Thomas Piketty: "La concentración de riqueza es un riesgo para la democracia"
Economista
Su libro El capital en el siglo XXI (2013) lo catapultó a la fama mundial. Pero ya entonces hacía más de una década que el economista francés Thomas Piketty era uno de los nombres más respetados de la teoría económica, como cofundador de la Paris School of Economics y cocreador del World Inequality Database. Especialista en el estudio de las desigualdades y la distribución de la riqueza, Piketty presenta ahora el Informe sobre la justicia global (Global Justice Report), un ambicioso plan de ruta económico que plantea cómo se puede eliminar la desigualdad mundial y frenar la crisis climática antes del 2100.
La desigualdad, profesor Piketty, no es inevitable, dice el informe. ¿Qué es lo más determinante?
— Todo el sistema social, fiscal y legal de hoy no tiene nada que ver con lo que era hace cien años, cuando no había servicios públicos para acceder a la educación o todas las infraestructuras públicas. La escala de la renta y de la riqueza hoy es muy desigual, pero hace cien años en Europa aún lo era mucho más. En una ciudad como París, donde estamos ahora, hace cien años el catastro estaba organizado de tal manera que o bien eras propietario de todo el edificio o no tenías nada. Continúa siendo muy desigual, pero no es el mismo mundo.
Por lo tanto, el acceso a la propiedad es uno de los grandes cambios.
— La transformación del sistema fiscal, del sistema social y también de la noción de propiedad ha cambiado. Hace cien años podías despedir a un trabajador o reducirle el salario de un día para otro. Podías echar a un inquilino o doblarle el alquiler cuando quisieras. El propietario tenía todo el poder. Hoy los propietarios todavía tienen demasiado poder, haría falta una gobernanza más participativa de las empresas y un acceso más fácil a la vivienda, pero no pueden hacer lo que quieran. Lo que ha cambiado realmente es la distribución del poder, no solo la distribución del dinero.
El 10% más rico posee aproximadamente el 70% de la riqueza mundial. ¿Puede sobrevivir la democracia con este nivel de concentración?
— Es un riesgo. En Europa es un poco menos, pero el 10% más rico ya posee entre el 50% y el 60% de la riqueza total. Hace cien años era entre el 80% y el 90%. Pero continúa siendo enorme. Y creo que no se puede tener una democracia real sin una parte mucho más sustancial para el 50% de abajo, para el 90% de abajo. En el Informe sobre la justicia global, en nuestro escenario de base, el 50% más pobre del mundo pasaría de aproximadamente el 2% de la riqueza total actual al 30% a finales de siglo. Todavía sería menos que su peso en la población, pero sería un cambio enorme. Y la parte que va a los multimillonarios haría el movimiento inverso.
¿Los multimillonarios son sobre todo resultado de la innovación, o de los monopolios, la herencia y los privilegios fiscales?
— Y de la pura suerte. Es una mezcla. No se debe completamente a la fiscalidad ni a los monopolios, pero ha contribuido. Hace veinte años, el hombre más rico del planeta –porque siempre son hombres, no mujeres– era Bill Gates, que tenía quizás unos 30.000 millones de dólares. Después los más ricos llegaron a los 200.000 millones. Y ahora hablamos de un billón de dólares para el hombre más rico del planeta. Si hubiera crecido al mismo ritmo que la economía mundial, podríamos decir que, de alguna manera, es aceptable, pero no es así, realmente está explotando. Hay poder de monopolio y hay privilegios fiscales, sin duda. Los tipos fiscales que se pagan en la cúspide han bajado prácticamente a cero. Y, sobre todo, el modelo de desarrollo que los multimillonarios proponen para el futuro no es bueno. La idea de que se pueden afrontar los retos ambientales y sociales del futuro acumulando cada vez más riqueza en un grupo muy pequeño de personas, construyendo centros de datos por todo el mundo y aumentando siempre más la huella material, la extracción minera y las necesidades energéticas. Si estuvieran preparando un buen futuro para nosotros, se podría decir: de acuerdo, ¿por qué no dar el poder a los multimillonarios? Pero cualquiera puede ver que no es un buen modelo.
Permítame ser un poco ingenua. ¿Por qué los sistemas fiscales se vuelven menos progresivos justo en la parte más alta?
— Porque colectivamente no le hemos prestado suficiente atención. La gente de arriba ha invertido mucha energía y recursos –medios, think tanks, financiando campañas políticas– a hacer lobby para conseguirlo. Pero todos tenemos también una responsabilidad por haber dejado que esto pasara. En noviembre habrá en California un referéndum sobre un impuesto excepcional del 5% sobre la riqueza de los multimillonarios. Y podría ganar: las encuestas dan un 60%- 65% de apoyo al impuesto. Lo que es interesante es que el referéndum lo han impulsado las enfermeras y trabajadores del sector sanitario. No se trata de gravar a los multimillonarios por ser malo con ellos, sino porque hay prioridades que los multimillonarios no tienen en cuenta, como la transición climática o el sector sanitario.
¿Cómo se puede evitar que los multimillonarios simplemente trasladen su riqueza al extranjero?
