Una casa que es bosque

Casa Bosque. Ágora Arquitectura (Camprodon)

5 min
La casa bosque de Àgora Arquitectura.
06/11/2026 - 08:10 h

El proyecto lleva el nombre de Casa Bosque porque lo es. Esta vivienda no solo mira al bosque sino que, de tanto como lo deja entrar, se convierte en bosque. En Camprodon, la casa hace que la naturaleza no sea solo el paisaje que se contempla desde la ventana, sino una presencia constante en la vida doméstica. Las aberturas correderas ensanchan los límites de un hogar que no tiene más de 60 metros cuadrados y conectan los espacios interiores con los árboles que la rodean. Cuando se abren, el bosque se alarga hasta dentro; cuando se cierran, la luz y las sombras siguen formando parte de la casa.

Obra de Àgora Arquitectura, un estudio fundado en Barcelona por los arquitectos Joan Casals Pañella y José Luis Cisneros Bardolet, la Casa Bosque nace de una mirada crítica sobre la ocupación del territorio, de un terreno del cual se enamoró el ahora propietario. Cuando llegaron a la parcela, en la urbanización periférica de Camprodon donde se ubica, encontraron árboles talados, un camino para los vehículos y el terreno aplanado. Quedaba, sin embargo, una porción de bosque que todavía se podía recuperar. Y la respuesta fue reducir al mínimo la huella de la casa, sacar fuera del entorno de la casa los coches y devolver protagonismo al bosque. Se recuperó la pendiente natural del solar, se buscó para la casa una posición protegida por los árboles y se planteó una cimentación mínima. El acceso, ahora, es un camino hecho de traviesas de tren recicladas que se adentra entre la vegetación e invita a detenerse antes de llegar a la vivienda. El mismo recorrido hacia el hogar forma parte de la experiencia de vivir en ella.

El exterior de la casa.

Un espacio de relación

La casa se inserta en un bosque que no es un decorado, sino su espacio de relación. Su escala contenida, estas dimensiones de 60 m² construidos, evita competir con los árboles. Desde el interior, las aberturas enmarcan fragmentos de vegetación y dejan que el paisaje cambie según la hora o la luz. Las puertas correderas pueden abrir completamente tramos de fachada y convertir el espacio doméstico en una prolongación del exterior. No se trata tanto de tener vistas como de convivir con el bosque.

Esta continuidad se traslada a la planta. La casa no se distribuye en habitaciones con funciones cerradas, ya establecidas: hay tres espacios indeterminados, adaptables a diferentes maneras de habitarlos, y un núcleo fijo que concentra los servicios. Es la manera de dejar margen para que los usos cambien con el tiempo y sean los mismos habitantes quienes definan qué pasa en cada lugar. Así, el núcleo central agrupa la cocina y el baño, además de resolver la llegada principal a una casa que, sin embargo, facilita la entrada y la salida por cualquier lugar. La cocina ocupa una posición central, como espacio de encuentro. El baño, en la parte más oscura, recibe luz natural a través de dos pequeñas claraboyas. Este volumen ordena el resto de espacios sin compartimentarlos del todo.

La cocina de la vivienda.
El lavabo de la Casa Bosc.

En la Casa Bosc, además, la materialidad refuerza esta voluntad de pertenencia, de ser. La construcción combina madera laminada, paneles de corcho y tableros de OSB. También aprovecha materiales de la misma obra o reutilizados: las virutas generadas durante la construcción sirven de aislamiento; las traviesas de tren recuperadas van al camino de acceso, y las piedras de la excavación son el drenaje de la cubierta. El proceso reincorpora al proyecto aquello que la misma construcción genera. Además, este proyecto es también el ensayo de un sistema constructivo que quiere ir más allá del emplazamiento que tiene. Antes de llegar a Camprodon, la vivienda se prefabricó en un taller situado a unos 150 kilómetros del lugar. Allí se prepararon y ordenaron las piezas para que el montaje fuera más sencillo. La estructura de madera y los cerramientos se transportaron desmontados, en piezas de fácil manipulación. Mientras en el taller se preparaba la casa, en Camprodon se adecuaba el terreno. La prefabricación duró tres meses, y el montaje, uno. Es una manera de construir que controla el proceso y reduce el trabajo a pie de obra. También quiere hacer el sistema reproducible y accesible. Por eso, los arquitectos han elaborado un manual de autoconstrucción, con instrucciones para montar la estructura, los cerramientos, la cocina, el baño y la cubierta.

El interior de la casa.
El interior de la casa.

El sistema parte de un módulo base de 13,5 metros cuadrados, combinable con otros para crear diferentes configuraciones. La Casa Bosque es una de las concreciones posibles de esta investigación, no un modelo único que se deba repetir. Y si la flexibilidad es uno de los requisitos de la contemporaneidad, el proyecto propone dos formas de flexibilidad: la de los espacios, sin un uso asignado estrictamente, y la del sistema constructivo, adaptable a otros contextos y abierto a la participación. Así, la sostenibilidad no se limita a los materiales o a la reducción de residuos, también consiste en ocupar menos, intervenir con cuidado en el terreno y recuperar la relación con el paisaje. En Camprodon, la Casa Bosque pone esta idea a prueba: una arquitectura de dimensiones contenidas que no se impone en el lugar, sino que le hace espacio. El resultado es una vivienda donde el bosque no queda al otro lado del cristal. Forma parte de la vida cotidiana, entra con la luz, con el aire y con las estaciones.

Si bien la cocina y el baño de la Casa Bosc se han situado como núcleo central, también para recoger en un solo lugar todas las zonas húmedas, el resto de espacios son una serie de estancias abiertas tanto entre ellas como hacia el exterior, a las cuales se les puede dar la función que se quiera e, incluso, cambiar su uso según las estaciones y los momentos de la vida. Los de Àgora Arquitectura y también los clientes han querido que los espacios no sean unos más importantes que otros, sino que todos puedan tener la misma consideración.
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