El gigante químico que se esconde en miles de productos

BASF facturó 59.657 M€ en 2025, ganó 1.600 y tiene más de 108.000 trabajadores en todo el mundo.

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EUREKA web BASF
21/10/2026 - 07:03 h

Abres la nevera y coges una bolsa de ensalada. Los plásticos que se utilizan para envasar alimentos pueden contener materiales como el Lupolen o el Ultramid. Los fabrica la química BASF. Te calzas unas Adidas para salir a correr. Algunos modelos de la gama Boost incorporan en la suela un material llamado Infinergy. También de BASF. De vuelta, pasas por una tienda de juguetes y ves unos Playmobil: las manos y las articulaciones de las figuras se han fabricado con un plástico llamado Ultraform. De BASF. Incluso el edificio donde vives puede estar aislado con Styropor, un tipo de poliestireno expandido. Lo fabrica BASF desde 1951.

BASF es una multinacional química alemana que, a pesar de pasar bastante desapercibida para el consumidor, está presente en muchos ámbitos de la vida cotidiana. Fundada hace más de 160 años, hoy es uno de los grandes gigantes mundiales de la industria química. En 2025 facturó 59.657 millones de euros, obtuvo un beneficio neto de unos 1.600 millones y tiene más de 108.000 trabajadores en todo el mundo. En Cataluña, donde abrió la sede de la filial española en 1966, tiene centros productivos en Tarragona, Rubí, Castellbisbal y la Zona Franca de Barcelona, entre otros. ¿Pero cómo nació este imperio químico?

El hallazgo de los colorantes químicos

La historia de BASF comienza en 1865 en Mannheim, al suroeste de Alemania. Friedrich Engelhorn, un empresario que había hecho fortuna produciendo gas con carbón, había encontrado una nueva utilidad a uno de los residuos que generaba: el alquitrán de hulla. Podía servir para fabricar colorantes sintéticos. Empezó a producir fucsina, un pigmento rojizo, y anilina, una sustancia que se obtenía del alquitrán y servía para elaborar tintes. Pero Engelhorn quería ir más allá: crear una empresa capaz de controlar todo el proceso de fabricación, desde las materias primas hasta los colorantes acabados. Así nació la Badische Anilin & Sodafabrik, conocida por las siglas BASF.

El negocio creció rápidamente. En 1869 consiguió sintetizar la alizarina, un colorante rojo que se convirtió en su primer gran éxito internacional. Y en 1897, después de diecisiete años de investigación, empezó a comercializar índigo sintético, el pigmento azul que décadas más tarde se haría especialmente popular con los pantalones vaqueros.

A principios del siglo XX, sin embargo, BASF ya había entendido que su futuro no podía depender solo de los colorantes. Uno de los grandes saltos llegó en 1913, cuando consiguió fabricar amoníaco sintético a escala industrial gracias al proceso Haber-Bosch, desarrollado por el químico Fritz Haber y adaptado a la producción industrial por Carl Bosch. El invento revolucionó la fabricación de fertilizantes, pero también tuvo aplicaciones militares: durante la Primera Guerra Mundial, el amoníaco se utilizó para producir explosivos.

De la guerra a la expansión mundial

El crecimiento de BASF, sin embargo, también estuvo marcado por las guerras y las tragedias. En 1921, una explosión en la planta de Oppau causó más de 500 muertos. Cuatro años después, la compañía se fusionó con Bayer, Hoechst y otras tres empresas químicas alemanas para crear IG Farben, uno de los grandes conglomerados industriales del país. Durante los años treinta, el grupo impulsó la fabricación de caucho, combustibles sintéticos y plásticos, pero también quedó estrechamente vinculado al régimen nazi.

Durante la Segunda Guerra Mundial participó en la economía de guerra alemana y utilizó trabajadores forzados, incluidos prisioneros del campo de concentración de Auschwitz. Acabado el conflicto, los aliados ordenaron desmantelar IG Farben y, en 1952, BASF volvió a constituirse como empresa independiente. A partir de entonces apostó por los plásticos, los productos químicos industriales y la expansión internacional.

Fue en esta nueva etapa cuando BASF desembarcó en Cataluña. En 1966 constituyó BASF Española, con sede en Barcelona, y en 1969 inauguró en Tarragona una planta de producción de Styropor. Aquellas instalaciones se fueron ampliando, mientras la compañía adquiría empresas como Curtex, en Hospitalet de Llobregat, o entraba en el negocio de los poliuretanos en Rubí. Al mismo tiempo, BASF continuó creciendo por todo el mundo. Con los años, el negocio de los colorantes que había impulsado Friedrich Engelhorn acabó convirtiéndose en un conglomerado con actividades que van de la agricultura a la automoción, pasando por la construcción, la alimentación y los productos de consumo.

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