250 aniversario de los Estados Unidos

Las seis naciones 'indias' que impresionaron a los padres fundadores de los Estados Unidos

La Confederación Iroquesa, que sirvió de inspiración ideológica en el nacimiento de los Estados Unidos, se reivindica como la democracia más antigua del mundo

03/07/2026

Días antes del 4 de julio de 1776, Benjamin Franklin invitó en Filadelfia a los 21 jefes de las naciones iroquesas: la llamada Confederación Haudenosaunee que agrupaba seis pueblos originarios de los territorios que hoy son Nueva York, Quebec y Ontario. Los líderes indios se alojaron en el segundo piso de la Pennsylvania State House, hoy conocido como Independence Hall, justo encima de la sala donde se firmaría la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

El presidente de aquel Congreso, John Hancock, les dio la bienvenida en nombre de las 13 colonias reunidas allí y les llamó "hermanos", deseando que su amistad durara "mientras el sol brille y las aguas corran". El jefe iroqués tomó también la palabra y bautizó a Hancock de Karanduawn, un título extraído de la Gran Ley de la Paz de los haudenosaunee que se traduce como El gran árbol.

El objetivo de Hancock y de los asistentes al Congreso era conseguir que los iroqueses no se aliaran con los británicos, y la presencia de los Haudenosaunee expresaba una voluntad –al menos inicial– de mantener la neutralidad en la Guerra de Independencia que había estallado un año antes y que aún duraría siete más.

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Pero Benjamin Franklin no pensaba solo en la táctica militar cuando invitó a los iroqueses. También veía en ellos un modelo político del que podían aprender. Hacía más de veinte años que Franklin conocía el sistema de gobierno de la Confederación Haudenosaunee (llamada iroquesa por los colonizadores). Los había conocido en 1744 durante las negociaciones del Tratado de Lancaster, donde estos seis pueblos y tres colonias norteamericanas se habían reunido para dirimir disputas territoriales. Después de aquello, en el año 1751, Franklin envió una carta a su editor, James Parker, donde decía con ironía que no entendía cómo era posible que seis naciones indígenas –que muchos colonizadores despreciaban– hubieran sido capaces de mantener una unión política indisoluble y que las 13 colonias no pudieran hacer lo mismo.

Los volvió a encontrar en la Convención de Albany de 1754, y allí volvió a escuchar la leyenda que los jefes iroqueses relataban siempre para explicar el origen de aquella unión de pueblos nativos 600 años antes. "Puedes partir una flecha fácilmente sobre la rodilla, pero si coges cinco flechas juntas y tratas de hacer lo mismo, no podrás, juntas no se romperán nunca", le dijo entonces el jefe Mohawk Henrick Theyanoguin a Franklin, según explica por teléfono desde Nueva York Emerson Shenandoah, miembro de la nación onondaga y director del Centro para la Gran Ley de la Paz, dedicado a la historia de la Confederación Haudenosaunee.

La democracia más antigua, nacida en 1142

Aquellas cinco flechas hacían referencia a las cinco naciones originarias de la Confederación: los mohawk, los oneida, los onondaga, los cayuga y los seneca, pero en aquel momento ya eran seis, porque los tuscarora se habían unido a principios del siglo XVIII. Se estima que la alianza inicial data del 1142, cuando se creó la Confederación Haudenosaunee y nació también su sistema de gobierno y toma de decisiones de carácter democrático. Un sistema que aún pervive hoy día, a pesar de que algunos de los clanes dentro de las seis naciones iroquesas han adoptado otras prácticas. Un sistema que le disputa a los Estados Unidos el título de democracia más antigua aún vigente.

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"Algunas de las naciones como los onondaga o clanes de los seneca aún se gobiernan por este sistema que tiene cerca de mil años: son la democracia más antigua que conozco", explica Scott Maning Stevens, miembro de la nación mohawk y director del Native American and Indigenous Studies de la Universidad de Siracusa.

El impacto que tuvo sobre Franklin el sistema de gobierno de los haudenosaunee no es ningún secreto, explica Stevens, está en varios de sus escritos. Tanto es así que en el año 1988, un año después del 200 aniversario de la Constitución de los Estados Unidos, el Congreso de los Estados Unidos aprobó una resolución que reconocía que "la confederación de las trece colonias originales en una sola República recibió la influencia del sistema político desarrollado por la Confederación Iroquesa, así como muchos de los principios democráticos que se incorporaron a la misma Constitución". La resolución admitía también que "los redactores originales de la Constitución, incluyendo, de manera más destacada, George Washington y Benjamin Franklin, admiraban enormemente los conceptos de las Seis Naciones de la Confederación Iroquesa" y reconocía una deuda histórica con estas naciones.

