Cada casa, un mundo

El paisaje es quien habita la casa

Ses Clotades. Marià Castelló y Lorena Ruzafa Arquitectes (Formentera)

10/07/2026

En Ses Clotades, en Formentera, los arquitectes Marià Castelló y Lorena Ruzafa convierten la arquitectura en una prolongación del paisaje. Levantada en el istmo que une La Mola con el resto de la isla, en un territorio modelado durante siglos por el movimiento de las dunas y donde las pequeñas colinas arenosas, los "clots", el pinar y los antiguos campos de cultivo dibujan un relieve cambiante, la casa asume todo este entorno natural sin intentar domesticarlo. Más que ocupar el lugar, ha encontrado su lugar.

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Desde el primer momento, la experiencia de esta casa está marcada por los contrastes. La luz intensa del exterior se filtra entre los pinos antes de llegar a los patios, y la rugosidad del hormigón convive con la calidez de la madera y de los materiales naturales. Todo parece pensado para que el paso de las horas sea tanto o más presente que el mismo edificio.

Los patios son mucho más que un recurso formal. Diluyen los volúmenes, introducen aire y luz en el corazón de la casa y convierten cada recorrido en una sucesión de descubrimientos. El interior nunca se percibe como un espacio cerrado, siempre hay una mirada que se escapa hacia los árboles, un fragmento de cielo o una sombra que se desplaza lentamente sobre los muros.

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La distribución responde también a una manera flexible de habitar. El cuerpo principal, el que está más escondido entre los pinos, concentra los espacios comunes en una planta abierta donde cocina, comedor y sala de estar comparten una misma atmósfera y se extienden de manera natural hacia las terrazas. En la planta superior, el dormitorio principal busca la intimidad entre las copas de los pinos, y la cubierta se transforma en un mirador desde donde el paisaje se abre hasta Ibiza. El segundo volumen, más reservado, acoge los dormitorios de los invitados, y mantiene una autonomía que permite adaptar la casa a diferentes maneras de ocupación. Entre ambos, una galería actúa como corazón real del proyecto. En verano se disuelve completamente y se abre al viento como porche, mientras que en invierno funciona como un espacio templado gracias al efecto invernadero. No es solo un lugar de paso, es un espacio para detenerse, leer, conversar o simplemente contemplar los movimientos de la luz. En todo caso, en Ses Clotades incluso el sótano desafía los tópicos. Lejos de convertirse en un espacio oscuro, los patios hacen llegar la luz natural y crean una atmósfera inesperadamente serena. Biblioteca, gimnasio y espacios de servicio comparten esta cualidad casi subterránea, en la que el contacto con la tierra transmite una sensación de refugio.

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La sostenibilidad aquí es una consecuencia directa de la manera de entender el lugar. La ventilación cruzada, los sistemas de sombra, la captación solar, la recogida de agua de lluvia y el uso de corcho natural y cal recuperan una lógica constructiva que siempre ha formado parte de la arquitectura mediterránea para aprovechar los recursos. También la materialidad contribuye a la sensación de permanencia. El hormigón, la madera, las texturas minerales y los acabados naturales están pensados para que el tiempo deje huella sin perder calidad. La casa no aspira a mantenerse inmutable, sino a envejecer al mismo ritmo que el paisaje.

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Con la contribución de la artista Elena Vinyárskaya, todo adquiere una dimensión doméstica sin eclipsar la arquitectura. Ses Clotades acaba transmitiendo la idea de que el bienestar es el tiempo que se alarga bajo un porche, la luz que cambia sobre los muros, el viento que atraviesa una galería abierta o la posibilidad de sentir que, durante unas horas, es el paisaje quien habita la casa.

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Una habitabilidad flexible

La vida cambia con el tiempo y la casa debe poder cambiar. Así, el proyecto de Marià Castelló y Lorena Ruzafa define los espacios de cada uno de los volúmenes pero propicia que se pueda cambiar su uso y se puedan independizar si se necesita.

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Tres volúmenes para una sola casa

La composición de Ses Clotades se construye a partir de tres volúmenes que trabajan conjuntamente sin perder su identidad particular. Sobre una plataforma de hormigón reposan dos volúmenes emergentes destinados a la vivienda, y un tercero, empotrado en el terreno, que acoge los espacios complementarios y la gran cisterna de recogida de agua. El cuerpo principal, más alto, se perfora con patios que reducen su presencia y lo conectan con el pinar. El segundo se muestra más compacto y reservado. Entre ambos, una galería transparente funciona como una bisagra climática y espacial: es acceso, porche, distribuidor y espacio de estancia. Esta articulación permite que cada volumen responda a una función específica mientras la experiencia de la casa se mantiene continua y fluida.