Periscopio global

Londres, campo de batalla de ambos modelos de vehículos sin conductor

Una 'start-up' de Cambridge capta más de 1.000 M€ para hacer frente a Google y Baidu y desplegar su IA integrada para los coches de Uber

26/02/2026

LondresDos modelos de inteligencia artificial. Dos visiones de la conducción autónoma. Los gigantes de la automoción y la tecnología compiten ferozmente y, a la vez, coinciden en un mismo escenario: Londres. La capital británica, ya inmersa en pruebas piloto, se prepara para ver cómo los vehículos sin conductor comienzan a abrirse paso por sus calles. El debate es inevitable: ¿qué futuro le espera a los taxistas de carne y hueso?

Imagine que es el viernes por la noche en Charing Cross Road, en el corazón del West End. El público sale de los teatros, la lluvia se desliza sobre el asfalto y un ciclista decide atravesar fuera del paso señalizado. Un autobús de dos pisos frena en seco para evitar el impacto. En medio de esta escena perfectamente reconocible en cualquier inicio de fin de semana londinense, un vehículo blanco de la flota de Uber avanza con delicadeza. No hay manos en el volante. El coche detecta la duda del ciclista, se detiene con precisión y el incidente queda en un simple susto.

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La gran novedad es que este vehículo no depende de un mapa fijo. El sistema aprende de las circunstancias con las que se encuentra y procesa la información en tiempo real. Esta capacidad es fruto de una inversión multimillonaria. Wayve, una start-up británica fundada en 2017 en Cambridge, ha anunciado esta semana una ronda de financiación de 1.020 millones de euros que eleva su valoración hasta los 7.305 millones. Un capital esencial –aportado, entre otros, por Nissan, Mercedes-Benz o Nvidia– para sostener la potencia de cálculo necesaria para analizar datos en milisegundos. Sin ese desarrollo, Londres debería depender exclusivamente de tecnología importada de Estados Unidos o de China.

Uber y Wayve han iniciado en la capital británica una nueva fase de ensayos con vehículos autónomos, en el marco de la colaboración entre la plataforma de movilidad y la compañía británica. Las pruebas se llevan a cabo en calles reales y utilizan tecnología capaz de gestionar la conducción de forma autónoma dentro de unas condiciones determinadas. Sin embargo, de momento los vehículos circulan con un operador de seguridad a bordo, de acuerdo con las exigencias reguladoras vigentes.

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Maneras alternativas de entender el mundo

Estas iniciativas forman parte de la estrategia del Reino Unido para avanzar hacia la implantación comercial de los llamados robotaxis. En este contexto, Londres ha designado a 20 de los 33 barrios (boroughs) como principal campo de pruebas de los vehículos de Uber y Wayve. Son zonas que combinan el tráfico denso del centro, con calles estrechas y complejas, y áreas residenciales. Los distritos incluidos en esta fase son: City of London, City of Westminster, Camden, Islington, Hackney, Haringey, Waltham Forest, Tower Hamlets, Newham, Redbridge, Barking y Dagenham, Southwark, Lambeth, Lewisham, Greenwich, Hammersmith y Fulham, Kensington y Chel.

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Aunque los vehículos de Waymo (Google) también llegarán a Londres en septiembre del 2026, su tecnología representa casi la antítesis de la de Wayve. Y es ahí donde se libra la batalla real: en los distintos enfoques.

Waymo ha construido su sistema sobre mapas de alta definición, que exigen escanear previamente cada calle con un nivel de detalle milimétrico. Este método garantiza una gran precisión pero implica dependencia de un entorno cartografiado previamente. Ante cambios repentinos –obras, desvíos o alteraciones imprevistas–, el vehículo puede perder referencias y reducir su capacidad operativa. Wayve, en cambio, apuesta por la denominada IA ​​integrada (embodied AI), que prescinde de los mapas HD y aprende a conducir por observación, como un humano. Esta aproximación permite circular en escenarios nuevos sin entrenamiento específico previo, la denominada conducción cero-shot.

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Las diferencias también se reflejan en el coste y la complejidad de la maquinaria necesaria para hacer posibles estos vehículos. Los modelos de Waymo integran sensores avanzados como el LiDAR de última generación, una tecnología láser capaz de generar representaciones tridimensionales del entorno, pero cuyo sobrecoste puede rondar los 100.000 dólares por coche. Wayve, por el contrario, defiende un enfoque minimalista basado principalmente en cámaras y sensores más asequibles. Esta simplificación facilita la integración del sistema en los coches de serie de fabricantes como Nissan o Mercedes, factor clave para la escalabilidad comercial. En resumen, vende la licencia de su sistema a los gigantes del motor.

Otro elemento distintivo es la interpretación de las decisiones. Waymo opera mayoritariamente bajo reglas programadas y modelos deterministas. Wayve ha desarrollado LINGO-1, un modelo de IA capaz de verbalizar el razonamiento del vehículo. Así, el coche puede justificar acciones con frases como "Estoy frenando porque el peatón parece indeciso", por ejemplo. Un avance que podría mejorar la confianza de los usuarios, facilitar el diagnóstico de incidentes y contribuir a los procesos de validación reguladora.

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¿También en catalán?

Más allá de la seguridad, emerge otra cuestión: la lengua. El modelo LINGO-1 permite interactuar con el vehículo. Aunque el entrenamiento inicial se realiza en inglés, estos sistemas se basan en arquitecturas multilingües. Técnicamente no existen impedimentos para que, en un futuro próximo, el viajero pueda comunicarse con el coche en su misma lengua, también en catalán. La incorporación de esta función a la flota que circule por Londres dependerá, en gran medida, de la decisión de Uber de activar los paquetes lingüísticos en un mercado tan globalizado como el de la capital del Reino Unido.

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Por otro lado, el impacto en el mercado laboral es otra de las grandes incógnitas de la conducción autónoma. Cerca de un millón de personas en Reino Unido –el 3% de la fuerza laboral– se ganan la vida conduciendo. Uber se encuentra en una paradoja: la plataforma que generó miles de empleos financia ahora la tecnología que podría reducirlos.

Mientras tanto, en ciudades como San Francisco o Pekín, los robotaxis ya forman parte del paisaje urbano. Cuando se completen las últimas pruebas después del verano, Londres se prepara para entrar en su año cero en el 2027. ¿Tiene el viaje hacia una ciudad sin conductores marcha atrás?