Por primera vez, se reconocía que la Constitución de los Estados Unidos no solo estuvo inspirada en ideas de la ilustración europea, como las de John Locke, aunque estas tienen mucho peso, sino que también hay una influencia de los nativos norteamericanos, tal como había defendido ya a principios de los años 80 el historiador Bruce E. Johansen en Forgotten Founders (Fundadores olvidados), que dice que "los iroqueses, efectivamente, tuvieron un papel clave en el nacimiento ideológico de los Estados Unidos, especialmente a través de la defensa que Franklin hizo de la unión federal".

"Benjamin Franklin se da cuenta de que aquel es un modelo posible para las 13 colonias, que mantienen su identidad y autonomía, pero forman una especie de unión", explica Stevens. "Y al mismo tiempo también reconoce que somos una cultura profundamente democrática, que no estamos gobernados por reyes ni por jefes supremos, sino que todo lo que hacemos es a través de consejos y, después, a través del voto y la democracia, y que tanto los hombres como las mujeres tienen voz, cosa que era muy diferente de las tradiciones europeas".

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"Thomas Jefferson, Benjamin Franklin y George Washington compararon los pueblos haudenosaunee con los griegos o los romanos en términos de valores, porque todo el mundo dice que la democracia viene de los griegos, pero se olvidan de la parte de los nativos americanos", añade Shenandoah.

La leyenda originaria

La Confederación haudenosaunee se rige por la Gayanesshagowa o Gran Ley de la Paz, que algunos estudiosos consideran como la constitución democrática y federal más antigua del mundo de la que se tiene constancia. No es una constitución escrita en papel, sino en un cinturón hecho de conchas blancas y transmitida oralmente. "Se tarda días en recitar toda la Gran Ley de la Paz", explica Stevens.

"La Gran Ley de la Paz viene de nuestra fundación [en el siglo XII] –añade–. Entonces éramos naciones que estábamos constantemente en guerra las unas con las otras, pero aparece un líder político y espiritual a quien llamamos el Pacificador, que tiene una visión de paz, esta noción que llamamos Skano que quiere decir la Gran Paz, y que es precisamente lo que establece nuestros principios de organización".

Según la leyenda, el Pacificador y uno de sus discípulos, el guerrero Hiawatha, consiguieron que los jefes de las naciones mohawk, oneida, cayuga y seneca se unieran a una confederación de paz. Pero los onondaga estaban gobernados por un brujo malvado que había matado a las hijas de Hiawatha y que quería mantener la guerra. Fue una mujer llamada Jigonsaseh quien finalmente lo convenció de unir a los onondaga a la alianza. El Pacificador había hecho un pacto con ella: si conseguía detener la guerra, podría escoger a los líderes. Jigonsaseh lo consiguió, y se convirtió en la primera madre de clanes, las mujeres que escogen a los líderes de los clanes que conforman cada nación.

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Entonces el Pacificador reunió a los jefes de las cinco naciones y durante un eclipse de Sol total, proclamó por primera vez la Gran Ley de la Paz. La fijó en un cinturón formado con conchas que ha llevado cada una de las naciones, el cinturón Hiawatha, convertido en símbolo y bandera de la Confederación. Desenterraron un pino blanco y en la cavidad que quedó allí enterraron todas las armas, antes de volver a plantar el pino encima para sellar la paz. Por eso este Gran árbol es el elemento central de su bandera y del cinturón.

"Skano, nuestra palabra para la paz, no significa solo la ausencia de guerra, también significa estar en paz o en armonía con todos los elementos de tu familia, de tu comunidad, de tu nación, de las otras naciones, de la naturaleza y de ti mismo", explica Stevens.

¿Cómo funciona la democracia iroquesa?

