La tortuga Jonathan es el animal vivo más longevo que se conoce, pero solo en el mundo terrestre. Los tiburones de Groenlandia pueden llegar a vivir más de tres siglos y quizás más de cuatro. En el año 2016 se realizó un estudio a 28 hembras de esta especie que se habían pescado accidentalmente y se encontró una que, según la datación de radiocarbono de sus ojos, tenía 392 años. El margen de error de la datación, sin embargo, es de 120 años, lo que significa que podía tener entre 272 y 512 años. Pero el animal vivo que se considera más longevo es uno que, de hecho, nunca muere o al menos no por envejecimiento: la medusa inmortal. Con el nombre científico Turritopsis dohrnii, esta medusa tiene la capacidad de revertir su ciclo celular de forma indefinida, de forma que nunca envejece.
Jonathan, la tortuga de 194 años que nos puede ayudar a vivir más
Los científicos estudian el ADN del animal terrestre vivo más longevo del mundo, una tortuga de las islas Seychelles
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Cuando Jonathan nació, Charles Darwin solo tenía 23 años. Esta tortuga gigante de la especie Aldabra es el animal vivo (terrestre) más longevo del mundo que se conoce. Tiene 194 años y todavía hoy se pasea, a paso muy lento, por los jardines de la Plantation House, que es la residencia del gobernador de Santa Helena, una de las islas Seychelles. Ha perdido la vista y el olfato, y le tienen que dar la comida (básicamente lechuga y zanahorias), pero todavía está activa y pesa unos 180 kilos. Ahora, los científicos han estudiado su ADN para intentar extraer datos que nos ayuden a vivir más.
Su fecha de nacimiento, oficialmente reconocida como el 4 de diciembre de 1832, es un cálculo aproximado. Se sabe que llegó a la isla de Santa Helena en 1882, como un regalo para William Grey-Wilson, administrador colonial británico que poco después se convertiría en el gobernador de la isla. Se cree que en aquel momento, cuando se instaló a vivir en los jardines de la residencia del gobernador -donde todavía vive ahora-, ya tenía 50 años. Y estamos hablando de hace 144 años. En aquella época, las tortugas gigantes empezaban a verse como curiosidades científicas y eso la salvó del destino que condenó a diversas especies de tortuga de la zona: la caza en alta mar como comida de los marineros.
Las tortugas de Aldabra (Aldabrachelys gigantea) son animales especialmente longevos, pero el caso de Jonathan supera todas las expectativas. Por eso, un equipo de científicos internacional ha querido analizar su ADN y ha publicado los resultados en la revista Science Advances. Le extrajeron muestras con un raspado en el interior de la mejilla, para evitar pincharla.
El estudio confirmó que el metabolismo de Jonathan es mucho más lento que el nuestro, y que el de otros animales de su especie. Pero no solo eso. El estudio identificó hasta 287 genes con variantes genéticas únicas, que solo tiene Jonathan. De estas, había al menos 22 que eran especialmente positivas para prevenir el envejecimiento celular, porque controlan procesos clave del cuerpo, como la reparación de los daños en el ADN, la reducción de la inflamación, la regulación de la insulina y la supresión del cáncer.
El epigenoma de Jonathan, es decir, las "etiquetas" que activan y desactivan los genes, se ha mantenido extraordinariamente estable a lo largo de sus dos siglos de vida. En la mayoría de animales, incluidos los humanos, estos mecanismos de activación de los genes terminan fallando, se van deteriorando o desorganizando, y esto hace que las células envejezcan y que no se reparen los daños en el ADN. Pero los de esta tortuga de las Seychelles todavía funcionan como un reloj.
"El genoma de Jonathan nos ofrece un modelo de resiliencia celular. Ahora nuestro objetivo es aprovechar estos conocimientos evolutivos y traducirlos inmediatamente en tratamientos prácticos y asequibles para la gente corriente", dijo a Efe otro de los autores del estudio, Stephen Clark, director de la fundación Kallel, que estudia los procesos de envejecimiento.
En sus dos siglos de vida, Jonathan ha vivido el auge de la Revolución Industrial, dos guerras mundiales, el proceso completo de colonialismo y descolonización de África, diversas pandemias y revoluciones tecnológicas, y una crisis climática que ahora amenaza su propia isla. Pero quizás todavía vivirá lo suficiente para ver cómo su ADN ofrece a los humanos el ansiado elixir de la longevidad.