausa de hidratación, Noruega ha dado un paso adelante. Ha mordido con presión alta y en una jugada por la banda de Andreas Schjelderup se ha inventado un gol precioso con un disparo con poco ángulo que ha sorprendido a Pickford. Y habrían podido hacer el segundo en un ataque en el que Sorloth no ha querido pasar el balón a un Haaland que estaba solo. Podía haber sido el 0-2. Y en pocos minutos el partido ya iba 1-1. Momentos que deciden partidos, ya que esta Inglaterra de Thomas Tuchel tiene carácter. Lo demostró en México en los octavos de final y lo ha demostrado en los cuartos empatando antes del descanso gracias a una jugada en la que Gordon ha conectado con Bellingham. Y el futbolista del Madrid ha unido fuerza y talento para empatar. El dorsal número 10 del equipo ha ejercido de líder con un gol protestado por Noruega, ya que el balón parecía haber tocado uno de los cables que aguanta la spydercam del techo. La FIFA, sin embargo, ha dicho que el chip que lleva el balón no ha detectado ningún contacto. Y el gol ha sumado al marcador.

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Inglaterra quería más. De hecho, al descanso, Tuchel ha hecho un doble cambio enviando al banquillo a Rice y Madueke y haciendo entrar a Eze y Saka para revolucionar las bandas. Pero los cambios no se han traducido en una clara superioridad de una Inglaterra que ha visto cómo el árbitro anulaba un gol de Heggem a la salida de un córner por una falta de Haaland justo antes. Noruega dominaba y quería más, así que Solbakken ha hecho entrar a Bobb y Nusa, dos jugadores eléctricos. Inglaterra, lenta, desconocida, sufría. Y Tuchel ha decidido sacar del terreno de juego al azulgrana Gordon, que había ido de más a menos. Pero Noruega lo ha perdonado con un balón al palo. Y Inglaterra se ha recuperado una vez ha llegado la prórroga.

Lo ha hecho gracias a un disparo en el que Nyland ha dejado el balón muerto a los pies de Bellingham, que no ha perdonado con su cuarto gol en dos partidos. Los ingleses también han celebrado un penalti de Djed Spence, que ha aportado una energía necesaria al equipo. Pero no era penalti, tal como se ha visto después en la revisión del VAR. Noruega veía que el tiempo se acababa. Y para colmo, Haaland no podía más, cansado. Y Solbakken lo ha sacado del terreno de juego en la segunda parte de la prórroga. El partido era emotivo, ya que los dos equipos estaban cansados, con problemas musculares y lesiones. Inglaterra ha sufrido y ha acabado imponiéndose, poniendo punto final a la preciosa aventura noruega en el Mundial. La aventura inglesa continúa adelante.

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