“Ahora hay muchas más restricciones y prohibiciones que antes"
Compañías como Circ Cric, El Perillós, La Tràgica y Sputniks recuerdan los inicios del circo contemporáneo catalán y hacen una radiografía del estado del sector hoy
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Bet Miralta durante una actuación del espectáculo 'Circo, maravillas y variedades', de la compañía Escarlata Circus, en 1987.Raül Miralta / Arxiu de Circ
BarcelonaEn 1976, todos los ingredientes estaban sobre la mesa de las artes escénicas catalanas para que apareciera un nuevo circo contemporáneo catalán. La muerte de Franco dio alas a los jóvenes artistas que, desde hacía tiempo, esperaban la oportunidad para aferrarse a la libertad, salir a la calle y crear. “Nacimos como una utopía”, dice Adelaida Frias, del Circ Perillós. Cuando mira atrás y piensa en aquellos días la artista recuerda, sobre todo, “una especie de alegría, de necesidad de imaginación desbordante, de ganas de moverse, de cambio de época”. Con los Comediants, Joan Brossa, Carles Santos y els Joglars como pioneros y referentes, a finales de los años 70 hubo una explosión de nuevas compañías como Circ Sèmola, los hermanos Poltrona, Picatrons y La Tràgica. Esta última marcó, el 6 de octubre de 1976, el inicio del circo contemporáneo catalán con el estreno del espectáculo Tripijoc joc trip, protagonizado por seis payasos augustos y representado durante la Fiesta Mayor de Sarrià, en una carpa del Patio de los Capuchinos.
“La sociedad era una olla a presión que había reventado. Había una energía brutal, el circo tomó su espacio”, explica Jordi Jané, uno de los miembros de La Tràgica. La compañía se había creado con un montaje anterior de teatro bajo la batuta de Lluís Pasqual, Fabià Puigserver y Guillem-Jordi Graells. “Queríamos profesionalizarnos y decidimos que el siguiente espectáculo fuera sobre los payasos, con la idea de que se enfrentaran a determinadas imposiciones de la sociedad acomodada e incidieran en una reflexión sobre la vida social. El circo que habíamos visto hasta entonces era decrépito, con todos los tópicos negativos adquiridos”, señala Jané. Tripijoc joc trip buscó la fórmula para desvincularse de ello y crear desde la singularidad, alejándose de la tradición.
Tortell Poltrona haciendo el equilibrio de sillas con la barbilla durante una función del Circ Cric, en Sant Esteve de Palautordera.Josep Guindo / Arxiu de CircEl cartel del espectáculo 'Tripijoc joc trip'.Marcelo Grande / Arxiu de Circ
Los hermanos Poltrona –la compañía capitaneada por Tortell Poltrona y Claret Papiol que precedió al Circ Cric– seguían la misma misión. “Los payasos que teníamos aquí solo hacían chistes baratos. Fuimos a París y allí vimos unos payasos mucho más innovadores, que nos inspiraron”, recuerda Montserrat Trias, una de las almas del Circ Cric. “Queríamos inventarnos nuestro propio circo, hacerlo a nuestra manera. Éramos jóvenes e inexpertos, no teníamos habilidades olímpicas. Teníamos música en directo, parodiábamos al trapecista. Si alguna cosa no la sabíamos hacer, le dábamos la vuelta”, añade la artista. En 1978 el Cric hizo su primer espectáculo en el Odéon de Canet de Mar. Tres años después, consiguieron una carpa de 750 localidades y empezaron su aventura itinerante hasta 1983, cuando se tuvieron que disolver por cuestiones económicas. Volverían en 2002 y hasta la actualidad.
La conquista de la calle
A finales de los años 70, el circo emergía sin un espacio de exhibición fijo en Barcelona —el último, el Teatro Circo Olympia, se derribó en 1948—, de modo que los artistas conquistaron la calle. “Es un espacio muy ágil, donde hay público de todo tipo. Se encuentra el espectáculo, lo ve, lo seduces, y si no le gusta, se va”, destaca Frias. La falta de legislación de los espacios y de la práctica artística facilitaba que, en cualquier rincón, un acróbata pudiera subirse y poner a prueba su destreza sin sufrir por permisos ni sanciones. El Circo Peligroso se fundó en 1982 con Frias, Jordi Borrell y Oriol Boixader al frente. “Una de nuestras prioridades era actuar en altura. Teníamos un arco de nueve metros y una escenografía con nidos y cordajes. Aquel arco, que era muy sólido, lo soldó Jordi [Borrell] con un amigo herrero. No estaba homologado. Eso ahora no se podría hacer, y el arco en cuestión valdría mucho más dinero”, subraya el artista.
