Salvar al orangután: la fotografía que provoca una empatía inmediata
Si en lugar de un orangután fuera un hombre, la imagen podría parecerse al desembarco de Normandía. Tiene el dramatismo de una estampa bélica. Pero la fotografía de Reuters, de Victor Fidelis Sentosa, es de Borneo, en Indonesia. Un miembro de los equipos de salvamento y la veterinaria Karmele Llano, responsable de la fundación YIARI, transportan a una hembra adulta durante una operación de rescate en una plantación de palma aceitera, en el pueblo de Laman Satong, en la región de Ketapang. El centro de rehabilitación lleva meses acogiendo a decenas de orangutanes mientras los graves incendios forestales arrasan su hábitat natural. Los fuegos, que comenzaron en julio y está previsto que se alarguen hasta noviembre, afectan sobre todo a las islas de Borneo y Sumatra, y son los peores que ha sufrido el país en una década. En 2015, los incendios en Indonesia ya provocaron una crisis ambiental y sanitaria de grandes dimensiones, con una contaminación que se extendió a otros países del Sudeste Asiático.
El fenómeno de El Niño puede agravar mucho la situación esta vez, pero la causa de la magnitud de los incendios son las transformaciones humanas que han afectado al territorio. Indonesia tiene algunas de las selvas tropicales más importantes del planeta, pero la expansión de la agricultura industrial –sobre todo de las plantaciones de palmeras de aceite– ha llevado a la quema extensiva de vegetación para preparar los terrenos agrícolas. Estos suelos pasan a acumular grandes cantidades de materia orgánica y carbono, y cuando se secan pueden quemar durante semanas, incluso bajo tierra.
En Borneo y Sumatra, los orangutanes viven en libertad y están en peligro de extinción. Son animales que pasan gran parte de la vida en los árboles: se alimentan de ellos, los utilizan para desplazarse y en ellos construyen los nidos para dormir. La deforestación les obliga a migrar a plantaciones agrícolas, donde su supervivencia es más difícil.
La fotografía tiene una calidad casi pictórica. El orangután parece una víctima humana. La postura del animal –con la cabeza inclinada hacia atrás–, la expresión de sufrimiento y el cuerpo abandonado nos remiten a la iconografía de la piedad del Renacimiento y el Barroco. Un cuerpo sosteniendo a otro en plena agonía. El rostro del orangután es lo único que podemos ver claramente.
La imagen provoca una empatía inmediata. Cuando la gestualidad es tan humana nos conmovemos automáticamente ante el sufrimiento animal. Solo hace falta fijarse en la manera como el orangután se aferra con los pies a las manos de la veterinaria, que lo coge con mucho cuidado. Es como se cogerían de las manos dos personas. Parece el eslabón que demuestra la proximidad entre las especies.
Desde una perspectiva más global, la imagen puede ser desconcertante: por un lado, la especie humana es quien provoca el sufrimiento y contribuye a destruir las condiciones de vida de estos animales; y, por el otro, son las personas las que deben organizarse para ayudar a salvarlos. En medio, el sistema de dimensiones enormes como causa estructural del desastre, que no cabe en la fotografía.