Todos los usos de una cuerda
Hilados Donado abastece de redes a los pescadores de todo el litoral catalán
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Cuando Toni Donado se hizo cargo de Hilados Donado, la empresa que había fundado su padre, todavía había ciento cincuenta barcas de pescadores en la Barceloneta. Hoy quedan entre veinte y treinta. Eso era el año 1989 y el barrio ha experimentado una gran metamorfosis. Los Juegos Olímpicos le cambiaron la fisonomía de una forma radical. Se ha añadido, en los últimos tiempos, el fenómeno transformador de los pisos turísticos. Y allí en medio, Hilados Donado, continúa en pie. Junto con la joyería-relojería Cànovas y unos cuantos negocios de restauración, son los únicos resistentes del comercio tradicional en el barrio.
Toni nos recibe en su hábitat natural de siempre, rodeado de carretes de cuerdas y de redes por todas partes. Está contento de continuar con el negocio que fundó su padre, Jesús Donado, a finales de los años cuarenta, después de vivir el horror de la Guerra Civil y pasar tres años encarcelado por haber pertenecido al bando republicano. Instalarse en la Barceloneta fue la clave de todo. ¿Qué pedía un barrio pescador? Redes y cuerdas para tirar. Era un barrio que resurgía después de la destrucción de las bombas y la pesca era el presente y el futuro. Emociona imaginar cómo alguien fue testigo de aquella realidad en primera persona. Con los años el negocio se convirtió en referencial, no solo en el litoral barcelonés sino también a lo largo del litoral catalán.
Toni ayudó enseguida a su padre, primero con las facturas y el transporte y después acompañándole a los puertos a ver a los pescadores y captar nuevos clientes. Después, cuando el padre faltó, se puso al frente. Desde el delta del Ebro hasta Roses. No solo se necesitan las cuerdas para hacer redes, también para las velas, las poleas y otras necesidades inherentes a la pesca y la navegación. Y para más oficios, y tanto que sí. Para la construcción, por ejemplo, gremio con gran potencial durante los años cincuenta y sesenta. Y cuesta imaginar las empresas de mudanzas sin la ayuda de las cuerdas para subir y bajar los muebles de los pisos altos. Hoy, claro, con las plataformas y elevadores eléctricos, ya es otra cosa.
Ahora, el año 2026, Toni conserva clientes pescadores que son segunda y tercera generación familiar de fidelidad a Donado. “Con muchos somos como una familia”. ¿Otros sectores que se nutren de sus servicios? Pues el deporte, ya que en muchas disciplinas las redes son imprescindibles, tanto para las porterías o canastas como para hacer separaciones de campos o parcelar lo que convenga. La delimitación de zonas –playas, solares, propiedades privadas– requiere el uso de cuerdas. Los trapecios para el circo, las hamacas, todo tipo de objetos de decoración... ¡Y las manualidades! Cuánta gente hay que se compra un carrete pequeño de cuerda sintética para hacer pulseras, por ejemplo. Los materiales son variados. Tanto el natural, el cáñamo de toda la vida, como el sintético, la imitación del cáñamo, que dura más y huele menos. Pero también el poliéster, el nailon y el plástico. Todo dependerá del uso que se le quiera dar. De si le tiene que tocar el sol o si se tiene que mojar.
Hilados Donado da a la calle y está abierto al público, pero es más un almacén que una tienda. “Los turistas no entran a comprarse una cuerda”, bromea Toni. El tránsito de mercancía es constante: “Este carrito de cuerda hoy está aquí y mañana puede estar en Palamós o en Villanueva y Geltrú”. ¿Más usos de las cuerdas, sea cual sea su tamaño, longitud y grosor? Pues en los parques infantiles, hay que rodear las camas elásticas para que los niños no caigan, por ejemplo. O en los colegios, donde se hacen trabajos manuales con materiales naturales. Una cuerda colgada del techo y llena de nudos es un clásico para entrenar la escalada en clase de educación física, por ejemplo.
Nos vamos y Toni nos enseña una red de pescador a medio hacer. De aquí a un par de días la recogerán. Sí, todavía hay pescadores que pescan con redes hechas a mano. ¿Bonito, verdad?