'Blade runner': Menos mal que empezamos a separar rechazo y orgánico
Hay muchas películas que no he visto. Para que os hagáis una idea de la magnitud de la tragedia, hasta el confinamiento no había visto Dirty Dancing (¡qué maravilla!) ni Pretty Woman. He querido aprovechar esta serie de artículos para llenar de manera eficaz algunas de mis lagunas cinematográficas. En una época de oferta audiovisual masiva y atomización absoluta de los canales, yo curo mi FOMO en diferido. Esta semana he visto Blade Runner por primera vez.
Anotaciones que escribo mientras miro 'Blade runner' por primera vez
- Cosas que ya sabía: larga, oscura, replicantes, Harrison Ford y un monólogo chulo, naves más allá de Orión y no-sé-qué. Ya sabéis que las películas se citan en castellano, porque el cine imita la vida y en nuestra vida hay DIGLOSIA.
- Está ambientada en el año 2019. Así era la previsión desde 1982 de cómo sería el mundo. Y habría sido así, pero empezamos a separar el rechazo de lo orgánico y cambiamos el curso de la historia. De nada, especies no extintas.
- Qué angustia vivir en un mundo donde tienes que demostrar constantemente que no eres un robot. Yo siempre me equivoco al resolver los captchas que se supone que deben determinar que no eres uno. ¿Qué hay más humano que el error? Me gustaría pasar el test Voight-Kampff a gente que conozco; a mi gestor, por ejemplo.
- Queda claro el peligro de entrenar unas IA con poder mortífero. Nosotros no las estamos utilizando para colonizar planetas peligrosos, sino para revisarnos los excels y resolver problemas matemáticos que hacíamos en 2º de ESO sin dificultades. Así les estamos haciendo saber que somos estúpidos y que nos pueden dominar cuando quieran.
- Etiqueta futurista: es de mala educación decirle a alguien que es un replicante, sobre todo si hasta ahora no lo sabía.
- La escena del beso entre Deckard y Rachael pone los pelos de punta. Sorprendentemente, desemboca en una historia de amor. En el futuro no hay espacios verdes ni consentimiento, por lo visto. ¿Qué busca Deckard en una criatura vulnerable e ignorante de tantas cosas? La respuesta es: una relación de igual a igual.
- El estilismo de los dos replicantes protagonistas, Roy Batty y Pris, es el de dos personas recién salidas de un after de Berlín durante el rodaje.
- El título del libro en el que se basa la película es ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?: tierno, reflexivo, evocador. Blade runner: guapo, testosterónico, te sirve también para unas maquinillas de afeitar.
- Sale un beso homosexual (¡oh!), pero sirve para matar a alguien (¡ooh...).
- Muy interesante cómo una inteligencia artificial incorpora la noción de la muerte y se enfrenta a su propia finitud. Yo con el calor de este verano he soñado con una obsolescencia programada de cuatro añitos.
- Pelos de punta con el monólogo final, que Rutger Hauer editó por iniciativa propia con mucho acierto. Entiendo que esto animó a muchos actores a retocar sus líneas, en general con menos éxito.
- Me parece increíble que este Ridley Scott, el de Blade runner, sea el mismo Ridley Scott de Thelma y Louise. Eso no es ser versátil, eso es que te hayan fabricado un replicante para dirigirte una sola película y que después te hayan… retirado.
- (Apunte lateral: Ridley y Scott parecen los nombres de dos labradores hermanos muy ricos que tienen redes sociales propias y que se pasan el día en la piscina.)
- Habría sido coherente pedirle a una IA que me redactara esta columna, pero supongo que soy una romántica. (Y todavía conservo una pizca de ética profesional.) (Ahora se cuelga medallas por no ser una estafadora.)
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Veredicto: increíble ambientación y música, historia de la ciencia-ficción y del cine a la vez. Me habría gustado que hubiera menos metraje de Harrison Ford apalizando roombas humanoides dentro de casas que necesitan urgentemente una reforma.