La carrera de obstáculos del crecimiento empresarial
Hoy es el Día de la Empresa, una jornada para reconocer la contribución imprescindible de los empresarios y las empresarias al progreso económico y social de nuestro país. Porque detrás de cada empresa hay personas que asumen riesgos, impulsan proyectos, crean oportunidades y generan empleo.
Sin embargo, si observamos la realidad de nuestro tejido empresarial, veremos que muchas empresas afrontan su día a día como si participaran en una carrera de obstáculos permanente.
El objetivo de esta competición es claro: crecer, innovar, generar más valor añadido, crear empleo de calidad y contribuir al bienestar colectivo. Pero el recorrido está lleno de barreras que dificultan avanzar al ritmo que exige el actual contexto económico.
Uno de los principales obstáculos de la carrera es la falta de dimensión empresarial. Cataluña dispone de un tejido productivo extraordinariamente dinámico, pero la dimensión de sus empresas es una limitación cuando llega el momento de competir en mercados globales o afrontar procesos de transformación.
Desde Pimec hace tiempo que advertimos que muchas empresas quieren participar en esta carrera para crecer, pero muy pocas lo consiguen. No por falta de ambición, talento o capacidad emprendedora, sino porque el sistema continúa penalizando el crecimiento. Por eso defendemos una ley de impulso al crecimiento empresarial que elimine barreras y favorezca que las empresas puedan ganar dimensión y, por tanto, competitividad.
El otro gran factor que determina la velocidad con la que una empresa avanza dentro de esta carrera es la productividad. Durante demasiado años hemos centrado el debate económico en los costes o en el volumen de empleo, cuando el verdadero reto es generar más valor con los recursos disponibles.
Mejorar la productividad significa incorporar innovación, formación, digitalización y nuevas formas de organización del trabajo. Significa crear empresas más eficientes, más competitivas y más preparadas para afrontar los cambios. Y también significa disponer de más margen para retribuir mejor a los profesionales y generar empleo de más calidad.
Ahora bien, mientras las pymes intentan avanzar entre estos obstáculos, les siguen apareciendo nuevos que frenan su progreso y las alejan de la meta del crecimiento empresarial.
La burocracia es uno de los más evidentes. Miles de pymes destinan una cantidad desproporcionada de tiempo y recursos a cumplir obligaciones administrativas que a menudo aportan poco valor. Cada hora dedicada a trámites es una hora que se deja de dedicar a innovar, vender, exportar o crear empleo.
La fiscalidad es otro de los grandes retos empresariales. Necesitamos un sistema que incentive la inversión, el crecimiento y la generación de actividad económica. La fiscalidad debe ser una herramienta para impulsar la competitividad y no un factor que desincentive el esfuerzo empresarial.
Y tampoco podemos ignorar el impacto creciente del absentismo derivado de las incapacidades temporales. Se trata de un fenómeno que afecta directamente la productividad, la planificación y la competitividad de las empresas, especialmente de las más pequeñas, que a menudo tienen menos capacidad para absorber estas situaciones. Hay que abordar esta cuestión con rigor, responsabilidad y voluntad de encontrar soluciones compartidas.
La buena noticia es que conocemos el camino, que sabemos que las empresas necesitan menos obstáculos y más impulso y que la verdadera meta de la carrera es construir una economía más fuerte, más próspera y más inclusiva, capaz de generar bienestar compartido a través de la actividad empresarial.
En este Día de la Empresa, reivindicamos la figura del empresario y la empresaria como una pieza estratégica del progreso colectivo. Porque facilitar que las empresas avancen dentro de esta carrera pudiendo esquivar los obstáculos no es solo una cuestión económica; es una apuesta ganadora de país.