Josep Pedró: "¿Cómo se puede hacer el Dakar en Arabia Saudí si caen bombas?"
Piloto de motociclismo
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BarcelonaPoder participar en el Rally Dakar es el sueño de muchos aficionados al motor. En la casa de los Pedró, padre e hijo lo han conseguido. Si el Josep padre hizo el Dakar más largo de todos los tiempos atravesando África de punta a punta en 1992, el Josep hijo (Barcelona, 1987) ya lleva tres ediciones en Arabia Saudita. En la última fue segundo en la categoría más dura de motos, el Original by Motul, en la que se participa sin asistencia. Ahora prepara la siguiente edición, pero lo hace con inquietud, denunciando que parece imposible hacer la carrera en Arabia Saudita, ya que el conflicto de Yemen y el del golfo Pérsico no permiten garantizar la seguridad, con drones atacando el territorio saudita de forma habitual.
Faltan tres meses para el Dakar y todavía no sabéis dónde se hará. ¿Cómo se lleva esta incertidumbre?
— Bueno, pues es complicado, la verdad. Hace todo un año que estamos así. En marzo se hizo la presentación del recorrido y la mayoría de los participantes estábamos convencidos de que nos dirían que se estaba trabajando en alguna alternativa. Y para nuestra sorpresa nos encontramos con un discurso muy contundente que nos decía que todo estaba controlado, que en Arabia no tendríamos ningún problema y que no sufriéramos, que todo iría bien. Pero a medida que pasaban los meses hemos visto que la cosa no pinta bien, se ha atacado el puerto de Yanbu, donde en teoría tenemos que desembarcar todo el material. ¿Cómo se puede hacer el Dakar en Arabia Saudita si caen bombas?
Desde entonces, ¿cuáles son las vías de contacto que tenéis con el Dakar? ¿Ha cambiado el discurso?
— El discurso oficial ha sido que todo estaba controlado... hasta ahora. Pero todo cambió en el último Rally de Marruecos. Creo que ha sido clave que las marcas oficiales hayan hablado con los organizadores y les hayan dicho que no quieren enviar a sus trabajadores a un país que está en guerra. En Marruecos vino David Castera, el director del Dakar, y habló con muchos pilotos. A mí me emocionó que viniera a hablar conmigo personalmente, ya que quiere decir que ya formo parte de los pilotos con cierto peso. Y el discurso ha cambiado radicalmente. Aceptan que la situación es realmente grave y que ahora mismo no es viable el recorrido previsto. Nos han presentado una propuesta, que sería siempre dentro de Arabia Saudita, pero en una zona diferente, más cercana a Jordania. Una zona más segura. Tienen pocos días para terminar de decidirlo, porque el material se tiene que ir enviando por mar y tarda un mes en llegar. La segunda alternativa, pues, es que el Dakar se haga en Marruecos. Y aquí está todo por decidir. Saber si serían 10 o 20 etapas, en qué zona de Marruecos...
El Dakar ya abandonó sus escenarios iniciales –atravesando el Sáhara– para huir de la inestabilidad política. Ahora puede pasar lo mismo con los escenarios saudíes.
— Cierto. Y eso que es un lugar ideal para la práctica de nuestro deporte, ya que los paisajes son preciosos, exigentes... Zonas enormes para competir donde no hay nadie, cosa que hace que sea muy seguro para nosotros. En Marruecos, por ejemplo, vive mucha gente, y por tanto te encuentras personas dentro y fuera de las zonas de carretera. Y genera un riesgo. En Marruecos hay mucho turismo y mucho tráfico, en Arabia Saudita no pasa. Yo me sentí muy cómodo pilotando en Arabia, pero lo que queremos los pilotos es tener una garantía de seguridad. Si no es seguro, pues vamos a Marruecos. Pero cuanto antes se decida, mejor para todos.
¿Cómo te imaginas un Dakar en Marruecos? Sería un retorno a África...
— Pues dependerá de lo que tengan pensado: puede ser una buena opción o que quede descafeinado. Para mí el punto negativo es la peligrosidad de este terreno para nosotros, para los motoristas. Marruecos tiene muchísimas trampas, es un país donde llueve bastante, y eso hace que el terreno sea un reto para nosotros. Ahora mismo no descarto que se acabe haciendo entre Marruecos, España y Portugal. Si se hace en Europa, para las marcas comerciales que nos ayudan puede ser una buena solución.
¿Este posible cambio de recorrido altera tu preparación?
— Mi preparación es 100% como si fuéramos a Arabia. Si se produce un cambio, el trabajo será más de adaptar el material que no física. A nivel de marcas, mientras tengamos un rally, nos acompañarán, no creo que afecte en negativo, pero los patrocinadores también quieren tener la seguridad de que no habrá un riesgo añadido.
Tu idea es repetir en esta modalidad más aventurera, sin asistencia. Si la moto se avería, la reparas tú mismo. ¿Cómo nace la idea?
— Fue una decisión de último minuto. En principio tenía contrato por dos años con una marca de aquí, y tres meses antes del Dakar nos dijeron que lo dejaban. Me vi obligado a inventarme un proyecto en dos meses con el presupuesto mínimo, porque hasta aquel momento aquella marca me lo pagaba todo. Tenía experiencia de mecánico, así que decidí ir en esa categoría... y fue increíble. Disfruté y aprendí mucho. ¡Descubrí una parte de mí que no conocía lo suficiente y en la que resulta que soy mejor! La mejor parte de mí sale en carreras de larga distancia, soy fuerte psicológicamente. Las personas que somos muy organizadas tenemos un plus a favor. Ahora, el factor suerte siempre está ahí.
Cuando estás haciendo estas etapas maratonianas, ¿hay momentos en los que puedes disfrutar o estás tan concentrado en no tropezar con una piedra que no ves nada más?
— En estas etapas pasas por todos los estados mentales que te puedas imaginar. Tenemos nuestros trucos. Vives momentos de gran concentración y otros en los que sí que puedes levantar un poco la vista y disfrutar de la belleza del paisaje. Tengo grabadas en la retina imágenes de lugares tan bonitos que vivirán siempre conmigo.
Tu padre también estuvo en el Dakar, pero cuando todavía era en África.
— Sí, era una historia diferente. Participó en la edición más larga de todos los tiempos, entre París y Ciudad del Cabo, en 1992. Me explicaba que pasaban por lugares donde había guerra y los organizadores conseguían una tregua. Una vez pasaba el último vehículo, volvían los disparos. Él y otros veteranos me han hablado de lo que era entonces la prueba: ahora es muy diferente. Hoy en día tenemos un nivel de seguridad que en aquella época no existía. Antes la gente moría en el recorrido y allí se quedaba, la organización no era nada profesional.
No eres profesional, lo compaginas con el negocio familiar.
— Tenemos una empresa familiar pequeña, una charcutería. Tenemos una sede en Barcelona y una en Madrid, una idea de mi abuelo. Yo me encargo de coordinar la tienda de Madrid, donde tenemos productos catalanes de calidad. A medida que compito, cada vez cuesta más compaginarlo todo, pero por suerte un hermano me está ayudando. Así puedo competir mejor.