Trump: uniformes para una guerra que todavía no existe
-
CAT -
ENG
Ahora mismo vivimos una distopía surrealista tirante entre dos extremos aparentemente opuestos. Por una parte, nos asusta la posibilidad de que una IA potencialmente superinteligente acabe aniquilando a la humanidad; por la otra, sufrimos la estupidez humana de buena parte de nuestros dirigentes políticos. Una paradoja entre la inteligencia artificial y la estulticia natural que, si no fuera por todo lo que nos estamos jugando, podría resultarnos cómica. Unos dirigentes que, demasiado a menudo, sea por exceso de confianza o porque se sienten en peligro, parecen empezar a desvariar en sus manifestaciones públicas, sacando sus carencias a pasear. Y es precisamente en este contexto que Donald Trump ha decidido imaginar un uniforme para la Space Force que no existe... ni parece que tenga que existir.El pasado 6 de septiembre, el presidente de los Estados Unidos sorprendió al mundo con una publicación en Truth Social. Esta consistía en la imagen de un supuesto nuevo uniforme para la Space Force, la última rama de las Fuerzas Armadas estadounidenses, creada por Trump en 2019, destinada a proteger y operar las infraestructuras espaciales militares del país. No estamos ante astronautas, sino ante lo que él ha bautizado como "guardianes": militares que, más allá de las tareas de exploración, deben dominar, proteger y defender este nuevo dominio militar. Con la Space Force, Trump contribuye a transformar el escenario espacial que, hasta ahora, habíamos asociado sobre todo con la ciencia y la ficción en un nuevo espacio de combate militar.
Nada hacía presagiar, cuando el pasado mes de agosto la Space Force hizo públicos sus nuevos uniformes ceremoniales, que el 6 de septiembre Trump publicaría una imagen, probablemente generada por IA, de unos hipotéticos nuevos uniformes para esta unidad militar. Una imagen acompañada de la frase: "Inspirado en la disciplina y funcionalidad del uniforme de los Starship Troopers. Modernizado para los guardianes del dominio espacial". Un referente significativo y perturbador a partes iguales."Fascistas que no saben que lo son"
Starship Troopers (1997) es una película de ciencia ficción dirigida por Paul Verhoeven que, a primera vista, presenta un argumento tópico del género: un ejército de élite que debe combatir la invasión de monstruos alienígenas. Pero, si se agudiza la mirada, afloran las verdaderas intenciones del director: satirizar el exceso de militarismo, patriotismo y propaganda de los regímenes fascistas, así como la falta de conciencia crítica de la ciudadanía. Verhoeven tomó como referencia visual Triumph des Willens (1935), de Leni Riefenstahl, una de las grandes obras de propaganda nazi, desde la contundencia de los desfiles hasta los uniformes militares. Para el vestuario, en vez de apostar por una estética futurista, la película opta por un refrito de imaginarios militares históricos, con una presencia especialmente significativa del nazismo y el fascismo. Mientras los soldados lucen una indumentaria de grandes proporciones, que contribuye a mostrar cómo la estructura ahoga al individuo, los uniformes de los altos cargos remiten directamente al imaginario estético de las SS y la Gestapo. Trump, con su uniforme ficticio, recupera elementos de Starship Troopers que, a su vez, beben de la estética militar nazi: una gama cromática oscura dominada por el negro, el cuello alto y rígido de tradición prusiana, la chaqueta ceñida al cuerpo con un cinturón, la gorra militar de plato con visera y las botas negras altas hasta las rodillas. Da igual que estos uniformes no lleguen nunca a implantarse porque, en plena era del simulacro, las imágenes funcionan con tanta o más contundencia sin necesidad de un referente real. Como explicaba el mismo Verhoeven, Starship Troopers lleva el recurso promilitarista hasta la exageración para convertirlo en crítica y construir una historia sobre "fascistas que no saben que son fascistas". Una intención que se ajusta demasiado bien al actual contexto político. Treinta años después, parece que no todo el mundo ha entendido la ironía y que la exageración se ha convertido en la normalidad.