Un momento del espectáculo 'El veí del balcó' representado en Barcelona este octubre.Cristina CaldererCirc Pistolet en una escena del espectáculo 'Incert', en el Centre Cultural de Terrassa en 2014.Josep Guindo / Arxiu de Circ
Su espectáculo El veí del balcó –que ahora han recuperado con nuevos artistas dentro del ciclo Interrupcions, ligado a la creación de un archivo de circo– reivindicaba justamente el uso de la calle como escenario. “Ahora hay muchas más restricciones y prohibiciones que antes. La calle solo es, prácticamente, para mítines políticos. No hay libertad de expresión en el sentido artístico y creativo, es una tristeza”, lamenta Frias. Poco después de El veí del balcó, el Circ Perillós se disolvió y sus miembros se dedicaron a otras disciplinas artísticas. Eran los años 90 y el circo catalán comenzaba a expandirse: en 1996 nació el Circ d'Hivern de l'Ateneu Popular 9 Barris y, un año después, se celebró la primera Fira del Trapezi de Reus. A pesar de estos saltos adelante, el sector sufría carencias —algunas de las cuales todavía se arrastran hasta hoy.
Un crecimiento exponencial
A lo largo de las últimas cinco décadas, el circo ha ganado reconocimiento y, sobre todo, espacios de formación. En 1969 solo existía El Timbal, la escuela privada de artes escénicas fundada por Anton Font. “Íbamos a los circos tradicionales a ver qué hacían con el trapecio, lo copiábamos y lo hacíamos evolucionar. La acrobacia nos la enseñábamos los unos a los otros de forma totalmente kamikaze. Y a veces caíamos, claro”, explica Frias. A finales de los años 90, sin embargo, las cosas cambiaron. En 1999 se inauguró la Escuela Rogelio Rivel, que desde entonces ofrece formación profesional de circo y cursos de grado medio y grado superior. Joan Ramon Graell, director artístico de La Central del Circ, formó parte de la primera promoción de la escuela.
“En aquella época, en el mundo del circo, más o menos nos conocíamos todos. La gente se entrenaba en una sala entre el bar y el teatro del Ateneu Popular 9 Barris. Ahora el sector ha crecido mucho, casi es inabarcable. Hay muchos más espacios, pero todavía no hay ni una escuela superior ni un gran equipamiento de exhibición”, subraya Graell. Uno de los espacios fundamentales para el circo catalán es La Central del Circ, que se creó en 2008 y en 2011 inauguró su sede. El edificio, situado junto al Fórum, funciona como una fábrica de creación, acoge residencias de artistas y cada día entrenan en él unos 150 acróbatas.
Fotografía de escena del espectáculo 'La gran parada', de Cirquet Confetti. 1990-1994Autor Desconocido / Archivo de CircoLa payasa Pepa Plana actuando en el Centre Cultural de Terrassa en 2015.Josep Guindo / Archivo de Circo
La cantidad de personas que buscan dedicarse al circo ha crecido exponencialmente en 50 años. En los últimos años, esta disciplina artística también ha ganado peso dentro de las instituciones con iniciativas como el Plan Integral de Circo, que se presentó en 2008 impulsado conjuntamente entre la consejería de Cultura y la Asociación de Profesionales de Circo de Cataluña. Once años después nació el Plan de impulso al circo, que contaba con un presupuesto de más de un millón de euros e iniciativas como la ya desaparecida Producción Nacional de Circo. Aun así, los artistas siguen compartiendo la sensación de que el circo es un arte menospreciado. “Hay mucha más gente interesada, pero el circo sigue sin estar al mismo nivel que las otras artes. En el Parlamento, la palabra circo se utiliza más como insulto que como referente cultural. Impera un discurso en la cultura en el que todo debe ser accesible, multicultural y sostenible. El circo ya lo es, pero seguimos relegados bajo la escala de la jerarquía cultural”, lamenta Graell.
Explosión del circo catalán
La precariedad ha obligado a los artistas a abandonar la idea de compañía. Hoy en día la gran mayoría actúan en grupos pequeños o directamente de forma individual para reducir costes y tener más posibilidades de encontrar espacios de exhibición donde trabajar. Nombres como Animal Religion, Baró d'Evel, Joan Català, la compañía “Eia” y Txema Muñoz, entre muchos otros, configuran un amplio abanico de artistas de circo que hacen malabares para ejercer su vocación en Cataluña, pero también fuera. “Estamos en un momento de boom del circo catalán, en el que la calidad y el ritmo de la creación son muy elevados. Hay un circuito de exhibición, pero no es suficiente para la demanda que hay”, afirma Lara Renard, miembro de la compañía Sputniks Cia, que acaba de estrenar el espectáculo Tros en el festival Escena Poblenou.
