Russell Brand, el mismo narcisista chulo de siempre
El actor y presentador británico Russell Brand baja de un Mercedes negro ante la sede del Tribunal Penal de Southwark, en Londres. Las gafas de sol, la corbata desatada sobre el pecho, su manera de arreglarse los pantalones y los aires de superioridad recuerdan más a la llegada de una celebridad a la Semana de la Moda de París que a la comparecencia de un acusado ante la justicia. Brand se enfrenta a siete cargos relacionados con delitos sexuales, entre los cuales hay tres denuncias por violación. Seis mujeres le acusan de hechos que presuntamente ocurrieron entre 1999 y 2009. Él asegura que es inocente. En la fotografía, su guardaespaldas lleva la Biblia en la mano. Un detalle esperpéntico que tiene que ver con la nueva imagen que este individuo pretende construir de sí mismo después de las denuncias.
Russell Brand fue, durante años, una de las estrellas más populares de la televisión británica. Un humorista gamberro, un presentador que colaboró con los medios más prestigiosos y que aterrizó en Hollywood para continuar su trayectoria de éxito. Construyó su fama exhibiendo una personalidad extravagante y sexualmente provocadora. En septiembre de 2023, una investigación conjunta de The Times, The Sunday Times y el programa de reportajes Dispatches de Channel 4 reveló el testimonio de varias mujeres que le acusaban de violaciones y agresiones sexuales. Unas historias que hacían estremecer y que revelaban un patrón de conducta muy concreto. La investigación demostraba cómo los responsables de los programas en los que había trabajado, tanto en la BBC como en Channel 4, habían tolerado comportamientos inaceptables porque en aquel momento lo consideraban simples extravagancias propias de un famoso que levantaba pasiones entre las mujeres. La fama y el poder profesional le habían servido para abusar de las víctimas. El documental Russell Brand: in plain sight recuperaba imágenes de archivo que adquirían un significado aterrador después de conocer el testimonio de las denunciantes. Algunas habían llegado a temer por su vida. Como decía el título, todo ocurría a simple vista.
Brand hacía bromas públicamente sobre prácticas sexuales muy violentas, humillaba a las mujeres ante la cámara y presumía de conductas delictivas que el público celebraba con aplausos y risas. La televisión había contribuido a normalizar su comportamiento. Solo siete meses después del impacto de este escándalo, Brand comunicó que se había bautizado en el Támesis, y anunciaba una transformación personal gracias a su nueva fe en Dios. Empezó a ejercer de predicador y bautizar a otras personas. Incluso ofició un bautizo en calzoncillos. Se apropió de un estilismo mesiánico y se presentó como una víctima perseguida por los medios, los mismos que le encumbraron. Un estudio académico de la Universidad de Birmingham analizó cómo el discurso cristiano de Brand sobre la purificación y el renacimiento le permitía establecer una separación simbólica entre el hombre que era antes y el que afirma ser ahora. Pero es el mismo narcisista chulo de siempre y continúa exhibiendo ante las cámaras esta puesta en escena tan calculada de sí mismo, con Biblia incluida. Todo continúa pasando in plain sight, a simple vista, delante de nuestras narices.