Hay que cambiar de mentalidad para conducir un eléctrico

Aunque os pille una tormenta de verano, no tenéis que tener miedo de electrocutaros. Ni hace falta conducir con suelas de goma, o con los guantes de lavar platos. Los vehículos eléctricos -coches y motos- son tan seguros como los propulsados por un motor térmico, de combustión, de los de toda la vida. Ahora bien: para pasar del uno al otro tendréis que hacer un pequeño cambio, no de chip (que ahora no hay), pero sí de mentalidad.

Si alguna vez habéis tenido que llevar gafas progresivas, entenderéis por qué el proceso para adaptarse es parecido. Al principio es un poco molesto, pero después te acabas acostumbrando, de una manera natural que no pide mucho tiempo. Esto no es como jugar sin Messi. Conducir un vehículo sostenible requiere el mismo nivel de atención que conducir uno más contaminante; ni más, ni menos. Es desplazarse con un objeto pesante que se mueve a una determinada velocidad y que, por lo tanto, está sujeto a las leyes de la física y la dinámica.

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La primera asignatura que hay que superar es el miedo a quedarse sin energía. Los eléctricos mejoran día a día; la tecnología de los cargadores y las baterías, también. Encontrar autonomías de más de 400 km, o motos que hacen más de 100 con una sola carga ya no es excepcional... si conducimos según las normas. Haced números: analizad cuántos kilómetros tienen vuestros desplazamientos; llegaréis a la conclusión que tenéis suficiente batería para cubrirlos, incluso sin planificar la operación de recarga con más estrategia que la del desembarco de Normandía. No os angustiéis innecesariamente... A pesar de que podría ser que las primeras veces hagáis el tonto.

A menudo se ha dicho que los eléctricos son aburridos. No os lo creáis. Cuando los probéis veréis que tienen una aceleración fulgurante, superior a la que estáis acostumbrados. Y esto puede ser incluso malo si no estamos acostumbrados. Cuando sean más populares, al principio habrá algunos accidentes (leves) porque esta aceleración sorprenderá hasta que le pillemos la práctica todos juntos.

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Anticiparse para frenar

Todo lo que corre tiene que pararse en un momento u otro. Y esto ya es más complicado. Las baterías que llevan pesan, y mucho. Esto obliga a anticiparnos a la inercia de esta masa en movimiento. Los frenos son suficientes, pero tienen un tacto diferente que, de entrada, nos parecerá demasiado esponjoso. Tomáoslo con calma en los primeros kilómetros, y recordad que en muchos casos estos frenazos que recuperan energía son la opción para incrementar la autonomía unos kilómetros más.

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Y una confesión: nunca me he acostumbrado a las progresivas. A la suavidad, ausencia de vibraciones y silencio de los eléctricos, sí.