Periscopio global

Churchill ya no vale ni cinco libras

El Banco de Inglaterra eliminará figuras históricas y culturales del papel moneda, y pondrá especies de la fauna de las islas

10/06/2026

LondresLos billetes de cinco, diez, veinte y cincuenta libras cambian de diseño. Donde hasta ahora, al reverso, estaba el rostro de Churchill, Jane Austen, Turner y Alan Turing, respectivamente, ahora habrá un animal de la fauna salvaje de las islas Británicas elegido de entre una preselección de dieciocho, escogidos por un grupo de expertos. El pasado 3 de junio se abrió una consulta pública a tal efecto, que se cerrará el 3 de julio. El público puede optar, entre otros, por el erizo, el frailecillo, el tejón, la marta, el zorro rojo o el abejorro de cola afelpada. Los aspirantes a figurar en el nuevo papel moneda se han dividido en tres categorías: mamíferos, aves y un tercer grupo que incluye anfibios, insectos y peces. "¿Me dejas un castor?" puede significar pronto "¿me dejas cinco libras?". Y "¿me pasas un abejorro?", quizás querrá decir "¿me pasas 50?" Misterios de la jerga.

para el Mundial que empieza este juevespara el Mundial que comienza este jueves. Pero solo por un detalle. Porque el fiver con la cara de Churchill y sus inspiradoras palabras "I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat" (No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor) dejará de ir de mano en mano. El destino de los billetes de Austen, Turner o Turing no ha importado nada, y nadie ha alzado la voz por su progresiva sustitución.

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Si nos atenemos a los comentarios de algunos líderes políticos, el Viejo León continúa siendo un mito intocable del país. Y eliminar su rostro de los billetes de cinco libras –el de circulación más habitual para la gran mayoría de británicos, aún hoy, cuando ya solo el 15% de la población usa efectivo– es poco menos que un sacrilegio.

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La líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, ha dicho que todo ello supone "borrar nuestra historia". El jefe visible de los liberaldemócratas, Ed Davey, ha ido más allá, haciendo una lectura geopolítica del relevo. "No se me ocurre un momento peor para hacerlo. Con una guerra en marcha en Europa, deberíamos celebrar la resistencia británica frente a los nazis y no retirar a Churchill de nuestros billetes. Se merece algo mejor que ser sustituido por un tejón".

El ultra Nigel Farage, líder del Partido Reformista, no ha perdido comba: "Nuestros grandes billetes británicos llevan impresas figuras gigantescas de nuestra historia como Winston Churchill. Y ahora resulta que proponen sustituirlo por un castor. Me parece una auténtica barbaridad."

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¿Lo es? En 2025, el Banco de Inglaterra ya indicó que comenzaría el proceso de relevo de los mencionados billetes, hechos de polímero, un material plástico muy flexible y mucho más resistente que el papel tradicional. En una primera consulta pública se determinaron los temas sobre los cuales podría hacerse el nuevo diseño. Alrededor del 60% de las 44.000 respuestas recibidas seleccionaron la naturaleza; la arquitectura y los monumentos recibieron el 56% de los votos; las figuras históricas el 38%; las artes, la cultura y el deporte el 30%; la innovación el 23%; y los hitos destacados el 19%. Los participantes podían elegir más de una opción.

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Cuando la semana pasada Victoria Cleland, interventora general del Banco de Inglaterra, presentó las 18 especies susceptibles de acompañar a Carlos III en el reverso de los billetes, recordó que los cambios son periódicos: "Desde 1970, el Banco ha incluido en su papel moneda numerosas figuras históricas [además del monarca de turno] que han contribuido a dar forma al pensamiento y los valores nacionales". Aquel primer año, Shakespeare fue la pareja de Isabel II en las 20 libras. Desde entonces, con más o menos valor, han aparecido Adam Smith, Edward Elgar, Charles Darwin o Elizabeth Fry, entre otros.

Un mito desmitificado

Paradójicamente, si la desaparición del Churchill de cinco libras ha sido criticada por algunos líderes políticos, su aparición en 2016 no fue aplaudida de forma generalizada. Porque el Viejo León es un héroe inglés más que británico, y es admirado sobre todo por una generación bien concreta: la nacida en la inmediata posguerra y la de los boomers (nacidos y crecidos en los años 60 y 70).

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Una encuesta de la BBC de 2002 coronó a Churchill como el británico más grande de todos los tiempos. Veinte años después, sin embargo, una nueva encuesta, en este caso del think tank Policy Exchange, mostraba que solo uno de cada cinco ciudadanos de entre 18 y 24 años lo tiene todavía en un altar. Es cierto, sin embargo, que el 58% de los mayores de 65 años lo continúan viendo positivamente. En términos generales, sin embargo, Churchill ya solo recibe la aprobación del 36% de todos los habitantes de las islas. Y hay que recordar que la aprobación siempre ha sido muy desigual en función desde dónde se le juzgue. La veneración que desde finales de los 60 del siglo XX ha despertado en Inglaterra no ha tenido nunca un equivalente similar ni en Escocia, ni en Gales ni en Irlanda del Norte.

Churchill, en cualquier caso, es ya un producto cultural que muchos ligan a su identidad. Una identidad construida históricamente en el siglo XX a través de la televisión, cuando millones de personas veían los mismos acontecimientos al mismo tiempo, ya fueran bodas reales o funerales de Estado. El del premier en 1965 supuso un momento clave que fijó su imagen heroica a gran escala, reforzada por la escuela y el culto que hay en el Reino Unido al enaltecimiento de la resistencia contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

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De personaje histórico con aspectos muy oscuros –como recuerda Tariq Ali en su libro Winston Churchill, sus tiempos, sus crímenes (Alianza Editorial)–, pasó a mito. Y criticarlo supone para algunos un revés para la propia identidad. Pero sesenta y un años después de su muerte, Churchill ya no es un valor a compartir ni universal para todos los británicos, sino una figura que despierta mucha polémica: cultural, histórica y política. Cinco libras de 2016 valen mucho menos que las de 1965.