Batman pierde sus poderes
La policía de Fráncfort se lleva a un manifestante disfrazado de Batman durante las protestas del movimiento Gen Z Regelt que han afectado a todo el país. La foto podría ser, perfectamente, la viñeta de un cómic. El fotógrafo Kai Pfaffenbach hizo diversos retratos a este personaje durante la noche que coincidía con la celebración de Halloween. Algunas de las escenas que captó estaban llenas de épica, con un Batman triunfante que emergía de entre las llamas de los contenedores haciendo la señal de la victoria con los dedos. Unas imágenes que destilaban un dramatismo poético. Tradicionalmente, Batman ha defendido el orden frente al caos, pero aquella noche participaba en la agitación y el descontrol. El superhéroe que quiere hacer justicia al margen de la ley reivindicaba a pie de calle mejoras en la educación, la sanidad y los servicios sociales, y protestaba contra el encarecimiento de la vida. Pero esta vez no tenía el batmóvil para escapar.
La foto cierra la historia con un final más realista y un poco contradictorio: la paradoja del justiciero detenido. Teóricamente, el superhéroe y los policías deberían jugar en el mismo bando, pero aquí se han invertido los papeles, y él es el malo de la película. Los agentes incluso expresan una cierta indolencia en la mirada a pesar de haber detenido a uno de los personajes más imponentes de la cultura popular. Esta indiferencia ante un superhéroe aporta un punto de comicidad a la foto. Batman parece desprovisto de su fuerza, como si se hubiera resignado a las circunstancias. Es la desmitificación del héroe. Hacen gracia los paralelismos de la indumentaria: los tres de negro, con los protectores corporales y el rostro parcialmente tapado. Pero juntos pierden todo su potencial intimidatorio. La fotografía nos hace esbozar una sonrisa tanto por la vulnerabilidad del superhéroe como por la parodia de la autoridad policial. Batman se vuelve más humano cuando la policía adquiere una dimensión cómica comportándose con diligencia rutinaria ante un mito.
Durante las semanas de revueltas juveniles en las calles de muchas ciudades europeas hemos observado una incipiente carnavalización de la protesta. Hemos visto Batmans y Spidermans más bien barrigudos, Darth Vaders con capa de cartulina, Tortugas Ninja, dinosaurios inflables, payasos, fantasmas y una María Antonieta decapitada circulando por las calles de París. El carnaval tiene como esencia transgredir las jerarquías sociales, y el disfraz actúa como una forma de desafío al poder. En la foto, sin embargo, también leemos la derrota de la fantasía, de los grandes ideales, frente a la realidad.