El empresario alemán que creó una fortuna a la sombra del régimen nazi

La familia de Günther Quandt todavía tiene un 45% de la automovilística BMW

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Günther Quandt
23/09/2026 - 07:02 h
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La víspera de la Merced de 1967, una avioneta que volaba de Frankfurt a Niza se estrelló en los Alpes italianos y sus seis ocupantes murieron. Uno era Harald Quandt, uno de los hombres más ricos de Alemania, que, curiosamente, había sobrevivido a otro accidente aéreo solo un par de años antes. En aquel primer siniestro su avioneta volcó en el momento en que intentaba despegar del aeródromo de Zúrich, en Suiza, con el resultado de un muerto.

  • (1881-1954)

La historia de Harald Quandt es bastante particular, porque era hijo del gran magnate de la industria alemana Günther Quandt y de su segunda mujer, Magda Ritschel, que era veinte años más joven que su marido y solo siete años mayor que el primer hijo de Quandt. El matrimonio acabó en divorcio y entonces Ritschel se casó con Joseph Goebbels, el jefe de la propaganda del régimen nazi y personaje a quien todo el mundo relaciona con las políticas de manipulación informativa. A partir de los trece años, Quandt júnior vivió con Goebbels, su padrastro. Este matrimonio tampoco acabó bien, porque el primero de mayo de 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial, ambos decidieron suicidarse después de haber matado a sus seis hijos comunes (Harald no, porque ya tenía veinticuatro años y, además, estaba prisionero en Libia).

Fuera como fuese, la figura que nos interesa es la del padre, Günther Quandt, que construyó un gran imperio empresarial que incluía compañías muy conocidas todavía hoy en día, como BMW, Daimler-Benz o el fabricante de pilas Varta. En realidad, la familia había empezado en el sector textil, donde eran propietarios de una fábrica que venía de la rama materna del clan. Bajo su dirección, Quandt consiguió hacer crecer la empresa hasta convertirse en proveedor de uniformes para el ejército alemán que luchaba en la Primera Guerra Mundial. El dinero acumulado durante el periodo bélico le dio oxígeno para lanzarse a hacer compras durante la década de los años veinte, una época en la que muchas compañías importantes entraron en crisis por culpa de la hiperinflación.

Fue así como consiguió tomar el control de Varta (Vertrieb, Aufladung, Reparatur transportabler Akkumulatoren, o distribución, recarga y reparación de acumuladores portátiles), de minas de potasa y de compañías metalúrgicas, y también de una participación en la automovilística Daimler-Benz. En paralelo, incorporó al grupo la firma DWM, de armas y municiones, hecho que más tarde le valió recibir del régimen nacionalsocialista la distinción de wehrwirtschaftsführer, o sea, personaje destacado de la economía bélica, y que estaba destinado a directivos y propietarios de empresas de armamento. Otros empresarios que la recibieron fueron Friedrich Flick (de quien hablamos la primavera pasada) o los descendientes de Friedrich Krupp (protagonista de la sección hacia Sant Jordi de hace cuatro años).

Precisamente, el 20 de febrero de 1933, cuando faltaban pocos días para las elecciones que catapultarían al Partido Nazi al poder, Quandt fue uno de los veinticinco empresarios que tomaron parte en una reunión secreta con Adolf Hitler en la residencia oficial del presidente del Reichstag –que en aquellos momentos era Hermann Göring– con el fin de recoger fondos destinados al partido. Tiempo después, este apoyo financiero se vio recompensado generosamente porque las empresas de Quandt pudieron acceder a mano de obra abundante en condiciones casi de esclavitud y también logró apropiarse de negocios que pertenecían a judíos gracias a las políticas de arianización.

Aún con la Segunda Guerra Mundial en marcha, en 1944, Quandt vino a Barcelona con motivo de las celebraciones por el quincuagésimo aniversario del Colegio Alemán de la capital catalana. A pesar de su implicación fuera de duda en los gobiernos nazis, las medidas legales aplicadas desde 1945 contra los colaboradores con el régimen de Hitler no parece que le afectaran mucho, porque su gigantesco hólding industrial quedó casi intacto y en manos de la familia. Llegó a ser detenido, pero solo pasó dos años encarcelado y en 1948 fue puesto en libertad sin cargos. La muerte le llegó, de manera repentina, en 1954 en la ciudad de El Cairo (Egipto), el mismo lugar donde otro nazi destacado, Aribert Heim (o Doctor Muerte o el Carnicero de Mauthausen), moriría treinta y ocho años más tarde. Hoy en día, la familia Quandt es de las más ricas del mundo y uno de sus principales activos es el fabricante de automóviles BMW, del cual poseen alrededor del 45% del capital.

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