El final del confinamiento comarcal llena el turismo rural de Girona y el Pirineo de Lleida

Barcelona y Costa Daurada, que dependen más del turismo internacional, no prevén recuperarse antes del verano

Girona/TarragonaCatalunya se enfrenta a la segunda Semana Santa de la pandemia prácticamente sin turismo extranjero y con el sector al límite después de un año de grandes restricciones a la movilidad, pero con la esperanza de irse recuperando en los próximos meses. Los hoteles de Barcelona y Tarragona, especialmente en las zonas de costa, dan por perdida la Semana Santa y ya tienen la mirada puesta en verano, cuando se espera que el turismo se empiece a recuperar, a pesar de que la normalidad no se espera al menos hasta 2022.

La otra cara de la moneda es el turismo rural, que encara con optimismo la Semana Santa en toda Catalunya, igual que las comarcas de Girona y el Pirineo de Lleida, que inician las vacaciones de Pascua con una ocupación elevada. El levantamiento del cierre perimetral comarcal ha disparado las reservas de última hora y ha dado aire a un sector muy castigado por la pandemia. La Semana Santa podría ser el punto de inflexión que el sector estaba esperando.

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El turismo rural en la Catalunya Central espera una ocupación del 90%, mientras que los establecimientos turísticos del Pirineo de Lleida prevén una ocupación media del 85% entre Jueves Santo y Lunes de Pascua. Los alojamientos cercanos a las pistas de esquí leridanas rozarán la plena ocupación durante los festivos.

Año “catastrófico”

La parada del turismo internacional afecta sobre todo a Barcelona y la Costa Daurada. “Ha sido un año catastrófico”, reconoce el director general del Gremio de Hoteles de Barcelona, Manel Casals. En la capital catalana siguen cerrados tres de cada cuatro hoteles, y por Semana Santa la baja ocupación de los establecimientos abiertos aumentará muy ligeramente. “Nuestra perspectiva es empezar a recuperar poco a poco el turismo de cara a verano”, apunta Casals. 

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En la costa de Barcelona, muchos hoteles continúan cerrados. Y los que están abiertos han tenido que rebajar precios. “Dependemos mucho del turismo extranjero y si no nos llega estamos perdidos”, lamenta el presidente del Gremio de Hostelería del Maresme, Jordi Noguera. En el Garraf, donde antes de la pandemia era difícil encontrar una habitación por Semana Santa, solo el 60% de los hoteles están abiertos, con una ocupación alrededor del 70% los próximos días.

Buenas perspectivas en Girona

Después de un año atípico, en las comarcas de Girona el sector turístico encara con buenas perspectivas la Semana Santa y deja atrás meses de sequía. En el Pirineo tienen más de un 90% de las plazas reservadas y en la Costa Brava oscilan entre el 60% y el 80%, a pesar de que hay muchos establecimientos que no han abierto. 

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Las casas rurales del Ripollès y la Cerdanya son, seguramente, las que harán más cajón: superan el 90% de ocupación el primer fin de semana, y tienen prácticamente lleno entre el 1 y el 5 de abril; según datos del vicepresidente de la Asociación Casas Rurales Girona - Costa Brava y Pirineu, Ferran Miquel. “En la Cerdanya y el Ripollès estuvieron desde antes de Navidades y la semana pasada sin poder trabajar; esperamos ahora poder compensarlo. Y se nota que la gente tiene ganas de salir: muchas casas se llenaron el mismo lunes que se permitió la movilidad entre comarcas”, indica Miquel. 

En cuanto a los hoteles, la Federación de Hostelería de las comarcas de Girona concreta que tienen entre el 80% y el 95% de las habitaciones reservadas en los hoteles de las poblaciones de montaña, pero en Girona ciudad y cercanías baja hasta el 66%. Y en el litoral hay mucha diferencia según la zona: en el Alt Empordà y la Costa Brava Centro tienen entre el 60% y el 80% de las plazas reservadas, mientras que en los establecimientos del sur las ocupaciones son muy “inciertas y testimoniales –según la Federación– puesto que necesitan de la llegada de turistas provenientes otros países”. De hecho, la entidad calcula que al sur de la Costa Brava solo habrá un 10% de los hoteles en funcionamiento. Un dato que contrasta con el Alt Empordà, donde abrirán al 100%. 

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Costa Daurada, bajo mínimos

Costa Daurada, el núcleo duro turístico de Tarragona con sus 157.254 plazas de un total de 171.640, encara la Semana Santa sin Port Aventura, sin los grandes acontecimientos deportivos –en 2019 supusieron más de 30.000 visitantes– y sin el bastión del fiel turista estatal, sobre todo del País Vasco, Navarra y Aragón. Todo queda, pues, en manos del mercado catalán y, como siempre, de si hace buen tiempo. “Ya es un principio: el año pasado fue cero”, dice un esperanzado Jaume Orteu, presidente de la Asociación Hotelera Salou-Cambrils-la Pineda.

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El organismo concentra el 75% de las plazas hoteleras. Cerca de la mitad están cerrados desde octubre de 2019 y así seguirán por Semana Santa. A lo sumo, abrirán un 15%. En cambio, abrirán un 80% de los 54 campings, a pesar de que los más grandes continuarán cerrados o abrirán solo parte de las instalaciones. Por su parte, los apartamentos estarán disponibles al 50%, con unas 2.500 plazas disponibles, según los datos de la Federación Empresarial de Hostelería y Turismo de la provincia de Tarragona (FEHT).

La presidenta de la FEHT, Berta Cabré, prevé que la ocupación será de entre el 30% y el 60% en la costa, pero que en el interior y en las Terres de l'Ebre el tenedor se puede elevar entre el 60% y el 85% porque son establecimientos con menos capacidad. La Semana Santa, cuando menos, es un arranque, por floja que sea, hacia la reanudación de la actividad de un sector que supone el 25,7% del PIB y que dejó de facturar 4.500 millones de euros el año pasado.