De la gran ley surge también el sistema de toma de decisiones que regirá las naciones de la Confederación desde entonces. Un sistema político democrático en el cual las mujeres tienen un peso clave: reunidas en clanes de madres, son las que escogen a los líderes de cada clan en un proceso que requiere el máximo consenso. "Nuestros clanes son matrilineales, si naces en un clan no puedes casarte con alguien del mismo clan, debe ser de otro y cuando un hombre se casa pasa a formar parte del clan de su mujer. Cada clan escoge un grupo de madres del clan, que son elegidas por el pueblo, para que hagan de mediadoras en disputas y también para que ellas escojan a los líderes de los clanes. Tradicionalmente, escogen cabezas masculinas porque acostumbraban a ser los que gestionaban cuestiones externas como la guerra o la diplomacia con otras naciones, mientras que las mujeres se encargaban de todas las cuestiones internas del clan", explica Stevens.

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Las madres son las mejor situadas para escoger a los líderes "porque han visto a los niños crecer, los conocen desde muy pequeños y saben muy bien cuáles son sus cualidades y defectos, sus valores", explica el profesor mohawk, y apunta con ironía que "si los Estados Unidos tuvieran un sistema de clanes de madres, Donald Trump no hubiera salido nunca escogido como líder". Además, si alguno de los cabezas se comporta como no debe hacerlo, sin escuchar a su pueblo, las madres del clan lo pueden destituir.

Cada nación tiene nueve clanes: el de la tortuga, del castor, del martín pescador, del correlimos, del lobo, del oso, del ciervo y del halcón. Cada clan tiene diversas madres y un líder escogido por ellas, aunque hoy en día algunas de estas posiciones están vacantes en algunas de las naciones. No tienen un presidente, pero sí una especie de líder supremo de las seis naciones que se llama Tadodaho. "Pero no tiene poder ejecutivo, solo transmite lo que se ha decidido entre todos, no puede hacer órdenes ejecutivas ni tomar decisiones por sí solo", remarca Shenandoah.

Otra parte importante de la democracia haudenosaunee, que la diferencia también de la democracia de los Estados Unidos, es que "no se aplica la ley de la mayoría, del 51% o del 'el ganador se lo lleva todo'", añade Stevens: "Eso no nos gusta, en la Confederación todo se debe hacer por consenso, y eso, como decía mi abuelo, quiere decir que todo el mundo estará un poco descontento, porque nadie consigue todo lo que quiere".

Está claro que los padres fundadores de los Estados Unidos obviaron muchos de los preceptos iroqueses cuando –once años después de declarar la independencia– escribieron la Constitución, comenzando por el poder de decisión de las mujeres. "Las mujeres siempre han tenido derechos en nuestras naciones, desde el principio tuvieron los mismos derechos y una autonomía total, han podido divorciarse de los hombres, cosas que las mujeres aún hoy día no pueden hacer en algunas naciones", explica Shenandoah.

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Pero está más que demostrada la influencia que tuvieron sobre Franklin, Jefferson y Washington las conversaciones que probablemente tuvieron con los líderes iroqueses aquellos días en Filadelfia, mientras se forjaba la declaración de independencia. Sin embargo, los buenos deseos expresados durante aquel Congreso de Filadelfia el verano de 1776 no se cumplieron.

División, guerra y reservas

Algunas de las naciones que conformaban la Confederación no se fiaban de las 13 colonias, creían –acertadamente– que si conseguían la independencia querrían usurparles parte de sus tierras y, por eso, los mohawk, los seneca, los cayuga y los onondaga se aliaron finalmente con los británicos. En cambio, los oneida y los tuscarora se pusieron del lado de los revolucionarios estadounidense. "La Confederación se dividió por primera vez en 600 años", explica Stevens.

"Cuando parte de la Confederación se puso del lado de los británicos, Washington se convirtió en nuestro gran enemigo", explica el profesor mohawk. En las instrucciones que dio por escrito a su general John Sullivan el 31 de mayo de 1779, Washington afirmaba que "los objetivos inmediatos son la destrucción y la devastación total de sus asentamientos, y la captura de tantos prisioneros como sea posible, de cualquier edad y sexo". Ordena que los territorios haudenosaunee "no sean meramente invadidos, sino destruidos", con una estrategia de tierra quemada que "hoy calificaríamos de limpieza étnica", asegura Stevens.

Es entonces cuando los haudenosaunee bautizan al presidente de los Estados Unidos, George Washington, con el nombre de Hanadagáyas, que quiere decir "destructor de pueblos", un apelativo que han heredado todos y cada uno de los presidentes de los Estados Unidos que han venido después.

