La receta de Carlo Ancelotti para ilusionar a 213 millones de personas
La selección que más veces ha ganado el Mundial, Brasil, será dirigida por primera vez en una fase final por un extranjero
BarcelonaCuesta imaginar qué puede poner nervioso a Carlo Ancelotti. El veterano técnico italiano ha dirigido algunos de los clubes donde se trabaja con más presión del planeta, como el Madrid, la Juve o el Chelsea. Ha trabajado bajo la mirada de Florentino Pérez, Silvio Berlusconi o Roman Abramóvich. Ha aprendido cómo hablar con jóvenes jugadores egoístas y con empresarios excéntricos. Sabe cómo tratar a futbolistas generosos y a otros egoístas. Cuesta explicar cuál es su sistema táctico preferido, pero sabe gestionar personas y motivarlas. Por eso recibió la llamada de la Confederación Brasileña de Fútbol hace menos de dos años. Brasil, la selección que más veces ha ganado el Mundial, se encomendaba a él para ser grande de nuevo. Por primera vez en la historia, Brasil llega a un Mundial con un técnico extranjero. Ancelotti no parece nervioso, sin embargo. Se le ve contento.
Aunque Brasil tuvo brevemente un entrenador portugués en los años 40 y un argentino en los 60, que no pasaron de dirigir un par de partidos, hasta ahora los seleccionadores siempre eran locales. Pero el último Mundial ganado por Brasil fue en 2002. La tierra donde el fútbol forma parte de la identidad nacional de manera natural hace años que no consigue buenos resultados, con derrotas dolorosas como la de hace cuatro años contra Croacia y especialmente la humillante derrota 1-7 contra Alemania en las semifinales del Mundial de Brasil. La Federación, pues, apostó por Ancelotti, que después de cerrar su segundo ciclo en el Madrid se mudó a Río de Janeiro. Ancelotti ha escogido esta ciudad y ha fijado su campamento base en un hotel de Barra de Tijuca, una zona muy elegante, y se mueve por el barrio de Leblon, donde se deja ver mucho en un restaurante italiano, ya que añora la comida de su tierra. Pero se ha adaptado bien a Brasil. Va mejorando en su portugués y con su tranquilidad ha ido ganándose el corazón de los brasileños. En 2025 una encuesta decía que solo el 33% de los brasileños creían que podían ganar el Mundial. Ahora la cifra se ha elevado hasta el 60%.
"Ha superado muy bien el obstáculo de ser un entrenador extranjero. Nunca había pasado, llegar a un Mundial con un entrenador extranjero. Él sabe adaptarse muy bien", dice el periodista de UOL Thiago Arantes. Cuando lo escogieron, buena parte del debate iba en esta dirección: ¿qué podía aportar un europeo? Ancelotti ha pasado por encima del debate con tranquilidad. No se habla de su nacionalidad. Cuando un canal brasileño le preparó una sorpresa, un vídeo de sus hijos y nietos animándolo, ver que muchos llevaban la camiseta de Brasil acabó de emocionar a los seguidores de la canarinha.
Pero la clave, al final, será ganar. Brasil no ha conseguido buenos resultados en los últimos años. En algunos momentos vive prisionero de los recuerdos del pasado, especialmente de aquel magnífico equipo de 1970 que fue campeón jugando el fútbol más bonito, equipo al que han dedicado una película estos días. "En Brasil la gente está dividida entre quien cree que Ancelotti está perdido, haciendo muchos cambios y sin saber qué hacer, y los que piensan que está haciendo pruebas pero tiene un plan que funcionará. Creo que él tiene claro lo que quiere hacer. Empezó primero con un equipo con cuatro jugadores ofensivos con Rodrygo, Vinícius, Estêvão y Raphinha, pero con las lesiones de dos de ellos ha ido haciendo evolucionar el equipo, consciente de que el equipo pierde potencial. Mi sensación es que como recuerda el Mundial de 1994, él tiene una referencia muy marcada de la selección de Brasil de entonces: defensa sólida, dos pivotes más defensivos, dos centrocampistas que puedan jugar más abiertos y que se sacrifiquen para hacer brillar a dos delanteros. Diría que jugadores como Bruno Guimaraes, Casemiro, Cunha y Paquetá trabajarán para que Raphinha y Vinícius sean los Romário y Bebeto del presente", apunta Arantes.
Ancelotti suele moverse con un coche lleno de guardias de seguridad detrás para evitar sustos, aunque se le ve incómodo porque prefiere ir a su aire. Cuando puede hablar de fútbol, sonríe más. En una charla que dio ante futuros entrenadores en São Paulo, explicó que "el talento, sin trabajar, no sirve de mucho", una declaración que parecía anunciar que dejaría fuera de la lista a Neymar. Finalmente, lo ha convocado, aunque será suplente. Ancelotti parece entender cómo evitar debates y sumar en positivo y pasa mucho tiempo en Brasil, aunque ha dividido su tiempo entre Río de Janeiro y Canadá, ya que su mujer es de allí. Cuando está en Río, suele cenar con exjugadores brasileños que conoció en Italia, como Branco. Así va aprendiendo y teniendo información para saber cómo gestionar un cargo que él mismo ha definido como "el más complicado" de su carrera.
"Ancelotti sabe adaptarse muy bien a las condiciones y a los entornos. Lo ha demostrado. Es un entrenador ganador, pero no recuperará el jogo bonito. Quiere competir. Él ha prometido más de una vez que Brasil competirá contra las grandes selecciones, no habla de recuperar la esencia del juego brasileño. Él habla de competir. Es pragmatismo", comenta Arantes. El debut será a las doce de la noche del sábado al domingo contra Marruecos, la sorprendente semifinalista del Mundial de hace cuatro años. Será el primer test para Carlo Ancelotti, el italiano que quiere ilusionar a más de 215 millones de brasileños. Y todo, justo cuando el director de cine Paolo Sorrentino ha anunciado que le dedicaría un documental. Hay que saber si la escena final será con una copa entre sus manos o no.