Desde su compañía trabajan para crear en colectivo y mantenerse unidas montaje tras montaje, aunque no les resulta fácil. “Somos muy militantes, yo querría jubilarme con Sputniks, pero la falta económica de apoyo en la creación y los cachés que se pagan hacen que sea insostenible vivir solo de una compañía. Todas trabajamos con otras formaciones, los calendarios son complicados. Años atrás, los Comediants se dedicaban solo a eso. Ahora es muy difícil”, dice Renard, que añade que los tiempos de creación de los espectáculos de circo son de entre dos y tres años, pero que la vida a la hora de representarlos es cada vez más corta. Una asignatura pendiente que resolvería parte de estos problemas es, según la artista, la existencia de un espacio permanente de exhibición de circo. “Hacer circo de sala en Cataluña es francamente complicado, a los teatros les tira hacia atrás porque les da miedo la acogida que tendrá”, señala Renard. Como ejemplo, destaca el vínculo entre la escuela La Guixera y El Canal de Salt, que los últimos años ha incrementado la presencia del circo en su programación.
Un momento del espectáculo 'Tros' de Sputniks.Ave Amigó / Gala ProduccionsFotografía del espectáculo 'Genuinos imperfectos', de la Cia. Circo Imperfecto en el 2003.Mingo Vallès / Arxiu de Circ
“Hay pequeños circos que empiezan, pero se tiene que ser valiente. Si te dedicas a las artes escénicas no puedes buscar un trabajo con unos horarios y que te dé dinero. Nosotros somos como los saltimbanquis, generamos nuestro propio trabajo y tenemos que tener unas aspiraciones paralelas a la sociedad, con una forma de vida lejos de la convención, que no implique lo que se nos impone socialmente”, explica Montserrat Trias. El Circ Cric renació en 2002 con la ayuda de la Generalitat y la primera salida que hicieron duró siete meses. “Es una de las épocas más bonitas que recuerdo. Éramos una troupe de 40 personas haciendo gira por Cataluña, el País Vasco, España. Incluso llevábamos una maestra que el ministerio nos había puesto para los niños”, dice Trias. Después de cinco décadas haciendo juegos malabares para salir adelante con su pasión, la artista lo tiene muy claro: “Podríamos dejarlo si quisiéramos, pero nos gusta, es nuestra vocación. No buscamos ganar dinero, buscamos llegar a la gente y defender una ética y una filosofía a través de las artes escénicas. Cuando vemos a la gente en la carpa, emocionada y pasándoselo bien, todo esto no tiene precio. Al final, los payasos queremos eso, reír juntos. Y un día sin reír es un día perdido”.
Un archivo para preservar la memoria del circo
Hace dos años, el circo catalán puso en marcha un proyecto para preservar su memoria. La iniciativa, que forma parte del Plan de Impulso al Circo de la Generalitat, consiste en crear una plataforma digital con el material de las compañías, para que esté al alcance de artistas, historiadores y ciudadanos. “El circo veía necesario trabajar su memoria de forma colectiva”, señala el coordinador del Archivo de Circo, Vicent Llorca. El proyecto, que ya ha conseguido 65 donantes, puso el foco en un inicio “en los artistas que tenían materiales que peligraban más a la hora de adquirirlos”. Recogieron fotografías, dossieres de espectáculos, vídeos, trípticos, artículos de prensa, documentos y cartelería, y lo han digitalizado e incorporado a la plataforma, que se puede consultar gratuitamente. “Tenemos 8.000 referencias de 737 compañías y más de 2.500 personas”, subraya Llorca.
Pero el Archivo de Circo no quería ser solo un simple repositorio de documentación. Los impulsores del proyecto entrevistaron a diversos artistas para crear seis narrativas sobre los pioneros del circo, el exilio, los márgenes, las disidencias y el circo de hoy. Además, vincularon el Archivo a propuestas artísticas actuales con el objetivo de convertirlo en una herramienta viva. Así ha nacido Interrupciones, un ciclo con cuatro espectáculos de calle que se han representado en Barcelona a lo largo de octubre. El proyecto del Archivo de Circo culminará a finales de año. “Ahora el sector dispone de un recurso para dar testimonio del circo catalán”, dice Llorca.