— Hay que gravarlos igualmente. La mejor manera es hacerlo en proporción a los años de residencia en un país. Si un multimillonario ha pasado los primeros 60 años de su vida en Francia y cuando cumple 61 se traslada a Suiza, pagaría 60 dividido por 61: es decir, sesenta y unavos del impuesto que correspondería a un residente. Al año siguiente, con 62, todavía pagará 60 dividido por 62 como fracción del impuesto que correspondería a un residente. El problema de la evasión fiscal se puede resolver muy fácilmente así. La gente puede marcharse si quiere, pero no reducirá mucho sus impuestos. Creo que es el mejor criterio, porque los multimillonarios no han construido su riqueza solos, han tenido acceso a los servicios públicos, infraestructura pública, un sistema legal... Toda creación de riqueza tiene un origen colectivo. Y esto es lo que les debemos recordar.
¿La riqueza financiera y la riqueza empresarial productiva deberían gravarse de la misma manera?
— Toda riqueza es productiva por definición, tanto si la pones en un edificio como en una empresa, una vivienda o en una tienda. Si quieres eximir la riqueza que es útil, no deberías gravar ninguna riqueza. Hay mucha hipocresía en este argumento de eximir la riqueza productiva, solo se utiliza cuando hablamos de los multimillonarios.
¿Cuál es su solución?
— Cuando tienes un impuesto sobre la riqueza, pongamos del 5% sobre un multimillonario, a veces dicen que no tienen suficiente efectivo. No hace falta efectivo. Puede simplemente transferir el 5% de su cartera de acciones a un fondo soberano. Esto es lo que proponemos en el informe. El fondo soberano podría decidir inicialmente mantener la misma cartera, y no cambia nada, es simplemente una transferencia de propiedad. Pero con el tiempo, el fondo soberano podría tomar decisiones de inversión diferentes. Quizás tendríamos menos centros de datos por todas partes y un poco más de placas solares e infraestructuras de transporte. Parte del dinero podrían ir a sanidad y educación. Podemos reorientar la inversión hacia nuestras necesidades reales.
¿Y si no hay efectivo para pagar y no hay diferencia en el origen de la riqueza, cómo puede un impuesto sobre la riqueza evitar que una empresa familiar, por ejemplo, tenga que vender?
— Nosotros no queremos efectivo: queremos control sobre activos, queremos un fondo soberano. La gente no lo quiere porque no quiere perder control, pero no hay ningún problema técnico, todo es un problema de poder. Quieren mantener el control total de su cartera. Pero lo siento: esto no es el interés público. Porque la manera como están preparando el futuro nos lleva a una catástrofe climática. Si estuvieran resolviendo la crisis climática por nosotros, ningún problema: quédense todo el poder, no necesitamos elecciones, gobiernen el mundo. Sé que esto es lo que quieren. Pero no está funcionando.
¿El modelo nórdico es realmente una cuestión de impuestos sobre la riqueza, o de salarios, sindicatos, servicios públicos y confianza?
— Es todo esto, pero también requiere un equilibrio entre riqueza pública y privada. La parte de la riqueza pública dentro de la riqueza nacional total en Europa en los años 70 era aproximadamente del 30%. Nunca fue superior al 50%, pero era una parte significativa. Era una época con una deuda pública relativamente pequeña y unos activos públicos importantes: no solo hospitales y universidades públicas, también algunas empresas públicas. Este 30% ha ido bajando por las privatizaciones y el aumento de la deuda pública. Hoy es del 10% o menos. Y en países como los Estados Unidos incluso es negativa: hay más deuda pública que activos públicos. Esto no es un buen modelo, porque el interés público debe tener control sobre algunos activos. En nuestro plan, volveríamos gradualmente a unos activos públicos en la riqueza nacional del 20% o el 30%. Y el fondo soberano poseería aproximadamente el 10% del stock total de capital. El modelo que tenemos en mente sería como el fondo soberano de Noruega hoy, que tiene el equivalente al 500% del PIB noruego en activos totales.
Es un fondo que proviene del petróleo...
— Sí, y estos combustibles deberían haber quedado bajo tierra. Por eso nuestra solución para crear un fondo soberano es a través de la fiscalidad sobre multimillonarios, que a menudo han hecho fortuna con el petróleo y han contribuido a las emisiones de carbono. Lo que proponemos es tener un impuesto global sobre la riqueza, pero también se puede hacer a escala nacional, tomando una parte de esa riqueza para ponerla en un fondo soberano como el de Noruega. No se trata de tener el 100% de algunas empresas, sino el 10% o el 20% de muchas empresas, o el 5% en muchos sectores. Tener una participación importante permite influir en los estándares laborales, ambientales y éticos de la empresa. Este es el modelo que tenemos en mente: fondos soberanos en todas partes. Muchas personas, tanto de izquierdas como de derechas, sienten que es necesario recuperar el control sobre las grandes decisiones estratégicas de inversión. Algunos a la derecha querrían invertir más en sectores militares. Yo preferiría invertir más en energía baja en carbono y transporte. Es una decisión democrática. En el fondo soberano noruego, hay deliberación en el Parlamento noruego sobre los criterios del fondo soberano.
