¿Madridismo o estética? Las claves de la fiebre por la camiseta blanca de la selección española

El éxito deportivo, la estética del diseño y las redes sociales han convertido la segunda equipación en un fenómeno que va más allá del fútbol

Sebastián Marín
17/07/2026

Barcelona"Es la camiseta más anhelada del Mundial, sin duda", afirma Karolina, trabajadora de la Adidas Store del paseo de Gracia. Mientras conversamos sobre el fenómeno que se esconde detrás de la camiseta más viral de este Mundial, cinco personas se acercan casi a la vez al estante donde cuelgan las últimas tallas de la segunda equipación de la selección española. Solo quedan algunas de grandes y extragrandes. "Al principio solo la compraban los turistas, pero a medida que ha avanzado el torneo también ha venido mucho comprador nacional. La gente la asocia con una selección que está ganando", explica. Y añade que casi todo el mundo busca los mismos dorsales: "Lamine Yamal, Pedri y Cucurella".

Fernando Morato, de Futbolmanía, una de las tiendas de referencia para los amantes del fútbol, lo resume con una idea clara: "Va más allá del fútbol; es moda". Según explica, esta segunda equipación, de color blanco roto con algún detalle rojo y un trasfondo vintage, rompe con el diseño tradicional y busca "salir del nicho del fútbol para llegar al gran público y convertirse en una prenda más de vestir en el día a día".

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Al otro lado de la plaza de Catalunya, seis manteros despliegan una gran variedad de camisetas, entre las que destaca la famosa equipación blanca de España. Turistas, vecinos y coleccionistas se acercan para preguntar por las últimas tallas disponibles, junto a la nueva camiseta del Barça o la de la Canarinha, un clásico tanto de los Mundiales como de los outfits que llenan las calles de Barcelona.

Más que una camiseta de fútbol

Pol, de Vilafranca del Penedès, reconoce que es la primera vez que se compra una camiseta de la selección española. "No es por moda", asegura, dejando claro que su decisión responde sobre todo al juego del equipo después de haber visto "todos los partidos". "Es una selección que está jugando espectacular", dice. Busca la camiseta de Lamine Yamal tanto para él como para su pareja, pero esta vez no ha tenido suerte.

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"No hay tallas, ni aquí ni en la tienda oficial. Es una locura", explica también Pol, vecino de Barcelona. Mientras conversamos, varios billetes pasan de mano en mano y las camisetas desaparecen dentro de mochilas. En un solo minuto se cierran seis ventas: una cada diez segundos.

La versión oficial ya llega a los 100 euros, pero el precio parece haber dejado de ser el principal factor de decisión. El diseño de este año ha cautivado a muchos aficionados, incluso a algunos que nunca se habían planteado comprar una camiseta de la selección. Es el caso de este barcelonés, culé declarado, que también se estrena con una equipación de España. "Queda mucho mejor para vestir que la primera, la roja, que es muy fea", comenta riendo. Acostumbrado a incorporar camisetas del Barça a sus looks cotidianos, cree que esta también pasará a formar parte de su rotación después del boom que ha tenido en las redes sociales.

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Para Jaume Gil Lafuente, experto en márketing deportivo y profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Barcelona, este éxito no es casual. "La idea era que no fuera solo para aficionados al fútbol, sino una camiseta que la gente pudiera llevar por la calle", explica. Según sostiene, Adidas ha conseguido "captar dos tipos de clientes": los aficionados más veteranos, gracias a una estética vintage que despierta nostalgia, y la generación Z, convirtiendo la camiseta en una pieza de moda urbana más.

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En las redes sociales, una parte de los aficionados ha relacionado el color blanco de la equipación con el imaginario del Real Madrid. Por la calle, sin embargo, esta lectura prácticamente no aparece. Los compradores coinciden en señalar otros motivos: el buen momento deportivo de la selección, un diseño que "entra por los ojos" y el hecho de que, por su color, sea más fácil de incorporar a los looks del día a día que la tradicional camiseta roja. Gil Lafuente añade otro factor: el blanco roto es un color "mucho más neutro" que el rojo, lo que facilita que la camiseta deje de percibirse como una pieza exclusivamente deportiva.

Más allá de los resultados deportivos, el fenómeno también refleja una tendencia cada vez más visible: las camisetas de fútbol han dejado de ser una pieza reservada a los estadios para convertirse en un elemento habitual de la moda urbana. Morato asegura que la camiseta genera un efecto llamada porque "entra por los ojos". "Va de boca en boca y acaba explotando una vez superada la fase de grupos", explica.

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Gil Lafuente cree, sin embargo, que la escasez también forma parte de la estrategia comercial. "Han reducido el stock para que el cliente aún tenga más ganas", afirma. El experto compara esta táctica con "el efecto Ferrari": convertir el producto en un bien exclusivo para que el deseo de conseguirlo aumente aún más.

También se agota la imitación

En la misma línea se expresa Nadir, de Barcelona. Aunque durante años ha comprado camisetas de imitación de la selección, admite que esta segunda equipación despierta una expectación especial. "Es un diseño universal, que combina con todo", dice. Busca la camiseta de Cubarsí y, preguntado por el pronóstico de la final del domingo, es contundente: "Victoria clara, 2-0". Xènia comparte el mismo resultado, aunque, en su caso, la búsqueda responde más a la ilusión por la selección que no a la moda. "Creo de verdad que ganarán el Mundial", afirma. También es la primera vez que compra una camiseta de España.

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Salvo Pol, todos coinciden en los mismos motivos a la hora de recurrir a las imitaciones: el precio y, sobre todo, la disponibilidad. "Son carísimas", lamenta Xènia, que quiere llegar equipada a la gran cita del domingo. Le da igual el dorsal, siempre que sea la camiseta blanca. La demanda también se nota en las tiendas especializadas. "Hemos detectado un aumento muy importante de clientes que, además de comprarla, la quieren personalizada con nombre y dorsal", explica Morato. Mientras tanto, en el Adidas Store del paseo de Gracia continúan desapareciendo las últimas tallas del estante. Con la final a tocar, encontrar la camiseta blanca del Mundial se ha convertido casi en una carrera contra reloj.