La Bola, el coleccionismo como medicina del alma
Desde un Madelman a un disco de vinilo: el establecimiento donde hay un rincón para todo
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La cueva de Alí Babá está llena de tesoros. La cueva de Cabini también. Los tesoros que te excitan y satisfacen tu memoria. Esta cueva se llama La Bola y está en la calle de Sepúlveda junto a la plaza Universidad. Cabini es Jordi Viñas, pero todo el mundo le llama así porque era el nombre de la empresa de transportes de su padre y las letras inmensas del camión quedaron grabadas en la memoria de todos aquellos que le veían entrar y salir cada día de los Encantes. De eso ya ha pasado medio siglo y Jordi ya hace muchos años que ha convertido su pequeño rincón, en la frontera del Ensanche y San Antonio, en un templo de los fanáticos de todo tipo de coleccionismos.
Puedes pasar horas solo mirando el contenido de las vitrinas abarrotadas de cosas, la variedad es alucinante: botellas de cerveza, yoyós, sacacorchos, cromos, fotos antiguas, papel de fumar, llaveros, banderines, soldaditos de plomo, indios y vaqueros de goma, figuras de belén... Todo tipo de juguetes. Desde cochecitos de todas las marcas, a los míticos Madelman y vestidos de la Nancy. Los caminos del coleccionismo son eternos y variadísimos.
Por La Bola todavía pasan los clientes de toda la vida, los que persiguen completar la colección de tebeos porque un número imposible se les resiste y también los que no pueden contener el impulso de añadir cada semana dos, tres o cuatro vinilos a su creciente colección de discos. Este caso, el de los vinilos, es digno de estudio. Jordi tiene muy claro que ahora mismo es lo que más vende. De hecho, solo hace falta echar un vistazo para ver que es lo que más espacio ocupa dentro de la tienda. El revival del vinilo ya hace años que es todo un fenómeno. Hay quienes se mueven por el fetichismo del objeto, pero también a quienes les gusta escuchar la música con este soporte. ¡Y con CD! Que ahora también está renaciendo de sus cenizas.
Estos días en La Bola están atareados, han puesto un puesto en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión del paseo de Gracia, todo un clásico de Barcelona. También ponen un puesto en el Salón del Cómic, que es otra de sus especialidades. Ahora lo que está de moda es el cómic de superhéroes, tanto el clásico como el moderno. En cambio, el tebeo clásico –TBO, Pulgarcito, Capitán Trueno– que había sido un puntal, va de bajada. El mundo del juguete también es un universo de inmensidad sideral. Durante muchos años, los clásicos eran como oro: Madelman, Nancy, Geyperman, los cochecitos, los soldaditos, etc. Hoy te quitarán antes de las manos determinados juguetes de los años 90 y 2000 que estos otros. ¿Y la publicidad? Pues otro tema fascinante. La cartelería antigua era antes como dinero al portador. Ahora cuesta mucho más venderla. También porque hay menos oferta. “Salvo que se muera un coleccionista y toda la colección comparezca en el mercado, cuesta mucho más que salgan piezas interesantes”.
Para saber los orígenes de La Bola tengo que marchar casi cincuenta años atrás. Cuando Jordi y su hermana vendían en los Encantes lotes de todo tipo de objetos de segunda mano. Con Albert, su primer socio, abrieron en 1986 la primera tienda, Casa Usher, en la calle de Aragón. Y en 1994, con Miquel, el nuevo socio, en 1994 La Bola en Sepúlveda. ¡Dos tiendas simultáneas! Y funcionando a pleno rendimiento. En 1999 Casa Usher se marcha de Aragón y se va al Poblenou. Hasta el infortunio de la inesperada muerte de Miquel –todo el mundo le llamaba Mike– en 2012 y todo se unifica en el local de Sepúlveda. De aquí a unos dos años, el Cabini medita jubilarse. Ya le toca. Pero todavía disfruta descubriendo tesoros perdidos entre diferentes pilas de discos o de cómics que alguien ha escuchado o leído un montón de veces y que quién sabe si ahora pueden disfrutar de una segunda, tercera o cuarta vida en manos de un nuevo propietario.
Antes de la era de Internet todo se vendía. Ahora la competencia se ha multiplicado exponencialmente y cuesta más. Los hoteles de la zona proveen a La Bola de clientes potenciales. Tanto los fascinados por el vintage, como por los carteles antiguos, como por un vinilo de Queen, U2, Supertramp o los Beatles. La música, los tebeos y los libros viejos, son la más eficaz medicina del alma. En La Bola pueden recetártelas todas.