¿En España o en Francia, la vivienda es el principal escollo para la igualdad?
— Sí. La vivienda es una de las mayores dificultades para las clases medias y los grupos de bajos ingresos en toda Europa. La solución debe provenir de un análisis de la distribución del parque de viviendas. Hay personas en París que tienen apartamentos enormes, a veces vacíos. Y familias numerosas viviendo en apartamentos muy pequeños. En algunos casos también hay que construir más, pero en muchos casos, con el stock de viviendas que ya tenemos en nuestras ciudades, podríamos reorganizar y redistribuir los usos de la vivienda.
¿Un registro global de activos financieros es condición previa de su proyecto?
— No lo es. Los países individuales ya pueden tener impuestos sobre la riqueza por su cuenta. Solo tienen que decidir que, si abandonas el país, sigues sujeto al impuesto. Si la gente no paga el impuesto, pero tiene activos en el país, se pueden embargar activos. Si continúan sin pagar, tienen que afrontar consecuencias como todo el mundo que no paga impuestos. No se puede permitir que haya una doble vara de medir para los ricos. Ahora bien, si tienes una coalición más grande de países, puedes hacer todavía más. El Informe sobre la justicia global intenta resolver un problema global: el calentamiento global no lo resolverán Francia o España solas, hace falta una coalición. Hay muchas cosas que cada país puede hacer en términos de redistribución interna, pero si el problema que intentas resolver es el desarrollo global, hay que afrontar el hecho de que los países del Sur Global aspiran a alcanzar un nivel de prosperidad como los del Norte Global.
Y lo harán como se ha hecho hasta ahora...
— Si todos los países del Sur Global hacen lo mismo que los Estados Unidos en cuanto a extracción de combustibles fósiles, el planeta simplemente explotará. Habrá rivalidades geopolíticas y conflictos por los recursos. Ahora el presidente de los Estados Unidos dice: "Necesito combustibles fósiles. Cogeré todas las reservas fósiles de Venezuela o de Irán; y si mi opinión pública no me sigue, mala suerte". Vivimos en este mundo, en el que el conflicto por los recursos y la profundización constante del extractivismo y del uso de combustibles fósiles no se detendrá si no hacemos algo. Lo que intentamos hacer en el Informe es decir: de acuerdo, conocemos el objetivo tecnonacionalista, es muy claro. El problema es que la otra parte –la gente más internacionalista, que cree en la justicia global, la justicia económica y la justicia climática– no pone sobre la mesa una alternativa. Nosotros intentamos contribuir a ella.
Con un impuesto global sobre la riqueza...
— Necesitamos un fondo global para financiar inversiones en energía baja en carbono en el Sur Global, de manera que estos países puedan enriquecerse sin llegar a los 4 °C de calentamiento. En el Informe sobre la justicia global planteamos un escenario en el que todos los países pueden alcanzar la prosperidad y al mismo tiempo mantenerse por debajo de los 2 °C. Nuestra conclusión es que esto es posible, pero exige mucha redistribución, compresión de la desigualdad, desmaterialización de la economía. Si continuamos con las proyecciones actuales de extracción de combustibles fósiles de los Estados Unidos y otros países hacen lo mismo, nos encaminamos hacia los 4 °C a finales de siglo y hacia un futuro completamente distópico. Y esto es particularmente estúpido porque las nuevas necesidades económicas que se inventan para justificar esta mayor extracción de recursos no son las más importantes desde el punto de vista del bienestar.
¿Puede la Unión Europea sobrevivir sin una auténtica política fiscal común?
— Creo que Europa necesita políticas comunes, también comerciales, aranceles comunes. Pero si Europa no lo hace, los países individuales lo deben hacer. Esperar simplemente la unanimidad a escala europea creo que es una pérdida de tiempo. O bien un subconjunto de países europeos acepta avanzar hacia la toma de decisiones por mayoría, o bien los países individualmente lo deberían hacer. Lo que está pasando ahora con la competencia de China en nuevos sectores manufactureros, destruyendo millones de puestos de trabajo mientras Europa no hace nada, es un disparate absoluto desde el punto de vista social y ambiental – estas mercancías viajan 10.000 kilómetros– y desde el punto de vista chino, porque China no necesita este enorme superávit comercial: debería aumentar los salarios chinos para incrementar el consumo interno. Este modelo de desarrollo basado en acumular cada vez más superávit comercial es completamente absurdo.
¿Por qué lo hacen?
— En parte por un sentimiento de inseguridad ante los sistemas financieros globales. En parte porque no hemos transformado el sistema monetario internacional para disponer de una moneda de reserva internacional, cosa que proponemos en el informe y hacia la cual ya hemos empezado a movernos. El Fondo Monetario Internacional tiene una moneda interna, los derechos especiales de giro, que se ha incrementado bastante después de la crisis financiera de 2008 y de la covid de 2020. Creemos que en el futuro, cuando haya nuevos choques climáticos, habrá más emisiones de esta moneda internacional, que podría ir a los bancos regionales de desarrollo y contribuir a financiar inversiones climáticas.