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El territorio de los haudenosaunee que Washington ordenó arrasar se convirtió después en la moneda de cambio para pagar los esfuerzos de los soldados que habían luchado por él. A falta de dinero, el gobierno del estado de Nueva York "recompensó" a los soldados repartiendo entre ellos –a 240 hectáreas por cabeza– un área de casi 800.000 hectáreas confiscadas del territorio ancestral de las naciones onondaga y cayuga, mediante tratados impuestos bajo una fuerte presión.

A partir del cambio de siglo XIX se crearon las reservas, donde se arrinconaron los pueblos de la Confederación y que con el paso del tiempo se fueron encogiendo progresivamente. "Los onondaga teníamos que tener una superficie de 20 millas por 20 millas (103.000 hectáreas) en aquellas reservas y hoy en día tenemos 5 millas por 5 millas (6.500 hectáreas)", explica Shenandoah.

Hoy en día las seis naciones haudenosaunee viven en ocho reservas en el estado de Nueva York y ocho más en las regiones de Quebec y Ontario en Canadá. En estas reservas hay registrados oficialmente 120.000 habitantes (unos 40.000 en Canadá y 80.000 en EE. UU.). Y a esto hay que añadir unos 30.000 descendientes haudenosaunee no registrados que viven entre la población general de ambos países.

"Todavía somos una nación independiente y soberana. Los onondaga continuamos tomando nuestras decisiones mediante nuestro sistema tradicional de gobierno, no votamos en los Estados Unidos ni recibimos dinero de los Estados Unidos. Somos independientes y soberanos, de la misma manera que la Confederación Haudenosaunee en su conjunto todavía mantiene un gran consejo", explica el director del Centro para la Gran Ley de la Paz. Y no solo eso, los haudenosaunee son una de las pocas naciones indígenas del mundo que tiene un pasaporte propio reconocido internacionalmente.

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Todavía hoy las naciones haudenosaunee siguen reclamando su territorio ancestral, al menos aquel que les prometió George Washington en el Tratado de Canandaigua de 1794, que se incumplió sistemáticamente. Y todavía hoy el Consejo de Jefes de las seis naciones se reúne de tanto en tanto para debatir cuestiones de territorio y soberanía y otras preocupaciones comunes: "Como el cambio climático y recientemente la instalación de grandes centros de datos para la IA que nos quitan el agua", explica Stevens.

Ahora que los Estados Unidos cumplen 250 años y que su democracia empieza a deshilacharse bajo el peso de un presidente que quiere ser emperador, el cinturón de conchas de los haudenosaunee resiste el paso del tiempo. La Gran Ley de Paz y el sistema democrático que crearon hace cerca de mil años no solo sirvió de inspiración a los padres fundadores de los Estados Unidos, sino que va camino de sobrevivir también a su creación.

Monumento a los pueblos originarios

A poco menos de 30 kilómetros del Monte Rushmore, donde el gobierno de los Estados Unidos hizo esculpir en la montaña las caras de los cuatro padres fundadores de los Estados Unidos, se alza ahora también la cara monumental del líder lakota (sioux) Cabeza de Caballo (Thašunke Witko en lakota). El gran monumento fue impulsado a mediados del siglo pasado por los pueblos nativos y se sufraga con fondos privados, donaciones y billetes de entrada de turistas. Hace poco se ha terminado el brazo y la mano que señalan el horizonte, como se dice que hizo Cabeza de Caballo cuando un oficial del ejército le preguntó en tono burlón dónde estaban sus tierras entonces, cuando ya estaba prisionero al haberse rendido para evitar que su pueblo muriera de hambre. "Mis tierras están donde están enterrados mis muertos", dijo. Las obras continúan, porque todavía falta grabar en la roca la cabeza y la crin del caballo.Un monumento que no ha estado exento de polémica dentro de los mismos pueblos nativos, ya que una parte de ellos critica la destrucción de la montaña que ha supuesto la obra y alega que esta monumentalidad es contraria a la filosofía y el espíritu modesto que siempre caracterizó a Cabeza de Caballo. Pero que al mismo tiempo sirve también como homenaje a la supervivencia y la dignidad de los pueblos nativos ante el intento de asimilación y de destrucción física y cultural que supuso para ellos la creación de los Estados Unidos.