La sorprendente historia del estadio más especial del Mundial

El Azteca de México, sede de las finales de 1970 y 1986 donde brillaron Pelé y Maradona, dará el pistoletazo de salida a la cita de este año

05/06/2026

BarcelonaEl próximo 11 de junio, millones de personas estarán atentas a todo lo que pase en el estadio Azteca de Ciudad de México. Por tercera vez en su historia, este recinto acogerá el partido inaugural de un Mundial, en este caso el duelo entre México y Sudáfrica. Nunca antes un estadio había sido sede de tres mundiales diferentes, aunque este año no podrá ser sede de la final, ya que esta se hará el 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. En un Mundial moderno del siglo XXI lleno de estadios de nueva construcción con nombres de marcas comerciales, el Azteca conecta con el pasado. Un campo con personalidad propia, ahora que todos los estadios modernos se parecen. El recinto del sur de Ciudad de México ha sufrido una gran reforma para adecuarlo a los nuevos tiempos, aunque sigue siendo aquel campo donde en 1970 Pelé dirigió la selección más bonita de todos los tiempos y donde en 1986, Maradona tocó el cielo con Argentina. Un campo al que se le han dedicado canciones, que aparece en films y que esconde una historia sorprendente, ya que para levantarlo, un hombre estuvo a punto de perderlo todo.

El campo fue levantado en la zona de Santa Úrsula Coapa en 1966, destinado a ser "el mejor estadio del planeta" según decía Emilio Azcárraga Milmo, máximo accionista de la cadena de televisión Telesistema e impulsor de este estadio. Suyos eran el dinero conseguido con préstamos para construirlo. Si sobre el césped se han vivido algunos de los partidos más recordados de los mundiales, como aquel cuando Maradona hizo una de cal y otra de arena contra los ingleses en 1986, en el palco se ha escrito una historia de poder a la mexicana, ya que el campo pertenece a la estirpe de los Azcárraga. De hecho, dos de los grandes templos mexicanos, la Basílica de Guadalupe y el estadio Azteca, los han pagado los miembros de esta familia. Y en los dos casos lo hicieron pidiendo a los arquitectos que levantaran estructuras pensadas para las transmisiones televisivas en directo. Si los Azcárraga construyeron el templo de la Virgen sin dudarlo, con el caso del campo de fútbol fue diferente, provocando un cisma familiar.

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Emilio Azcárraga Milmo siempre usaba el segundo apellido para diferenciarse de su padre, Emilio Azcárraga Vidaurreta, un descendiente de una familia con raíces vascas y creador de la cadena televisiva Telesistema. Vidaurreta había pasado de vender zapatos a tener una emisora de radio, antes de entender que el futuro sería la televisión con un canal para hacer telenovelas para un público femenino. Entonces el hijo era un joven con los bolsillos llenos de dinero que no estudiaba ni trabajaba, moviéndose entre Europa, Estados Unidos y México de fiesta en fiesta. Cuando se inauguró el canal Telesistema, se presentó aún medio borracho y sin un zapato. Era un bala perdida y de hecho, su padre proclamó que el heredero de su fortuna sería el marido de su hija, no el hijo.

Pero el hijo maduró. Y entendió mejor que el padre que el fútbol podía ser un gran negocio. Primero compró uno de los clubes más populares del país, el Club América. Después decidió sumar esfuerzos con la candidatura de la Federación para llevar el Mundial de 1970 a México. Y después propuso levantar el mejor estadio de fútbol del momento, hecho que fue clave para permitir a los mexicanos ganar el derecho de ser sede del Mundial. Sin el apoyo de la familia, Azcárraga buscó soluciones para pagar el campo. En primer lugar, involucró a los propietarios del Atlante y del Necaxa, otros clubes históricos de la ciudad, con la promesa de que también podrían jugar como local en el Azteca. Los tres clubes crearon una empresa encargada de construir el estadio y organizaron un concurso público de arquitectura ganado por Pedro Ramírez Vázquez, que había diseñado el aclamado Museo Nacional de Antropología. Pero Azcárraga Milmo sabía que el proyecto era demasiado ambicioso y el presupuesto no dejaba de dispararse. Así, copió una idea brasileña para la instalación de palcos privados que se venderían a grandes empresas y familias por un período de 99 años. A pesar de todo, Azcárraga Milmo acumuló tantas deudas para hacer el campo que le llegaron a embargar la casa, provocando ahora sí, que el resto de la familia entrara en el proyecto más por salvar el honor familiar que por creer en él. Así se pudo acabar el Azteca.

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El Azteca fue uno de los primeros estadios de fútbol ideado más para los que miran desde casa que para los que llenan sus gradas. Curiosamente, el primer partido del campo fue un desastre, un amistoso el 29 de mayo de 1966 entre el Club América y el Torino, italiano. El presidente de la nación, Gustavo Díaz Ordaz, llegaba tarde, llegó tarde porque le salió una reunión y al llegar, todo el mundo fue abucheado, ya que la afición tuvo que esperar dos horas. El Mundial de 1970 fue todo un éxito. El primero retransmitido en televisión en color, con Brasil ganando con un juego alegre. Azcárraga Milmo salió ganador, ya que en pocos años, su padre murió y el hombre que debía heredar las empresas, el marido de su hermana, murió en un accidente de avión: el imperio era suyo.

En 1982, Colombia renunció a organizar el Mundial de 1986 por motivos económicos y el empresario mexicano fue clave para que el evento volviera a hacerse en su país. Puso tanto dinero que Azcárraga Milmo exigió que el logo de la Copa del Mundo fuera lo más parecido posible al de Televisa, el canal que había creado él. Ni el terremoto que provocó cientos de muertos en 1985 detuvo el proyecto del Mundial, que acabaría con el triunfo de la Argentina de Diego Armando Maradona. Después de 25 años controlando el fútbol mexicano, Azcárraga Milmo murió en 1997 a causa de un cáncer de páncreas. Ahora, las empresas, incluido el estadio Azteca y el Club América, las lidera su hijo, Emilio Azcárraga Jean. Su sueño era llevar una tercera final al campo, pero se tiene que conformar con un partido inaugural. El Azteca será sede en total de cinco partidos en este Mundial, lo que lo convertirá en el estadio que ha acogido más partidos del Mundial, con un total de 24.